Argentina
Una derrota a toda orquesta
Cuando el Senado tumbó el incremento de impuestos agrarios, resolvió un agudo problema y dio un toque de moderación a la institucionalidad del país.
El virulento forcejeo que durante cuatro meses protagonizaron el gobierno de Cristina Fernández y los agricultores argentinos terminó con la derogación del fuerte incremento de impuestos que la Casa Rosada intentó sobre la exportación de cereales.
Algunas cifras explican la relevancia de la batalla social que se libró, en momentos de altos precios internacionales de los productos agrícolas. Despachos de prensa indican que de los aproximadamente 35.000 millones de dólares que los argentinos venden en el extranjero, más del 50% corresponde a exportaciones de granos y a la agroindustria.
Recuérdese que el país austral es el primer exportador mundial de harinas y aceites de soja, el cuarto de trigo, el segundo de maíz y el tercero de granos de soja, de acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura norteamericana.
Desde que a comienzos de marzo pasado el gobierno decidió aumentar de forma drástica los impuestos al sector, la reacción no se hizo esperar y prácticamente todos los productores se levantaron contra la medida. Fueron cortadas carreteras en 14 provincias, cesó de forma intermitente el envío de granos para la exportación y el desabastecimiento interno pronto comenzó a amenazar. Los partidarios del oficialismo pusieron lo suyo y no faltaron las acciones violentas.
Las llamadas "retenciones móviles" establecían que, de acuerdo con los precios del mercado internacional, los impuestos a la soja, el girasol, el maíz y el trigo aumentaban o disminuían. Para los agricultores, sin embargo, eran medidas "confiscatorias" que superaban el 40%.
Algunos economistas coinciden en que tradicionalmente el peronismo ha echado mano a "los artefactos arancelarios". Si ciertamente el fin del ejecutivo era bajar los precios en las urbes, donde se concentra la base trabajadora del peronismo (Partido Justicialista), la medida era estratégicamente incorrecta, aunque fácil de esgrimir.
Lo complejo —arguyen expertos— es ayudar a los pobres a comprar comida mediante ayudas directas. Pero para llevar a cabo esto resulta imprescindible un impuesto general y un control aceptable sobre quién necesita ayuda. Ello, desde luego, es más difícil de implementar.
Aceptar el incremento de impuestos, por otra parte, hubiera significado el empobrecimiento del área económica más importante del país, opina más de un especialista.
Momentos decisivos
Un punto culminante en los cuatro meses de enfrentamiento se plasmó en la multitudinaria protesta que tuvo lugar en el barrio porteño de Palermo, la cual duplicó por lejos la manifestación del aparato peronista en la plaza del Congreso, escribió en La Nación Joaquín Morales Solá. Esta fue, según el periodista, la primera derrota de la Casa Rosada.
La segunda y decisiva fue la dramática votación en el Senado del vicepresidente Julio Cobos, cuya decisión significó el desempate. El vicepresidente en Argentina es, por ley, presidente del Senado. Ya los nuevos impuestos habían sido aprobados por la Cámara, aunque con ajustes. La votación de Cobos contra el ejecutivo del cual forma parte dio la vuelta al mundo.
Como ha sucedido otras veces en Argentina, no era sólo un agudo problema el que se definía en el Senado, sino el respeto a la institucionalidad del país y a su ordenación democrática.
Desde el hervor de las protestas se decidió la intervención del Congreso en el dilema arancelario. Tanto el sector agrícola como la oposición que lo apoyó —incluidas entidades de izquierda— estuvieron de acuerdo, después de negociaciones frustradas, con la decisión de la mandataria de traspasar el diferendo al parlamento para entregarle "mayor institucionalidad a la medida", dijo entonces Cristina Fernández, cuya popularidad bajó más de 30 puntos a causa del conflicto.
De las carreteras, los agricultores se trasladarían a la sede del parlamento, y allí levantaron sus carpas, al unísono con otras manifestaciones. Similar actitud adoptaron los seguidores del oficialismo.
Lo que saliera del Congreso, supuestamente había que respetarlo, y en eso, sobre todo, ayudó el ingeniero Cobos, a quien las presiones y ataques no hicieron cambiar su voto. En esencia, el vicepresidente evitó una crisis. Probablemente, los contrarios al impuesto hubieran continuado sus protestas, avalados por muchas razones, si la votación le hubiera sido adversa. Y ello hubiera puesto en solfa, una vez más, la institucionalidad argentina.
Gabriel Salvia, director del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL), piensa con matices distintos.
En declaraciones a CUBAENCUENTRO.com, se introdujo en las entretelas de la reunión del Senado: "Es importante destacar la propuesta del vicepresidente antes de ir a la segunda votación, luego del primer empate, solicitando ir a un cuarto intermedio. Pues, a fin de cuentas, si el voto contrario de Cobos le generaba un enorme costo político al gobierno y a la institucionalidad del país, ¿por qué entonces no aceptaron ir al cuarto intermedio y negociar? ¿Acaso el resultado final fue mejor para el gobierno que haber modificado parcialmente el texto original?".
