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Polonia

Homofobia institucional

Los gemelos Kaczynski desatan la alarma europea por la violación de los derechos humanos de las minorías sexuales.

Importantes sectores del ultranacionalismo católico representados en los partidos que integran el actual gobierno polaco están pasando de la retórica a la práctica en temas tan controvertidos como la homosexualidad y el aborto, para no hablar del antieuropeísmo y las consignas populistas, afirman expertos en política centroeuropea.

Este debate, que divide abiertamente a la opinión pública polaca, alcanzó hace pocos días el Parlamento (Sejm), cuando el ultraconservador y euroescéptico vicepremier y ministro de Educación, Roman Giertych, admitió que prepara una ley "para castigar las conductas homosexuales de los profesores que promuevan el homosexualismo".

Su subalterno, el viceministro de Educación, Marek Orzechowski, amplió la idea a la prensa: "Quienes reconozcan su homosexualidad no podrán ejercer de maestros", y precisó a la radio privada TOK-FM que "las personas gay y lesbianas no podrán trabajar con los niños en las escuelas polacas". Orzechowski exhortó a los gobiernos europeos a prohibir totalmente "el aborto y la propaganda homosexual".

La ola de protestas no se hizo esperar, no sólo en Polonia sino desde Bruselas y organizaciones defensoras de los derechos humanos. El vicepresidente del Sejm, el parlamentario liberal Bronislaw Komorowski, declaró: "Estas medidas son inaceptables: ¿Cómo pueden perder los maestros el derecho a trabajar en las escuelas por ser homosexuales?".

Alarma en Los Veintisiete

La alarma llegó hasta el cuartel general de la UE en Bruselas, donde el Parlamento Europeo ordenó al Comité para las Libertades Civiles abrir una investigación sobre dos principios: si una ley escrita en Polonia en esos términos sería compatible con las normas europeas contra la discriminación, y si viola las normas de libertad de expresión en Europa.

La diputada europea Kathalijne Buitenweb calificó la posible ley como "preocupante".

"Esta discusión sobre conductas homosexuales nos causa dudas acerca del respeto a los derechos fundamentales en Polonia", dijo.

Otras críticas llegaron desde la organización Human Rights Watch (HRW), que emitió un comunicado en el que precisa: "Una tal ley violaría la libertad de expresión e impediría el libre acceso a la información de los niños polacos", arriesgándolos, a través de la ignorancia, a enfermedades como el sida. Y agrega: "Las escuelas deben educar con tolerancia y no ser bastiones de represión y discriminación".

HRW acusó al partido Liga de la Familia Polaca, al que pertenece el ministro de Educación y vicepremier Giertych, de practicar además "tendencias antisemitas", y recordó que el padre del ministro publicó hace poco un libro donde trata de demostrar que los judíos son biológicamente diferentes y por eso han creado sus propios guetos.

El debate se caldeó más cuando, unos días después, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo condenó al gobierno polaco a pagar 14.000 euros de costas legales y 25.000 euros de compensación a Alicia Tísyac, quien perdió la visión después que un médico le negara el derecho a abortar.

Tísyac, madre de tres niños, quedó embarazada y tres oftalmólogos certificaron que si llevaba el embarazo a término quedaría ciega, pero los ginecólogos polacos le negaron el aborto. Cuando presentó su demanda en las cortes polacas perdió el juicio, "porque los jueces no encontraron vínculo entre la decisión del ginecólogo y su ceguera".

La sexóloga polaca Wanda Ponikowska comentó a Encuentro en la Red que "la ley polaca sólo permite interrumpir el embarazo en casos de violación, incesto o cuando peligra la vida de la madre. Y aún así, muchas veces no se atreven. La ley castiga al galeno que incumpla estas directivas con dos años de cárcel". Ponikowska comentó que también está prohibido el uso de algunos anticonceptivos y la esterilización.

Por su parte, la Liga de la Familia Polaca, que integra la actual coalición conservadora en Varsovia, exigió que se agregue a la Constitución del país una cláusula que proteja "el derecho a la vida desde el momento de la concepción". Actualmente, la Carta Magna polaca es la más estricta de Europa en temas relacionados con el aborto.

