Actualizado: 26/11/2022 10:59
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Política

El pacto entre reformistas y demócratas

La clave para una transición pacífica en Cuba tras la muerte de Fidel Castro.

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Aparece Hugo Chávez

Es en este contexto en el que, con el respaldo de Castro y la ceguera del pueblo venezolano, en 1998 es elegido Hugo Chávez en Venezuela y surge en la región el primer aliado del gobierno cubano desde la desaparición del sandinismo en 1990. A partir de ese momento, el monto de la ayuda a la isla vecina fue en aumento en la medida en que Chávez pudo ir desmantelando las limitaciones legales que heredaba de la república "burguesa". Cuba, dijo el teniente coronel, estaba ubicada en un "mar de la felicidad" hacia el que navegaban los venezolanos.

Los vínculos personales que establecen ambos mandatarios se potencian exponencialmente tras el fallido y fugaz golpe de abril de 2002. Tras ese dramático momento, en el que el gobierno cubano juega un papel muy destacado para que Chávez recupere el poder, el teniente coronel venezolano coloca la seguridad de su régimen y la dirección estratégica del bolivarismo en las experimentadas manos de la DGI cubana y de Fidel Castro.

Es entonces cuando se multiplica el subsidio a Cuba, con una cantidad de petróleo cercana a los cien mil barriles diarios, de los cuales la Isla vende una parte en el mercado internacional, disponiendo de unos ingresos sustanciales difíciles de cuantificar, pero suficientes para poder despreciar públicamente la ayuda europea y cancelar algunas de las tímidas reformas emprendidas en los años noventa.

Se vuelve a ilegalizar la tenencia de dólares (que deberán ser cambiados por pesos convertibles popularmente llamados chavitos), se despide del país a muchos empresarios extranjeros pequeños y medianos, y se presiona a los trabajadores por cuenta propia para que abandonen sus actividades. En definitiva, Castro, eufórico, como en tiempos de la URSS, ya tiene un aliado dispuesto a costear su improductivo colectivismo.

Pero es en el terreno político e ideológico donde la alianza Castro-Chávez produce sus resultados más sustanciales y preocupantes. En la medida en que estos dos personajes, ambos teñidos y hermanados por el mesianismo y el narcisismo, fortalecen sus lazos personales y políticos, van generando una cierta visión ideológica que acaba por convertirse en una doctrina de lucha.

Esta simbiosis, finalmente, deviene una explicación histórica que se transforma en profecía, tal como suele ocurrir dentro de la tradición marxista. La tesis fue desplegada por el canciller cubano Felipe Pérez Roque en un discurso pronunciado en Caracas, en diciembre de 2005. En ese revelador texto Pérez Roque anuncia que:

-El mundo se ha recuperado del hundimiento del comunismo soviético ocurrido a partir de la Perestroika. Vuelve, pues, a ser razonable la aspiración a construir un modelo socialista planetario.

-Como consecuencia del desastre y la traición del comunismo europeo, el corazón, el cerebro y el músculo para llevar a cabo esa tarea y enterrar al imperialismo yanqui se trasladan a América Latina.

-Dentro de América Latina, el eje Cuba-Venezuela tiene la responsabilidad de llevar adelante esa enorme aventura.

-Eso quiere decir que Castro-Chávez forman la pareja encargada de liderar la revolución planetaria, aunque, por su edad, la hazaña final le corresponderá al venezolano. Castro se ve a si mismo como el fundador de un radiante mundo futuro —a la altura de Lenin y Mao— y unge como su sucesor al locuaz mecenas venezolano dispuesto a financiar la gloriosa utopía.