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José María Marco: Post-todo

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Un artículo muy sustancioso, sobre la presidencia de Obama, de José María Marco. Como aventurábamos aquí hace unos días, los próximos cuatros años serán de todo menos aburridos. El post, cortesía de Democracia en América y Libertad Digital:

José María Marco: Post-todo

Esto no es post metalingüístico, como se decía antes, aunque lo parece. Toca investigar las causas y las consecuencias de la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos. Una de las posibles interpretaciones de este hecho es la de que viene a cerrar, en términos históricos, una etapa de división. Así lo ha explicado el columnista David Brooks en el New York Times bajo el título Política de cohesión. Obama vendría a terminar dos grandes ciclos –no uno, como insinúa, sino dos- caracterizados por la división y el enfrentamiento, lo que en España se llama crispación.

El primer ciclo cerrado por Obama sería la gran ruptura iniciada por la crisis moral y cultural de los 60, cuando se derrumbaron buena parte de los consensos morales sobre los que hasta ahí parecían fundarse las sociedades occidentales. Obama concluiría en persona, por lo que representa y por lo que es, el cambio social abierto con las luchas por los derechos civiles, y terminaría con el terremoto que entonces sacudió todo Occidente. Llega a la Casa Blanca un negro, cristiano practicante y con una familia bastante tradicional. Con él se cierran las heridas de la disolución en la que hemos vivido durante cuarenta años.

El otro ciclo cerrado por Obama sería el de las consecuencias políticas del anterior. En parte, la hegemonía republicana de los últimos treinta años (sin contar las presidencias de Nixon), es consecuencia de la ruptura anterior, o mejor dicho, de la voluntad por parte del liberal-conservadurismo norteamericano de articular una respuesta política, social y cultural a lo que se vivía como una quiebra.

Obama se presentaría así como el gran unificador, o mejor dicho, el gran restaurador de la unidad perdida en las luchas primero culturales y luego ideológicas y políticas que han desgarrado la sociedad norteamericana en los últimos cuarenta años.

Eso explicaría, por lo menos en buena parte, la ola de esperanza y la expectativa que Obama ha suscitado, y también –una cuestión aparentemente menor sobre la que habrá que volver- por qué Obama ha sido respaldado por votantes maduros, baby boomers algunos de los cuales han votado siempre demócrata mientras que otros respaldaron en su momento a Reagan e incluso a la “revolución conservadora” de Gingrich en los noventa. En el fondo, estos votantes reencontrarían en la figura de Obama la forma de reconciliarse con unos valores y una sociedad con la que rompieron, aunque sin tratar de restaurarla en todas sus características. Un Obama conservador, en suma, compatible con otro muy escorado hacia la izquierda, pacifista a veces y otras –ya no, como es natural cuando se es presidente de una sociedad que todavía conserva algún resto de sentido común- partidario del matrimonio entre personas del mismo sexo. Un Obama sintético, capaz de anular el principio de contradicción y post casi todo: post-ideológico, post-racial, post-partidista e incluso, por qué no, post-político.

El discurso pronunciado por Obama el día de su “inauguración” –utilizo la palabra por no perder en español el sentido festivo de un acto de solemnidad tan inusitada en Europa como el jolgorio que lo acompaña- contradice un poco esta hipótesis.

El tono bajo, a veces algo dramático, no encaja bien con una misión histórica de esta envergadura. Recuérdese el lirismo y el vuelo del discurso de Bush en su segunda investidura, con su compromiso, que entonces pareció característicamente americano, de respaldar la democracia y la libertad en cualquier parte del mundo. O tal vez es que tras la expectativa generada por un Obama que no ha expuesto ningún elemento programático claro y ha hecho de sí mismo la piedra de toque del cambio, ha llegado la hora de empezar a adaptar esa proyección sentimental e icónica a la realidad. Desde esta perspectiva, en su primer discurso Obama ha empezado ya a rebajar las expectativas. Es posible que la sociedad norteamericana haya tenido tiempo de descansar de los años de crispación y de división… unas cuantas horas. En su primer discurso, Obama habrá hecho saber que ha llegado a lo último en materia de post: lo post-(post-todo).

¿Será esto una forma de restaurar los valores de la modernidad, terminada la post-modernidad? ¿Dará la ocasión a los norteamericanos de intentar solucionar algunos de los grandes problemas que en estos años no han podido ser abordados, como la sanidad, la pobreza o las pensiones? (Se han tratado muchos otros, desde la enseñanza y el crimen hasta los impuestos y el terrorismo) ¿Será una simple forma de empezar a gestionar una expectativa que el nuevo presidente sabe imposible de cumplir? ¿O al revés, será una manera de descansar definitivamente de la misión que los Estados Unidos han llevado sobre sus hombros durante el siglo XX, derivada de su “excepcionalismo”, y que tantos esfuerzos y sacrificios ha requerido a los norteamericanos?

Muchas preguntas para los próximos meses.