Nacionalismo resurgente

Los temas del homosexualismo y el aborto no son nuevos. Con los cambios democráticos prevalecieron en el país los conceptos religiosos y, ya en 1993, se aprobó una Constitución donde se discriminaba a las minorías sexuales y se presentaba el tema del aborto como un asunto de tradición nacional en Polonia.

"Los gobiernos que llegaron después no han podido, o no han querido enfrentarse, con los poderosos intereses católicos que defienden a capa y espada estos preceptos antiguos", explica a Encuentro en la Red Piotr Porozynski, del Grupo Lambda, que agrupa a unos tres millones de personas que se consideran minorías sexuales en Polonia.

En su opinión, en los años recientes, en vez de protección legal para los gays y lesbianas, el tema se ha ido tergiversando en los textos escolares. A los niños se les explica la homosexualidad como "una desviación, una patología y en algunos textos se iguala el homosexualismo con la pedofilia y el incesto".

Otros politólogos, como el checo Jiri Hoffman, estiman que la presencia en el gobierno polaco de partidos ultraconservadores como Ley y Justicia, Liga de la Familia Polaca y Auto Defensa, ha creado inquietud no sólo en las filas de la oposición de este país postcomunista del centro de Europa, sino en Bruselas, entre las comunidades judías occidentales, y en los políticos de la vecina Alemania.

La autodestrucción de la izquierda polaca en la anterior legislatura, que terminó su gobierno en medio de una crisis de confianza provocada por malversaciones y escándalos políticos, dio a la derecha un arrollador triunfo con las consignas "valores tradicionales polacos", enarbolada por los gemelos idénticos que hoy gobiernan el país: el presidente Lech Kaczynski y su hermano Jaroslaw, primer ministro.

No hicieron más que tomar posesión hace menos de dos años y enseguida ordenaron una "purga" de "antiguos comunistas". En ese momento, el héroe de Solidaridad y arquitecto de la democracia polaca, Lech Walesa, los describió como "un par de alborotadores inoportunos de quienes hay que deshacerse".

Ley y Justicia también incluyó en su agenda social conservadora "el euroescepticismo, la oposición al aborto, la mano dura contra gays y lesbianas, la prohibición de las llamadas drogas blandas", y llegó inclusive a coquetear con la "reinstalación de la pena de muerte". Para alcanzar mejor sus objetivos, fortaleció su gobierno con dos partidos todavía más controvertidos: Auto Defensa y Liga de la Familia Polaca.

Auto Defensa, con los ministerios de Agricultura y Economía, fue fundado en 1992 por grupos de antiguas granjas rurales, pequeños comerciantes y funcionarios comunistas de la burocracia rural. Su líder, M. Lepper, ha elogiado la política económica de Hitler y estima que Polonia debería acercarse más a Rusia y Bielorrusia. También es un fuerte crítico de la entrada del país a la Unión Europea.

Una mosca en un pastel

Por su parte, la Liga de la Familia Polaca, que controla el Ministerio de Educación, tiene una raíz más antigua, ya que surgió de la fusión de los llamados grupos "Católicos Nacionalistas", que se consideran herederos de los partidos de extrema derecha de preguerra. De hecho, su líder y actual ministro de Educación, Roman Giertych, es nieto de un prominente nacionalista de aquella época, quien abogaba por un Estado centralizado donde la Iglesia Católica simbolizara la identidad nacional.

Su ideología se basa en la asimilación forzosa de las minorías nacionales y la eliminación de la influencia judía en los negocios y las profesiones, y pide a los polacos que den la espalda a Alemania y se alineen con Rusia. La Liga de la Familia Polaca hace campaña contra Bruselas y sus juventudes participan contra las demostraciones gay y a favor del aborto.

Con estos aliados, los gemelos Lech y Jaroslaw Kaczynski, católicos devotos, desconfiados del extranjero, manifiestamente descontentos con la idea de dar derechos a los homosexuales, aparecen en la escena política de la Europa de los 27 "como una mosca en un pastel", concluye Hoffman.

En el mundo postcomunista del Este de Europa, sólo Polonia y Letonia han sido acusados por Amnistía Internacional como violadores de los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.

© cubaencuentro

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