Actualizado: 24/06/2022 11:47
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Rusia

Un muerto muy vivo (II)

La KGB ayer y hoy: El sentimiento de inferioridad y el resurgimiento de los servicios secretos de la antigua URSS.

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Los chekistas emergieron del colapso soviético con una gran ventaja sobre los ciudadanos ordinarios e, incluso, sobre la nomenklatura. Ellos tenían bancos de información a su disposición y conexiones por toda la URSS y alrededor del mundo. Conocían mejor que nadie cómo operar en el contexto político y en los negocios en Occidente. Además, aunque estaban gobernados por la nueva legislación, ellos eran también la ley.

Según la tesis de otro sovietólogo, el ruso Viktor Yasmann, "mientras bajo los comunistas sus órganos eran controlados estrictamente, ahora los chekistas tenían su propia vida, sin tener que rendir cuentas, y relativamente unificados, como una fraternidad cerrada". Por eso les fue fácil luchar para llenar el vacío que quedó en Rusia cuando la Unión Soviética estalló en mil pedazos.

Yasmann asegura que la KGB pudo organizar y manipular el proceso electoral. Celebró cursos de entrenamiento para sus candidatos favoritos y los proveyó con información política y económica privilegiada sobre sus rivales.

Abiertamente, 2.756 oficiales de la KGB se postularon para los cargos federales, regionales y locales del parlamento a lo largo y ancho de la antigua URSS. El 86% ganó en la primera vuelta. En la Federación Rusa, ganaron en la primera vuelta el 57% de los 630 oficiales abiertos de la KGB que se postularon. Muchos de ellos ocuparon prominentes posiciones en el Soviet Supremo Federal. Estas figuras no incluían a los agentes de la KGB encubiertos, ciudadanos agentes y otros colaboradores a nivel individual, cuyo número se desconoce.

Los chekistas también dominaron los negocios más florecientes en Rusia. Según un informe de la seguridad rusa actual, sus oficiales están involucrados en el 80% de todas las joint ventures. Mantienen posiciones importantes en la bolsa de acciones y valores de Rusia, así como en las empresas mercantiles y en las principales instituciones financieras.

Waller estima que en el rudo mundo de los negocios en Rusia, donde pocos contratos tienen una base legal, emplear a chekistas tiene sus ventajas. Los órganos también encontraron ventajoso para sus oficiales ir directamente a los negocios. La gigante financiera y de construcción Most empleó a más de 800 ex agentes de la KGB. Su departamento analítico (60 personas) está compuesto por personal de la KGB.

La revolución de la mafia

Figuras del crimen organizado se convirtieron en personajes tan poderosos en Rusia, que compartieron los mismos círculos que las autoridades civiles. Otari Kvantrixhvili, un conocido gángster de Moscú que fue asesinado hace unos años, llegó a colocarse en una posición desde donde podía solucionar conflictos entre las autoridades financieras y los representantes del bajo mundo. Tenía aliados entre las autoridades, oficiales policíacos, actores, deportistas y políticos, y ayudó a crear un fondo para la policía de Moscú y sus familiares.

Según estas fuentes, los chekistas hoy en día tienen el mayor nivel de poder en Rusia. Sus deberes oficiales incluyen la inteligencia exterior y doméstica, contrainteligencia, contrainteligencia militar y policíaca, comunicaciones electrónicas, custodia de las fronteras y aduanas, investigación impositiva y su aplicación, patronazgo político y lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico.

Michael Waller y Víctor Yasmann dicen en un artículo publicado por el Journal de Justicia en Estados Unidos que las agencias y los órganos de seguridad rusos, así como los servicios de inteligencia, en vez de servir de instrumento para la lucha contra el crimen organizado y la corrupción son institucionalmente parte del problema, porque éstos están penetrados por elementos criminales y por la ausencia de una cultura legal burocrática y el uso del crimen como instrumento del Estado.

La ultraburocratización del sistema administrativo de la Federación Rusa, la falta de leyes adecuadas y su cultura sovietizada se combinaron para el surgimiento de la corrupción rampante, no sólo organizada por grupos criminales, sino desde la cúpula del poder, donde hubo personas, en tiempos de Yeltsin, que de pronto se encontraron en posesión de un vasto material humano y recursos administrativos; al tiempo que el sistema soviético colapsaba y las estructuras de mercado se desarrollaban.

En opinión de los autores, este parasitismo ya existía desde los primeros años de la URSS, cuando la policía secreta bolchevique (la Cheka) aplastó la empresa privada, se apropió de ella y confiscó la propiedad de los ciudadanos, deteniendo y matando a decenas de miles de individuos y ayudando al Partido Comunista a robar estos recursos, para el uso de la nueva élite. Cuando la Cheka se convirtió en la KGB, la organización incrementó su servicio a la corrupción sistemática de la nomenklatura del partido comunista.


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