Actualizado: 26/05/2023 23:09
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Política

El pacto entre reformistas y demócratas

La clave para una transición pacífica en Cuba tras la muerte de Fidel Castro.

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La clave del cambio político la tienen los reformistas hasta ahora silenciados por la autocracia fidelista. Todos esos millares de funcionarios medios y altos, civiles y militares, incardinados en todas las instituciones y organismos del Estado, que saben que es una absoluta estupidez intentar sostener por la fuerza un modelo de convivencia social secretamente repudiado por el pueblo, que ha fracasado totalmente, y que mantiene a la población en la miseria y el atraso.

Muerto Fidel Castro, esos reformistas tendrán que dar un paso al frente en la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la CTC, en el Partido Comunista y en los demás órganos de poder existentes en el país, demandando un gran debate nacional abierto y transparente, en el que debe participar la oposición democrática interna y externa. A partir de ese momento, impulsados por una primera y enérgica bocanada de libertad, comenzará la transición.

¿Por qué los reformistas harían una cosa así?

Primero, porque no ignoran que la dictadura cubana se ha convertido en un gobierno profundamente impopular que se mantiene en el poder por medio de la represión y el miedo. A ninguna persona psicológicamente sana le gusta formar parte de una pandilla de abusadores. Segundo, porque los reformistas, tras medio siglo de experiencia, ya aprendieron que el colectivismo autoritario es la receta infalible para vivir en medio de la miseria, el desabastecimiento y la falta de esperanzas.

Todos los funcionarios cubanos tienen mujeres e hijos, o maridos y hermanos, o padres y madres que les dicen las verdades. Todos, en la intimidad del hogar, escuchan una y otra vez que la vida cotidiana en Cuba es un infierno de violencia y escasez, de carencias e incomodidades arbitrariamente impuestas por una burocracia minuciosamente incompetente. Y todos aceptan que la razón final de ese desastre está en un sistema que no funciona porque es contrario a la naturaleza humana y no por la torpeza coyuntural de los administradores: no ha funcionado en ninguna parte.

En todo caso, si el aparato civil sobre el que se asienta el Estado cubano no es capaz de iniciar la transición, entonces lo predecible es que ésta provenga de los cuarteles espoleada por las protestas generalizadas. Cualquier oficial cubano de las Fuerzas Armadas que posea un mínimo de capacidad analítica, es capaz de percibir que, muerto Fidel Castro, y dada la profunda insatisfacción que anida en la población cubana, los militares que depongan a un gobierno inmovilista empeñado en mantener el status quo, van a ser recibido con vítores y aplausos generales, como ocurrió en Portugal en 1974 durante la llamada "Revolución de los claveles".

¿Por qué un militar o un grupo de militares con mando harían algo así? Porque muchos de esos oficiales sienten que no eligieron la carrera de las armas para proteger a un Estado fallido e injusto. Porque no juraron defender la patria apaleando disidentes, acosando a indefensas "Damas de blanco", y manteniendo las cárceles repletas de personas inocentes condenadas por escribir artículos críticos, prestar libros guardados en bibliotecas independientes o recabar firmas para pedir un referéndum. Porque cuando se jura la bandera es para servir heroicamente y no para formar parte de una casta de odiados opresores.

Lo que nadie en sus cabales debe pensar es que, muerto Fidel Castro, el régimen se prolongará indefinidamente. Poco después del Comandante, la dictadura será también sepultada.