Kosovo
Una esperanza con 800 años de edad
El dilema de una región gobernada por la ONU: los albaneses favorecen la independencia y los serbios reclaman 'su derecho'.
La posible independencia de Kosovo mantiene en jaque no sólo las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, también las opiniones varían entre los países de la Unión Europea y mucha gente se pregunta qué pasa en esa diminuta y empobrecida franja de tierra balcánica para que todos se sigan yendo a las greñas desde hace 800 años.
Con un territorio parecido a la provincia cubana de Camagüey y una población de 1,5 millones de habitantes, de los cuales sólo 100.000 son serbios y los demás albaneses, Kosovo fue el último escenario de la cruenta guerra que hizo estallar en mil pedazos la antigua Yugoslavia en los años noventa, cuando se acabó el comunismo y las pasiones nacionalistas se desataron en la región de los Balcanes.
Hoy Kosovo, oficialmente una provincia serbia pero gobernada desde 1999 por Naciones Unidas y 17.000 soldados de paz, se enfrenta a un dilema que mantiene en tensión a sus habitantes: los albaneses favorecen la independencia y los serbios reclaman su derecho, basado en leyes internacionales.
La posición americana
El problema saltó a la actualidad durante la reciente gira europea del presidente de Estados Unidos, George Bush, quien repitió en Italia, Albania, Bulgaria y en todas partes que Washington respalda una acelerada independencia para Kosovo, "incluso sin el acuerdo de Rusia y Serbia", que se oponen rotundamente a esta opción.
En Tirana, el domingo 10 de junio, Bush dijo al presidente de Albania, Sali Berisha: "creo que Kosovo debe ser independiente". El presidente estadounidense dejó entrever que su país está impaciente con Rusia, cuyo gobierno ha amenazado con vetar el llamado plan "Ahtisaari", que propone al Consejo de Seguridad la independencia de facto de Kosovo.
Sin embargo, el mandatario estadounidense no pudo convencer a sus aliados para llegar a un acuerdo inmediato sobre el futuro de esta provincia serbia durante la reciente reunión del G8 en Heiligendamm, Alemania. Allí se manejó una propuesta francesa de posponer durante seis meses la decisión sobre Kosovo y finalmente el documento pactado habló de "una solución próxima" sin fijar una fecha exacta.
Los expertos creen que este texto trató de no echar más leña al fuego, pues ese mismo día la prensa moscovita comentó: "privar a un estado miembro de Naciones Unidas como Serbia de un 15% de su territorio es un peligroso precedente que viola las leyes internacionales".
Lo que piensan los europeos
Según fuentes diplomáticas, el problema es que algunos países miembros de la Unión Europea mantienen una posición "expectante y reservada", ya que temen dar a los grupos separatistas en sus territorios nuevas armas respecto a sus aspiraciones independentistas, inspirándose en el ejemplo de Kosovo.
El secretario de Estado español para las Relaciones con Bruselas, Alberto Navarro, dejó clara la postura de su país: "El hecho de que la comunidad internacional imponga el derecho de autodeterminación a una región de un país soberano, no nos parece una solución en los Balcanes".
Italia, Rumania, Eslovaquia y Chipre coincidieron con España. El ministro de Exteriores italiano, Máximo D'Alema, propuso que "lo ideal sería tener grandes líneas hacia una forma de independencia con las limitaciones y las garantías de los organismos internacionales… sin bandera y sin sitio en la ONU".
En contraste, los más entusiastas en la UE para dar la independencia a los albanokosovares, como medida para estabilizar la región, son Reino Unido, Eslovenia, República Checa, Polonia, Suecia, Hungría y los Estados Bálticos.
Además, Bruselas acaba de reanudar el diálogo sobre un Acuerdo de Asociación con el gobierno de Belgrado por considerar que Serbia está colaborando de manera decidida con el Tribunal Penal de la Antigua Yugoslavia (TPIY) en la detención de los criminales de guerra.
A cambio de normalizar sus relaciones con Bruselas, Serbia exige a la UE vincular el cumplimiento de los estándares comunitarios con el respeto a su integridad territorial, según las palabras del primer ministro serbio, Vojislav Kostunica.
Basándose en el principio de igualdad de todos los Estados europeos, Kostunica pidió a la UE que "respete la resolución 1244 de Naciones Unidas, que confirma que Kosovo y Metohija forman parte de Serbia".
Posición de Rusia y Serbia
Rusia y Serbia se oponen con todas sus fuerzas a la independencia de Kosovo. En Belgrado, el asunto del estatuto de Kosovo concita la mayor unidad política. Casi todos los partidos son favorables a conceder a la provincia toda la autonomía posible, pero no la independencia, y rechazan que quede fuera de sus fronteras.
Después de años de violencia y desgarramientos, Belgrado intenta hacer frente a las tremendas tareas que tiene por delante para estabilizar el país, realizar las profundas reformas económicas necesarias y lidiar con la extradición de criminales buscados por la justicia internacional. En ese contexto, sería suicida para cualquier gobierno serbio acceder a la independencia de Kosovo.