Obama, el pasado también es el futuro

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Una fiesta millonaria. Más de dos millones de personas celebrando bajo el crudo invierno del Distrito de Columbia. Toda una época a las puertas. “Algunos cuestionan la escala de nuestras ambiciones, pero olvidan que cuando la imaginación y el propósito común se unen, no hay imposibles”, señaló el cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos inmediatamente después de jurar el cargo. “No vamos a disculparnos por nuestro estilo de vida… Nuestro legado es de fortaleza, no de debilidad”.

“Rechazamos la falsa premisa de que hay que escoger entre la seguridad y los ideales”, adicionó Barack Obama. “Tenemos responsabilidades que no aceptamos a regañadientes, sino con gusto… Dios nos ha pedido que demos forma a nuestro destino”.

Este mediodía tomó posesión en Washington un mandatario de características singulares. Ya se ha hablado exhaustivamente de las posibilidades socio-culturales y geopolíticas que inaugura su presidencia. Menos de si su intención de unir el país en torno a una visión común de esperanza, tolerancia y cambio pasa efectivamente por un cambio de su visión política.

Acusado durante toda la campaña electoral por sus detractores más acérrimos de extremista, pro-islámico o, sencillamente, inexperto y pusilánime, el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos ha agudizado durante las últimas semanas su viaje al centro, como señalábamos en un artículo anterior. Un trayecto que puede rastrearse en el elocuente silencio de algunos de sus antiguos adversarios.

A continuación varias de las señales enviadas por Obama, espontáneamente o no, tras imponerse en las elecciones de noviembre. Todas ellas destacan, si cabe, el perfil de un mandatario más preocupado por poner la casa en orden que por “crucificar” a su contraparte ideológica.

Y es que, ya se sabe, las ideologías son otra cosa en Estados Unidos, como en prácticamente todas las culturas de raíz inglesa. Un detalle que suelen obviar muchos analistas de origen cubano o hispano, macerados por una cultura intolerante y, por consiguiente, habituados a observar el hecho político en blanco y negro.

El pasado también es el futuro

Algunos demócratas han intentado promover la investigación de los supuestos crímenes cometidos durante la pasada administración republicana, apuntando, como primer blanco, a los agentes de inteligencia. "En la CIA tenemos personas con un talento extraordinario que trabajan con ahínco para proteger a los estadounidenses. No quiero que de repente sientan que tienen que pasar todo el tiempo mirando por encima del hombro y buscando abogados", ha replicado, sin embargo, Obama.

El hecho de que el nuevo presidente haya rechazado toda posibilidad de cargar contra el pasado vía George W. Bush, indicando que “hay que mirar hacia delante”, revela una dinámica conciliadora, alejada del revanchismo al uso en muchos países occidentales. Como reporta Associated Press, “Obama ha mostrado interés por una colaboración bipartidista, que necesitará tras asumir el cargo.

“Una noche antes de convertirse en presidente cenó con su vicepresidente, Joe Biden, y dos prominentes republicanos: el ex secretario de Estado Colin Powell y el senador John McCain, el hombre al que derrotó el pasado noviembre en las elecciones presidenciales.

“Obama elogió a McCain durante la reunión y pidió ayuda para "hacer de esta cena bipartidista no sólo una tradición en las juramentaciones presidenciales, sino una nueva forma de tratar los asuntos del pueblo en esta ciudad".

Chávez, ¿un pasado sin futuro?

Hasta al propio Hugo Chávez, torpe entre los torpes, no se le ha escapado “el giro a la derecha” del nuevo presidente norteamericano. Tampoco en este caso, ciertamente, era como para escapársele. En reciente entrevista concedida a la cadena Univisión, Obama fue suficientemente explícito: “Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región”.

Y también: “Hay que ser muy firmes cuando vemos estas noticias, que Venezuela está exportando actividades terroristas o respalda a entidades maliciosas como las FARC. Eso crea problemas que no se pueden aceptar. Ese no es el buen comportamiento internacional que debemos esperar de cualquiera en el hemisferio”.

De manera que el golpista venezolano no pudo contenerse, como ya es habitual. “Creo que Obama viene a ser la misma miasma", aseguró. "Nos espera a nosotros entonces seguir la lucha contra el imperialismo sea blanco o negro, o como se vista".

Para Chávez, las declaraciones sobre Venezuela del antiguo senador por Illinois –no precisamente novedosas- fueron condicionadas por el Pentágono. “Si no obedece el mandato del imperio, a Obama lo matan como mataron a Kennedy", dijo.

¿Menos impuestos para absolutamente todos?

En el capítulo de los impuestos, uno de los más releídos por los republicanos durante la pasada campaña presidencial, el viaje al centro de Obama también está dando de qué hablar. Así lo ve Associated Press:

“Obama había prometido rechazar los cortes impositivos durante su campaña presidencial, pero una vez que ganó renegó de su promesa, indicando que aguardará a que expire la ley aprobada por la administración Bush.

