Actualizado: 18/07/2019 14:23
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Por una izquierda anticastrista

El actual rumbo latinoamericano: ¿Ideología o alternativa hacia el desarrollo?

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Se apresuraron los enterradores de turno. La izquierda ha renacido con bríos en América latina. En este año que concluye, sus triunfos políticos han cambiado por completo el panorama de la región. No basta con señalar una victoria aquí, un acuerdo en otra parte y una conquista por otro lado. Tampoco se trata de la vuelta de un pensamiento —mejor sería decir una ideología— superado históricamente.

Lo que se extiende cada vez con mayor fuerza es una alternativa para lograr el desarrollo y el bienestar social —contraria al concepto de un mundo unipolar heredado tras el fin de la Guerra Fría— que hasta hace poco se consideraba agotada. El neoliberalismo padece de envejecimiento prematuro, mientras que la justicia social goza de la segunda juventud que le habían negado quienes consideran que la creación ilimitada de riqueza es la única idea con futuro.

Por supuesto que lo que gana terreno no es el concepto tradicional de la lucha de clases en blanco y negro, en que los desposeídos se lanzan a perder las cadenas y los ricos están condenados por la "locomotora de la Historia". La izquierda que ha renacido —o se ha reformado— es menos altisonante y melodramática.

En sus mejores manifestaciones rehuye una militancia grandilocuente y la beligerancia radical, sin dejar de ser combativa. Ya ha sido catalogada de "nueva izquierda", "izquierda renovada", "izquierda democrática" e "izquierda de nuevo tipo", pero cualquier adjetivo que se le agregue, no puede prescindir de un nombre que pocos años atrás muchos consideraban obsoleto.

Lo mejor de este cambio hemisférico es que vuelve no gracias a una invención partidista, sino como resultado de una situación inaplazable. Le debe su auge al fracaso neoliberal, la injusticia y la pobreza imperante. Nadie formuló una teoría. Unos cuantos están empeñados en intentar soluciones del momento y no en empeñar el presente prometiendo un futuro inalcanzable, como hicieron comunistas y neoliberales.

Popper sí; Marx no

Así formulada, esta izquierda está más cercana al concepto de ingeniería social del neoliberal Karl Popper que del pensamiento totalitario de Marx y Lenin, lo que sin duda es una de sus mayores virtudes. Una izquierda dada al debate y al diálogo, alejada de la persecución y la intransigencia, que busca la inclusión y reniegue de las capillas que empañaron su ejecutoria pasada.

Como fuerza política, debe sufrir los saludables altibajos que matizan la acción y los resultados de cualquier movimiento democrático. No hay que aspirar a un reinado izquierdista, es suficiente con lograr que no se imponga la hegemonía neoliberal.

Saludar el auge de la izquierda en la región no significa apoyar en su totalidad a un conjunto de manifestaciones diversas y en ocasiones divergentes, que van del populismo al castrismo, con la figura del presidente venezolano Hugo Chávez aumentando en influencia regional.


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