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México

Al parecer, Calderón

La votación puso de manifiesto que México está dividido en dos proyectos políticos. El problema ahora es de gobernabilidad.

El Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) del Instituto Federal Electoral (IFE) dio la noche del lunes una ventaja de menos de un 1% al candidato centrista del gobernante Partido de Acción Nacional (PAN) Felipe Calderón Hinojosa (36,38%) sobre el centroizquierdista Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de la Coalición por el Bien de Todos (PRD 35,54%).

La reducida diferencia explica que el ambiente de tensión se prolongara hasta que el candidato perdedor del PRI, Roberto Madrazo, reconoció su derrota con el 21,57% de los votos. Con ello, el perredismo se quedó solo en la impugnación del proceso electoral.

El resultado final se conocerá luego del conteo casilla por casilla, que la autoridad electoral iniciará este miércoles, el cual no será muy distinto del dado a conocer con las cifras provisionales.

Los datos de las elecciones legislativas, que no fueron controvertidos, otorgaron un 34% de los sufragios a los abanderados del PAN y un 29% al PRD, dejando en un 27% a la Alianza por México (PRI, Partido Verde Ecologista), recogidos en 30.500 centros de votación.

Entre posiciones antagónicas

Preocupa ahora que los dos principales partidos con posturas enfrentadas recojan juntos el 72% de la votación presidencial. Esto revela un electorado muy escindido entre dos posiciones antagónicas: el PAN representando el neoliberalismo, la globalización y la subordinación ante Estados Unidos, frente a un conglomerado (PRD) partidario del populismo, los subsidios y una política nacionalista proclive a las medidas igualitarias.

La elección hizo patente con toda claridad la polarización provocada, más que por los políticos, por un Tratado de Libre Comercio aplicado desde 1994 a rajatabla, una apertura de fronteras que favoreció a las pocas empresas con vocación exportadora y liquidó a miles de pequeños negocios que formaban la cadena productiva. El desempleo resultante se reflejó en un intenso asedio a la frontera con Estados Unidos por cientos de miles de mexicanos que huyen en busca de trabajo, y que ahora son rechazados vigorosamente por las políticas anti-inmigrantes norteamericanas.

Otro prisma del fenómeno radica en el ensanchamiento de las franjas de miseria que se enquistaron en el campo y en todas las ciudades. En estas el tejido social se debilitó por el peso del narcomenudeo, el narcotráfico, la piratería y el comercio informal, el crimen organizado, la violencia intrafamiliar, la prostitución infantil, el tráfico de órganos y otros fenómenos que se han convertido en vivencias cercanas para muchos habitantes.

La votación puso de manifiesto que México está dividido en dos segmentos y en dos proyectos políticos, claramente visibles en los resultados que favorecieron al PAN y al PRD.

La gobernabilidad en vilo

Habrá escollos para lograr la gobernabilidad: el 34% de los sufragios panistas frente al 29% de los perredistas, en la Cámara de Diputados, no bastarán para adoptar decisiones fundamentales. Son insuficientes para aprobar las reformas internas relativas a la política fiscal, el presupuesto de egresos, la aceptación de inversiones extranjeras en sectores estratégicos como el de los energéticos, las telecomunicaciones y los transportes federales, entre otros.

Esta división otorgará un peso mayúsculo primero a las agencias de cabildeo que funcionan por medio del soborno y, simultáneamente, a las minorías representadas por el PRI y el Partido Verde Ecologista y los partidos más pequeños, que formarán una capa gelatinosa e inestable caracterizada por un sufragio volátil y coyuntural.

Para construir la Alianza por México, el PRI cedió a los Verdes un número desproporcionado de candidaturas, lo que le restará presencia en el Congreso y, por otra parte, al sumarse al PAN extravió su identidad.

Durante los últimos meses, las fracciones priístas en ambas Cámaras —sin explicación alguna— votaron a favor de los privilegios que el presidente Fox otorgó a los principales concesionarios de radio y televisión, que dejaron el futuro de la industria a su arbitrio. Esta sumisión hace difícil definir si sigue habiendo entre las dos formaciones políticas diferencias sustantivas.

El panorama para el PRI es sombrío. Reducido a una minoría, sigue siendo un bastión rentable para sus 17 gobernadores, para los capos que pueden vender votos ante las corporaciones nacionales y extranjeras, y aun para los segmentos populares que permanezcan en sus filas. Su futuro depende de que restablezca algún perfil propio que lo haga distinguible ante la sociedad.

La izquierda y la derecha difieren en materia de política exterior. Durante las campañas, todos los partidos eludieron el tema, que estuvo prácticamente fuera del debate; pero trascurridos los comicios, no hay razón para mantenerlo oculto.

También en este espacio existen dos México claramente definidos: Los partidarios de mantener una actitud de respeto con los compromisos derivados del TLC contra los que pugnarán por revisar el tratado reivindicando a los productores agrícolas amenazados por los capítulos que entrarán en vigor en los próximos dos años; así como el del autotransporte de carga y de pasajeros, que hasta ahora ha sido letra muerta.

Hasta hoy, lo que hay en México es una disputa electoral, una discordia por el número de votos en las urnas que, eventualmente, podría insertarse en el debate mayor por la revisión del neoliberalismo, la ubicación del país en el contexto latinoamericano y una realimentación de las luchas de los inmigrantes.

Hacia la aceptación de resultados

Los partidos disponen de un amplio repertorio de recursos legales para zanjar sus diferencias y existe un Tribunal Electoral cuyas decisiones son inapelables; pero la izquierda tiene además un arsenal de grupos belicosos habituados a las luchas callejeras. En el PRD subsiste la tentación de convocar a estos aliados lastimados por el TLC y las políticas neoliberales.

Tienen presente que en los comicios de 1988 el candidato de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, dijo que le habían robado la elección, pero no hizo nada más. Hoy, López Obrador puede compartir ese sentimiento y la duda que surge es si será tan prudente como su antiguo correligionario.

A partir de ahora se darán a conocer las impugnaciones y habría que ver si tienen el peso legal suficiente para objetar el proceso electoral y alterar sus resultados. La incógnita mayor es si AMLO y sus partidarios, que creyeron tener el triunfo asegurado, aceptarán un veredicto que les sea adverso.

Tienen dos sopas: Si emprenden el camino de las algaradas, se quedarán solos y frente a una elección legitimada; pero más les vale asimilar el golpe, porque mantienen el gobierno de la capital de la República y han conquistado bastiones electorales como el populoso Estado de México y un tercio sobrado del Poder Legislativo. Una tajada considerable de poder que puede incrementarse por el sendero democrático.

© cubaencuentro

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