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Centroeuropa

¿Inestabilidad o reajuste?

Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia ponen a prueba su cultura democrática en el seno de la Unión Europea.

Nacionalismos, corrupción y frustraciones en Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, han ocupado el escenario político y económico de estas naciones en los últimos meses, haciendo temer a la Unión Europea el surgimiento de una zona de inestabilidad en la organización. Sin embargo, expertos en la región aseguran que la situación no es tan grave como parece.

Algunos medios europeos, como el diario londinense Financial Times, estiman que los acontecimientos no son graves porque "los inversionistas han mantenido la calma este otoño en Europa Central, mostrando oídos sordos a la algarabía política", aunque reconocen que "en los meses recientes el ambiente político del grupo Visegrado se ha vuelto agrio".

El analista checo Jiri Pehe, por su parte, asegura que aunque no faltan los pesimistas —quienes alegan que algunas de estas naciones, por ejemplo Polonia, "fueron admitidas en la UE demasiado pronto"—, lo cierto es que "lo que está pasando puede explicarse como una reacción al radical período de modernización sin precedentes que estos países experimentaron durante los últimos diez años".

Pehe, quien fuera asesor del ex presidente checo Vaclav Havel, estima que durante los últimos años la carrera para ingresar a la UE de naciones que una vez fueron parte del imperio soviético hizo que, a partir de su entrada en mayo de 2004, algunos políticos entendieran que había llegado la hora de retomar algunas de las frustraciones populares que se habían suprimido artificialmente y otros empezaron a utilizar mal su estatus como miembros plenos para promover políticas populistas.

Polonia:

Los problemas en los llamados países de Visegrado (República Checa, Polonia, Hungría y Eslovaquia) comenzaron el año pasado, cuando el conservador y populista partido Ley y Justicia ganó las elecciones en Polonia (el mayor país de la región) y formó una coalición con el también populista Partido de la Auto Defensa y la ultranacionalista Liga de la Familia Polaca.

Este explosivo cóctel estalló hace poco envuelto en un enorme escándalo, a partir de que se supo públicamente que Ley y Justicia quiso comprar a un político de la oposición. El país ahora se enfrenta a unas elecciones anticipadas en medio de la frustración del electorado, que había dado su voto en 2005 a esta agrupación harto de los escándalos socialdemócratas y los sacrificios económicos para ingresar a la UE.

A la opinión pública le ha molestado, en particular, la propuesta de la Liga de la Familia Polaca para enmendar la Constitución sobre el aborto. Polonia, un país profundamente católico y con una de las leyes más restrictivas contra el aborto, rechaza agregar al párrafo que dice: "la República de Polonia garantiza la protección legal de la vida de cada persona", y otra frase que refiere: "desde el momento de su concepción".

Otro tema al que se enfrenta el presidente Lech Kaczynski es cómo mejorar sus relaciones con Alemania, que han bajado hasta su nivel más bajo desde que este tomó posesión, debido a sus arrogancias frente a la canciller Angela Merkel, en relación con el gasoducto ruso-alemán que Polonia se opone cruce por su territorio.

Eslovaquia:

En Eslovaquia, la nueva coalición de gobierno estrenada hace unos meses, y encabezada por la izquierda populista, el Partido Smer, incluye también a dos partidos que arrastran una mala reputación desde los años noventa y que causaron entonces el aislamiento eslovaco: el Movimiento por Eslovaquia Democrática, de Vladimir Meciar, y el ultranacionalista Partido Nacional Eslovaco.

En el occidente de Europa se sospecha que la presencia del Partido Nacional Eslovaco en el gobierno puede ser la causa del incremento de los ataques a la población eslovaca de nacionalidad húngara, una situación que fue bastante explosiva en Eslovaquia después de la caída del comunismo y que parecía superada durante la etapa en que el país se preparó para ingresar como miembro pleno de la UE.

