Actualizado: 12/08/2022 22:46
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Rusia

Un muerto muy vivo (II)

La KGB ayer y hoy: El sentimiento de inferioridad y el resurgimiento de los servicios secretos de la antigua URSS.

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¿Cómo opera hoy la nueva KGB?

El analista checo Jiri Vagner dice en su libro Imperio secreto: La KGB en la Rusia de hoy, que el Servicio de Seguridad Federal (FSB) mantiene "ejércitos de agentes e informantes en universidades, fábricas, institutos de investigaciones científicas, granjas agrícolas, editoriales y oficinas de publicación y otros lugares".

Otro experto, Frank Cilluffo, consejero del Senado americano sobre el crimen organizado en Rusia, admite: "cuando las agencias oficiales americanas se mezclan en joint ventures con los oficiales de inteligencia rusos, es casi imposible saber cuándo ayudamos a un criminal…". Es más, advierte: "la KGB tiene todavía activas sus redes en todo el mundo, incluidas sus redes dormidas. Nadie sabe su extensión ni el papel que juegan en la mafia o si trabajan para el Estado ruso".

Vagner dice estar seguro que más del 80 por ciento de esas joint ventures están infiltradas o controladas por la KGB.

En el libro de Stephen Handelman, Camarada criminal: la nueva mafia rusa, se afirma que la KGB goza de una posición especial en los nexos entre el mercado negro y la oficialidad, y añade: "nadie cree ni por un momento que la KGB de repente puso al descubierto a los que están fuera de la ley o que los miembros desafortunados del aparato cogidos con las manos en la masa son más culpables que la mayoría de los 'buenos camaradas'". Y precisa: "todo no es más que una campaña motivada puramente por consideraciones políticas".

Handelman agrega que después del colapso de la URSS "montones de empleados de la ex KGB se convirtieron en consejeros de los hombres de negocio en Rusia. Otros ofrecieron sus servicios a los banqueros occidentales". En 1995, el ex vicepresidente de Lituania Algirdas Katkus denunció: "la mafia rusa está organizada, personificada y controlada por la KGB".

¿Sucesora de la KGB en el poder?

Los expertos estiman que la KGB no se ha ido y que su descendiente, la FSB, ejerce un poder inmenso en la ex Unión Soviética. La prueba fue el ascenso del presidente Vladimir Putin, ex agente de la KGB y ex director de la FSB.

Konstantin Preobrazhensky, ex oficial de la KGB y fuerte crítico de su sucesora, dijo a Encuentro en la Red que "de cierta manera los servicios secretos tienen ahora más influencia que durante la URSS". Él no se cree "el cuento" de que la KGB se desmanteló y recuerda que el actual director de la FBS, Nikolai Patrushev, autorizó a retomar la práctica estalinista de iniciar investigaciones a partir de pistas anónimas, una medida que Mikhail Gorbachev prohibió en 1988.

La FSB también colocó a la prensa bajo férrea censura durante la guerra en Chechenia y, más recientemente, ha ido poniendo a los medios informativos bajo su control. Paralelamente, dio luz verde al espionaje ligando sus oficinas con los servidores de internet, una movida que preocupa no sólo a los activistas de derechos humanos, sino también a los hombres de negocio que entran al mercado ruso.

El FSB también ha tomado medidas contradictorias sobre supuestos casos de espionaje, empleando evidencias dudosas y leyes que potencialmente sirven para incriminar a cualquiera. Un ejemplo fue el caso del investigador en control armamentista Igor Sutyagin, quien fue acusado de espionaje a pesar de que obtuvo su información sólo de fuentes abiertas.

Las teorías varían sobre por qué el Kremlin está fortaleciendo los poderes de la agencia, incluso si Rusia trata de promoverse como un país que es cada vez más democrático y seguro para los inversionistas. Algunos argumentan que Putin y otras ex figuras de la KGB en el gobierno, como el ministro de Defensa, Sergei Ivanov, están marcados por su profesión.

"Así fue entrenado (Putin) y sería muy difícil para él y para sus colegas cambiar", asegura Preobrazhensky, quien estima que el resurgimiento de los servicios secretos refleja el sentimiento de inferioridad que ha prevalecido en Rusia durante los pasados 10 años. "Si el FSB ve espías debajo de la cama, eso ayuda al país a sentirse importante".


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