Y añade el director de CADAL que Cobos representó en el Senado la moderación y la necesaria búsqueda de consensos que caracteriza la vida democrática y, en especial, a los acuerdos legislativos, pero se topó con la intransigencia del bloque oficialista que recibía las órdenes de la propia presidenta de la nación.
Salvia entiende que en este tipo de actuación quizás reside el principal problema político del gobierno, pues el kirchnerismo es el anticonsenso y con su estilo de gestión no ayuda a fortalecer la democracia y mejorar la calidad institucional del país.
A pesar de haber sido gobernador en Mendoza de 2003 a 2007, y por un breve período ministro de Obras Públicas, Cobos proviene de la cátedra universitaria y no de la política, y esto hizo diferente su visión del dilema, indican seguidores de la situación austral.
Por otro lado, la votación en el Congreso, como ya había sucedido en la Cámara, ratificó las numerosas grietas y divisiones entre la alta política argentina.
El estilo de los Kirchner
Comentaristas y políticos critican regularmente la forma de gobernar de los esposos Kirchner, pero ante la aparatosa derrota impuesta por los agricultores y el Senado, las flechas contra el ex presidente fueron abrumadoras.
Según Morales Solá, Julio Cobos no volteó a Néstor Kirchner, pero desarticuló una arquitectura de poder que ya mucho antes hacía agua por todos lados. Para el analista, que no por gusto habla en pasado, "Kirchner fue el político de los tiempos fugaces de las asambleas barriales, de cierta épica nacionalista tras el colapso argentino (2001) y de políticas más propiciadoras de quebrantos que de uniones".
"Nunca fue un líder para la normalidad ni la República estuvo en su cabeza ni en su formación (…) El campo fue la expresión genuina de un hastío ampliamente compartido", precisó Morales Solá.
Por su parte, el llamado sector rebelde del peronismo se apuró en felicitar por su voto a Cobos, y a un "allegado" del senador por Santa Fe, Carlos Reuteman, también peronista, se le atribuyeron estas declaraciones: "Nos une la crítica hacia los Kirchner por su estilo antipático y autoritario".
Para el polémico senador y sindicalista gastronómico, Luis Barrionuevo, el rechazo al proyecto del kirchnerismo significó además el fin de la política de "palo y a la bolsa" y del " hacés lo que digo yo". Según Barrionuevo, al día siguiente de la votación en el Senado "había como un alivio" en las calles y en los trabajos. "Hasta yo mismo tengo una paz interior tremenda", aseguró.
Lo que viene
Luego de la derogación de los impuestos, no pocos exigen cambios radicales en el gabinete y que "aparezca un gobierno de la presidenta", sin la intervención del "perdidoso" marido. Muchos coinciden en crear condiciones reales para una fructífera negociación entre agricultores y la Casa Rosada. Deben ser reuniones "con interlocutores válidos, que entiendan de política agropecuaria".
El analista Arcadio Oña, del diario Clarín, asegura que no resultará fácil remontar los costos acumulados durante estos larguísimos cuatro meses, ni rehacer el cuantioso capital político dilapidado, y mucho menos reponer todo donde estaba a principios de marzo. Oña confía, sin embargo, en el camino de los consensos, de manera que "no sea más de lo mismo".
Para Gabriel Salvia, existe una pregunta del millón: ¿cómo seguirá el gobierno de Cristina Fernández y cuál será el papel de Cobos? Al respecto, la lección que deja la votación en el Senado es que, de aquí en adelante, quienes deben cambiar para el bien del país son los Kirchner y sus incondicionales "cuadros setentistas".
Mientras tanto —añade el director de CADAL—, si Julio Cobos es más relegado de lo que ya estaba antes de la votación, podrá entonces optar por jugar un papel político importante continuando la senda de búsqueda de consensos que intentó con el tema de las retenciones, impulsando ahora una agenda legislativa sobre los grandes temas pendientes que debería considerar el Congreso.
El vicepresidente de la Sociedad Agraria Argentina, Hugo Biolcati, puso un broche a cuatro meses de confrontaciones: "Con el final a toda orquesta que hemos tenido, sería necio decir que no estamos satisfechos. Pero esto no es la panacea, es haber ganado una durísima batalla".
© cubaencuentro
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1 Comentarios
1 by ATAQUE AL BLOG (Usuario no autenticado) 22/07/2008 17:20
SI ESTOS CARA DE LATA TUVIERAN UN APICE DE VERGUENZA RENUNCIARIAN. Anecdota: Dicen las malas lenguas que desde la Embajada(cuartel general de la Revolucion) de la monarquia castrista, la instruyeron a ella de que no, No, que no le hiciera al cabrolicon de su marido que le dijo que renunciara. "Tu sabes que el cojea" Fue que un arranque de "virilidad confundida" el ex presidente se inspiro a decir: "los argentinos se lo pierden, SI SI renunciamos y nos vamos con Raulito y los cambios de sexo". Que cuerazo mas bien dado a estos aprendices de dictadores.