Sin embargo, los expertos apuntan que los serbios pueden hacer poco frente a una mayoría aplastante de albanokosovares, que representan 9 de cada 10 habitantes de la región y están dispuestos a volver a coger las armas para echar a los serbios.
Por su parte, China y Rusia, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, están contra la propuesta de independencia.
De acuerdo con los largos lazos de amistad entre Moscú y Belgrado, que datan de antes de la era soviética, los expertos consideran que hay que tomar en cuenta los recelos de Moscú, y señalan que la seria advertencia del presidente Vladimir Putin sobre el futuro de Kosovo, descansa fundamentalmente en sus ambiciones de continuar jugando un papel principal en la diplomacia mundial.
Otras fuentes estiman que las principales razones que empujan a Moscú por el camino de la oposición a la independencia es el miedo a sus problemas con las minorías, y afirman que luchará para evitar que se siente un precedente. Si Kosovo obtiene la independencia, ¿qué pasaría con Chechenia y los demás conflictos que tiene Rusia en su traspatio?
Si Rusia logra imponer su posición, podría además enfrentar el desinterés creciente de sus antiguos satélites y demostrarles que todavía es una potencia importante: un golpe diplomático ideal para las perspectivas del Kremlim en sus planes de consolidar su influencia en los Balcanes. Los expertos aseguran que si los rusos consiguen algo parecido, magnificarían la imagen del país como un "peso fuerte".
Origen del problema
Desde el siglo VIII, eslavos y albaneses habitaron esta región y en el siglo XIV Kosovo se convirtió en el centro del Imperio Serbio. Por esta razón, los serbios ven el lugar como la cuna de su Estado, que perdieron en 1389, en la guerra contra el Imperio Otomano (musulmán), y recuperaron en 1913.
Más adelante, Kosovo obtuvo el título de provincia y fue incorporada a la Federación Yugoslava. En 1960, para evitar conflictos entre las etnias albanesa y serbia, la Constitución Yugoslava dio a Kosovo el estatus de Provincia Autónoma, con lo cual los kosovares pudieron participar en el gobierno y la administración estatal.
Pero la paz entre las etnias desapareció con la muerte del presidente Tito, cuando en 1989 el nuevo presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic, retiró la autonomía a Kosovo y declaró la superioridad serbia. Esta política, calificada como de "limpieza étnica" y que se hizo extensiva al resto de la ex Yugoslavia, provocó el estallido de las sangrientas guerras balcánicas de la década de los años noventa.
En este contexto apareció el actual movimiento albanés de independencia de Kosovo (1991). Sus líderes proclamaron una independencia unilateral de los serbios, quienes trataron de aplastar con brutalidad el movimiento que se radicalizó e hizo estallar la guerra entre albaneses y serbios de Kosovo.
En marzo de 1999, en vista de que Occidente no podía controlar las masacres cometidas por el ejército serbio, muy superior en armas y soldados a los albaneses, la OTAN decidió bombardear Kosovo y Serbia para obligar a Belgrado a rendirse. Miles de personas murieron durante este conflicto y cientos de miles huyeron hacia otras regiones.
En el verano de 1999, Naciones Unidas se hizo cargo de la administración de la provincia, obligando a los serbios a retirarse de manera incondicional.
Provincia conflictiva
Kosovo es una provincia serbia administrada por la ONU desde 1999, con apoyo de 17.000 soldados de la OTAN. El 90% de sus habitantes son albaneses y reclaman la independencia, que para los serbios es innegociable. El mediador de la ONU propone una independencia supervisada, pero la comunidad internacional no tiene una postura común.
Además de estos problemas, Kosovo es una de las regiones más pobres de Europa. Casi la mitad de sus habitantes vive por debajo de la línea de pobreza, y aunque es rica en recursos minerales (carbón, plomo, zinc, cromo y plata), la principal fuente de subsistencia es la agricultura.
Después de la guerra, la vida de la población se separó por etnias y, a pesar de la vigilancia de los cuerpos de paz, no se ha podido lograr un entendimiento entre las partes. Tras múltiples intentos, la ONU logró armar un gobierno democrático en Kosovo y en noviembre de 2005 se iniciaron conversaciones para el futuro estatus de la región.
El enviado especial de Naciones Unidas, Martti Ahtisaari, dirigió esas negociaciones, de las que salió el actual plan, que consiste en llevar a Kosovo poco a poco hacia la independencia. Este proyecto, bien recibido por los albanokosovares, es rechazado por Serbia y los serbiokosovares.
La búsqueda de un consenso por parte de la comunidad internacional ha sido larga y paciente, pero podría frustrarse si se impone una solución unilateral en Kosovo. No se puede olvidar que las pasiones nacionalistas en esta parte de Europa están controladas pero no eliminadas.
Los antiguos yugoslavos suelen contar un chiste que explica la naturaleza de su tierra, y dice: "Si usted regresa a Europa dentro de 100 años, ¿cuántos países encontrará? La respuesta es Nueve. Uno grande, llamado Unión Europea, y ocho diminutos Estados nacidos de las ex regiones de la Yugoslavia socialista (Serbia, Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina, Montenegro, Macedonia, Kosovo y Voyvodina)".
Los ex yugoslavos encuentran en esta manera de vivir, separados, la única posible.
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