El comentarista Meter Schutz estima que las agresiones físicas contra eslovacos de nacionalidad húngara comenzaron desde que el Partido Nacional Eslovaco entró en el gobierno y exige al presidente Robert Fico que "se disocie de estas actuaciones".

No se puede olvidar que de una población total de cinco millones, en Eslovaquia viven unas 600.000 personas de origen húngaro. Según el diario húngaro Nepszabadsag, hace 10 años el 70% de los eslovacos temía el irredentismo de la minoría húngara y actualmente esta proporción ha crecido al 80%: son los que piensan que durante 1.000 años los húngaros oprimieron a los eslovacos (período del Imperio Austro-Húngaro).

Hungría:

En lo que respecta a Hungría, las cosas se les fueron de las manos al actual gobierno socialista, cuando en octubre la gente descubrió que su primer ministro, Ferenc Gyurcsany, con el fin de ganar las elecciones, les había mentido abiertamente sobre la situación económica del país durante la campaña electoral.

A partir de ahí la opinión pública se insubordinó de tal forma que el país ha experimentado en las últimas semanas las mayores demostraciones de protesta desde 1989 y el comisionado de justicia de la UE, Franco Frattini, tuvo que pedir a Budapest explicaciones por el uso de la fuerza policial excesiva para reprimir a los manifestantes.

Según los reportes oficiales, decenas de personas resultaron heridas cuando la policía utilizó gases lacrimógenos y balas de goma para controlar las protestas. Las luchas callejeras, que coincidieron con el aniversario 50 de la revuelta antisoviética de 1956, dejó un saldo de unas 100 personas hospitalizadas. El ministro de Justicia húngaro, Jozsef Petretei, negó que se abusara de la fuerza.

República Checa:

La República Checa, hasta ahora la más apacible y más exitosa en las transformaciones económicas en la región, ha registrado un inusitado terremoto político debido a la incapacidad de los líderes de los principales partidos de encontrar una solución al virtual empate entre la derecha y la izquierda, resultante de las últimas elecciones generales celebradas en junio.

Quizás el destino quiso jugarle una mala pasada al escenario político checo, cuando en esa contienda las fuerzas opositoras sumaron cada una 100 asientos de un total de 200 en el Parlamento. A partir de ahí han caído cabezas como barajas en el intento de establecer posible coaliciones; se han agotado los traspiés y las artimañas sin que el país pueda tener un gobierno estable. Todo apunta a elecciones anticipadas para los próximos meses.

La situación ha sido ridiculizada hasta el infinito por la opinión pública de un país donde el absurdo se ha impuesto con raíces kafkianas y el resultado de la situación ha sido una total y generalizada apatía del electorado, que mira desde su balcón la pelea y se ha divorciado de las urnas. Las últimas elecciones senatoriales alcanzaron una de las menores participaciones del período democrático postcomunista.

Pronósticos

Ignorando a quienes dicen que las culturas centroeuropeas todavía están muy influenciadas por la era comunista, para no hablar de las largas tradiciones de la era de los Habsburgo, cuando las políticas estaban plagadas de corrupción y secretismo, hay que aceptar que entre mediados de los años noventa y el 1 de mayo de 2004 (día del ingreso a la UE) en estos países primó un consenso general para suprimir sus problemas domésticos en aras de alcanzar su membresía al club de los ricos.

Una vez llegados a la meta y alcanzada la transformación de las instituciones, resulta evidente que el proceso de cambiar las actitudes de los dirigentes y las poblaciones no pudo realizarse con la misma velocidad. El analista Jiri Pehe rechaza la tesis de que los países de Centroeuropa son democracias sin demócratas.

"Hay que tener en cuenta, precisa, que todas estas transformaciones del comunismo al capitalismo suceden en un terreno donde cada país ha tenido que luchar al mismo tiempo con los rezagos del pasado y crear nuevas soluciones, inconcebibles hasta nuestros días". Este experto dice que la historia de la transición todavía no ha terminado y que los traspiés hay que ir corrigiéndolos en el camino.

