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Colombia

Difícil intercambio

El cambio de táctica de Uribe. Opiniones a favor y en contra de canjear secuestrados por efectivos de las FARC presos.

Después de dos reuniones de la OEA (Organización de Estados Americanos) —una de presidentes y otra de cancilleres—, las resonancias del ataque de Colombia a un comando de las FARC en territorio ecuatoriano comienzan a ceder su lugar en las primeras planas latinoamericanas.

En aquel ataque, como se sabe, murió el terrorista de alias "Raúl Reyes", segundo al mando en el grupo armado, junto a otras 25 personas, varias de distintas nacionalidades.

El suceso que desplaza al ya célebre ataque y las espectaculares reuniones de la OEA, provoca expectativas, reparos y esperanzas casi a partes iguales.

Nos referimos al reciente decreto del presidente colombiano, Álvaro Uribe, mediante el cual pretende intercambiar secuestrados por efectivos de las FARC en las prisiones colombianas.

Presiones desde distintas geografías sobre el grave estado de salud de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, ayudaron sin duda a un cambio de táctica por parte del mandatario.

Para Luis Carlos Restrepo, Alto Comisionado para la Paz en Colombia, "la liberación de los secuestrados es el único requisito" que antepone Uribe para el intercambio. Con la primera liberación por las FARC se consideraría iniciado el proceso de canje.

El decreto obliga al Palacio de Nariño a solicitar a las autoridades judiciales la suspensión de las condenas, según la cifra que se haya acordado. Para facilitar las cosas, Francia se brindó para acoger a excarcelados.

Los reparos

Como sucede con la mayoría de los familiares de los secuestrados, Lorenzo Delloye, hijo de Ingrid, afirmó que los últimos eventos lo mantienen entre la esperanza de ver libre a su madre y la desconfianza que le genera el gobierno de Uribe.

Sectores de la izquierda ortodoxa latinoamericana califican de "repentina" la decisión de Uribe, y se preguntan si la misma responde a la necesidad de liberarse de responsabilidades si llegara a morir alguna de las personas en cautiverio.

La actitud del presidente colombiano, cuyo padre fue asesinado por la guerrilla, ha ido acompañada del lógico recelo para que no le suceda lo que al ex mandatario Andrés Pastrana, de quien se dice fue engañado por los terroristas.

Recuérdese que a finales de 2004, luego que Uribe liberara unilateralmente a 23 reclusos de las FARC desvinculados de crímenes masivos, la guerrilla no reciprocó el gesto y guardó silencio. Pero el oficialismo tampoco está aquí libre de pecado. La guerra, en fin, como dijo Sun Tzú, está basada en el engaño.

Si es cierto que el proceso en la OEA echó sobre Venezuela y Ecuador suspicacias de relacionarse con las FARC, lo que acarreó el compromiso de combatir el terrorismo, también lo es que un clima de triunfalismo se encaramó en la sensibilidad popular colombiana, y la posible derrota militar de la guerrilla empujó hasta el 80% la popularidad de Uribe. Sin duda, el graduado de Harvard enfrenta sus riesgos.

Por otro lado, el decreto recolocó a Bogotá como protagonista de la liberación y pone límite a "gestiones extragubernamentales para viabilizar el acuerdo humanitario", que no contaban con un mínimo control de las autoridades colombianas, dice un editorial de la edición digital de El Nuevo Siglo.

Un opositor sobresaliente a la propuesta de Uribe es Javier Hernández, delegado en Colombia de la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, quien advirtió al Palacio Nariño de no otorgar beneficios a integrantes de grupos armados ilegales procesados o condenados por crímenes de lesa humanidad o de guerra, lo cual "puede ser equiparado a amnistías e indultos", y esto, añadió, "no está permitido por el derecho internacional".

En pro del intercambio

Varios gobiernos en la región coincidieron con Uribe, entre ellos Argentina, cuyo canciller, Jorge Taiana, consideró la fórmula de "paso adelante para alcanzar la liberación de los rehenes, entre ellos Ingrid".

Desde Lima, el primer ministro Jorge del Castillo sostuvo que las acciones de Colombia merecen el respaldo y, "sin duda, si son de orden humanitario".

Por su parte, la representación de la Federación Internacional de Comités por la Liberación de Ingrid celebró la decisión, que definió de "tardía, pero positiva".

Las opiniones anteriores se manifestaron a pesar de la ratificación de Uribe de no ceder al llamado "despeje" —garantizar territorios a las FARC sin amenaza militar—, y abogar por "una zona de encuentro" y discutir allí.

Otra postura del jefe del ejecutivo apunta a la prohibición de que los excarcelados vuelvan a las filas de la entidad armada. Con todas, por supuesto, discrepan las FARC.

Figura principal entre los que aplauden el decreto del Palacio de Nariño es el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, quien en un comunicado señaló que "un intercambio completo podría ser la llave que abra el paso a una verdadera negociación política para alcanzar la paz".

Insulza solicitó "un mínimo de humanidad" a la guerrilla "para proceder a su liberación inmediata e incondicional".

El círculo vicioso

A pesar de que el énfasis mayor se pone en la liberación de las figuras más reconocidas y en el delicado estado de salud de Ingrid, las FARC mantienen en cautiverio a cerca de 700 personas, la mayoría secuestradas con fines de extorsión.

Los obstáculos, sin embargo, son una legión en torno al decreto de canje. ¿Qué harían los paramilitares encarcelados —en particular, sus aliados en libertad— al ver que gente culpable de delitos atroces salen de la cárcel?

¿Cuál será la reacción de una faja de población nada estrecha si la guerrilla aceptara y por consiguiente se instalara como un negociador —algo muy próximo a la legitimidad—, y tomara el tan necesario oxígeno luego de los golpes que recibió este mes, además de continuar en el primer plano de la atención internacional?

Pero más allá del fajo de problemas e hipótesis instaladas por la prensa, hasta ahora la organización armada no ha emitido criterio alguno sobre la oferta.

La agencia Anncol, que suele reproducir la opinión de las FARC, calificó de "mañosa" la propuesta del mandatario y advirtió que Uribe "va a matar a Ingrid" Betancourt.

En verdad, esta parece más una frase circense que la negativa de las FARC, ensimismada en un sospechoso silencio.

Una pregunta nimba muchas cabezas dentro y fuera de Colombia: ¿Cuál es la situación intestina de las FARC luego de las victorias del ejército colombiano? Pero especialmente, ¿cuál es su situación tras la muerte de Reyes, seguida por el asesinato de otro miembro del secretariado, Iván Rojas, a manos de un subordinado que ganó, junto a otros tres cómplices, una elevada recompensa del gobierno?

© cubaencuentro

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