La mayoría de los analistas opinan que escasean los demócratas que respeten los derechos de las minorías y expresen tolerancia ante las diferentes opiniones políticas, pero las instituciones democráticas creadas y la fortaleza de las economías que las representan están muy lejos de encontrarse amenazadas.

El politólogo checo Vladimiro Vondra afirma que los nuevos integrantes de la UE forman parte de una red que no sólo provee soluciones, sino que tiene aparatos que pueden disciplinar a los miembros que se aparten de los estándares comunes, y descarta un escenario de crisis que, en su opinión, "no existe en Centroeuropa".

Los "déficits" en la cultura política centroeuropea, agrega, serán eliminados en los próximos años "por generaciones de políticos nacidos en la nueva sociedad libre y demócrata, que reemplazarán a los políticos que tienen sus raíces en la era comunista".

En el plano económico

Aunque los inversionistas siguen apostando por los mercados de Europa Central, los expertos estiman que en el plano económico no sólo esta región, sino cualquier mercado financiero emergente, está en estos momentos en peores condiciones debido a los ajustes de las grandes economías internacionales.

Y observan que muchos de los problemas políticos que se dan en Centroeuropa tienen un trasfondo económico. Por ejemplo, las revueltas en Budapest surgieron cuando el premier adoptó medidas drásticas para sanear las finanzas públicas, que habían estado pendientes desde los años noventa. En Varsovia, la coalición populista y de extrema derecha tiene amedrentados a los inversores con la amenaza de limitar la independencia del Banco Central.

El hecho de que la República Checa carezca de un gobierno propiamente dicho desde hace cuatro meses, ha bloqueado la marcha de las reformas económicas básicas, y en Eslovaquia las elecciones de este verano pararon totalmente no sólo las reformas, sino que la alianza de izquierda populista y nacionalista apartó los cambios liberales.

Esta turbulencia política, afirma el analista Robert Anderson, del Financial Times, repercute en la economía, porque los gobiernos populistas tienen las manos atadas para recortar los presupuestos y la inflación puede aumentar haciendo insostenible el aumento salarial, y por tanto, cortando el consumo.

Esto se refleja, por ejemplo, en que los plazos para la adopción del euro se han alargado en todas partes. Eslovaquia no podrá alcanzarlo en 2009, como había planeado. Menos Hungría, que lo tenía previsto para 2006 y ahora los expertos lo predicen para 2014. Y lo mismo está pasando con checos y polacos.

En el contexto general se ha empeorado el endeudamiento de los mercados, que ha ido de 4.000 millones de euros en 1989 a 35.000 millones actualmente, según el banco ING, lo que se agrava ante las alzas de las tasas de interés en Estados Unidos. Sin embargo, los gobiernos centroeuropeos no se han quedado con las manos cruzadas.

En Hungría, a pesar de las protestas, el gabinete socialista ha anunciado reformas radicales en las finanzas públicas. Los políticos polacos, ante la eventualidad de elecciones anticipadas, toman sus medidas en el plano económico. En Eslovaquia, los inversionistas están convencidos de que el gobierno "ladra pero no muerde" y en la República Checa la situación política no ha significado ningún cambio en la política económica.

De manera que las razones económicas que hicieron a Centroeuropa más firme que las economías de los llamados tigres asiáticos no ha cambiado, y las políticas de hacer flotar sus monedas le han preparado un colchón para atenuar cualquier caída. Por eso los especialistas estiman que los problemas centroeuropeos, desde el punto de vista económico, están más bien en el largo plazo y no en la presente crisis política.

Problemas que además son compartidos con otras naciones occidentales, como son la readaptación de sus sistemas estatales de pensiones, los recortes de las finanzas fiscales y presupuestarias y su adaptación total a los mecanismos de la UE, lo cual les garantiza la confianza de los mercados socios.

© cubaencuentro

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