"Hemos hecho una campaña repitiendo lo que nos dijo la Oficina de Presupuesto del Congreso: Nada ha contribuido más al déficit presupuestario que los cortes impositivos para las personas más pudientes de Estados Unidos", dijo Nancy Pelosi en una entrevista por televisión difundida el domingo.

“Durante la campaña, se acusó a Obama de ser un demócrata típico, que aumenta los impuestos para aumentar los gastos.

“Obama ha negado esa acusación. Señaló que los únicos aumentos impositivos estarían dirigidos hacia personas que ganan más de 250.000 dólares por año. Sin embargo, desde que ganó las elecciones Obama inclusive se ha mostrado renuente a aumentar los impuestos a personas que ganan más de esa suma.

“Lawrence Summers, quien fue elegido por Obama para dirigir el Consejo Económico Nacional, dijo el domingo durante una entrevista por televisión que rechazar los cortes impositivos de Bush en favor de las personas adineradas no será una prioridad.

"Nuestro enfoque en su conjunto será en aumentar los gastos", dijo Summers. "Más allá de eso, habrá substanciales recortes impositivos para el pueblo de Estados Unidos".



Obama, el placer del suspense

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Barack Obama no sólo navegó hacia el centro durante buena parte de su campaña a la presidencia de Estados Unidos, sino que también lo ha hecho desde su condición de presidente electo. Todo parece indicar que esa será la seña de identidad de su administración: una política interior y exterior afincada en el pragmatismo y la conciencia de que el horno no está para cierta clase de pasteles. La crisis aprieta y los focos de conflicto a escala internacional son numerosos e importantes. Así, varios de los primeros nombramientos, declaraciones y apreciaciones del antiguo senador por Illinois indican que tendremos un gobierno demócrata más por el estilo del de Clinton que del de Carter.

¿Pero qué tal si el cambio propuesto por Obama durante su campaña fuera más allá de un “bipartidismo” aglutinador? ¿Qué tal si el primer presidente afroamericano de la historia de Estados Unidos pretendiera, más que ponerse de acuerdo con sus adversarios, dejar de asumirlos como tal? ¿Por qué alguien con quien no estamos de acuerdo políticamente hablando, tiene que ser por fuerza nuestro adversario (parece sugerir el nuevo mandatario)? ¿Será un cambio de fondo, yendo de la forma al contenido, lo que propone Obama?

¿El cambio de verdad va a ser un cambio?

Una pista sobre el particular, si se asume la tesis con cierto grado de idealismo, pudiera darla el episodio que tuvo como protagonista a la congresista republicana Ileana Ros-Lethinen, quien le colgó dos veces el teléfono al presidente electo creyendo que se trataba de una broma radiofónica. Cuando por fin Obama consiguió ponerse al habla con la representante, ambos abordaron el tema cubano.

"Le recomendé que en las decisiones sobre Cuba consultara al senador Bob Menéndez y al representante Albio Sires (senador y congresista demócratas)”, declararía después Ros-Lehtinen. “Pero él gentilmente me dijo que tenía también disposición para consultarme a mí”. Una salida cuando menos interesante.

De lo que no caben dudas es que el cambio propuesto por Obama y, por supuesto, su propia designación, no van a arrancarnos bostezos. Quizá esta sea una de las razones por las que el nuevo presidente se impuso a Hillary y a McCain durante la afiebrada campaña presidencial del año pasado. Muchos esperaban de él un cambio… pero no sólo la naturaleza de ese cambio habría sido para ellos lo importante. También la curiosidad, el deslumbramiento de la nueva aventura en perspectiva –el placer, en fin, del suspense-, puede haber incidido en la decisión de los votantes.



Obama, el sueño americano y el café del día después

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Pasó lo que tenía que pasar. Ya estamos en el día después. El senador Barack Obama se ha alzado con el triunfo en las históricas elecciones de este 4 de noviembre, derrotando, de manera aplastante, a un ticket republicano mal concebido y peor llevado, con la crisis financiera como telón de fondo. En las calles, los demócratas celebran la victoria. Pero no sólo los demócratas. Quizá desde los tiempos de Ronald Reagan no se veía en Estados Unidos un trasvase tan acusado de votantes tradicionales de un partido a otro. Habrá que revisar las estadísticas.

“Vamos a renovar el sueño americano”, aseguró el vencedor en Chicago, tras conocer su victoria. “Nuestra juventud rechazó el mito de que pertenecía a una generación apática”. Y también: “Decimos al mundo: Nuestra historia es singular, pero nuestro destino compartido”.

Las predicciones resultaron fiables, particularmente en tres “Estados indecisos” decisivos: Pennsylvania, Ohio y Florida. En general, las encuestas no sólo acertaron, sino que en algunos casos superaron las expectativas. Según proyecciones del Canal 41, aún no confirmadas, el Condado Miami Dade votó por Obama.

Los republicanos han pagado caro sus errores. Primero, su votantes se equivocaron eligiendo a McCain en lugar de a Huckabee o a Giuliani (creo que Mike Huckabee podía haber contrarrestado más efectivamente a Obama). Luego el elegido, a su vez, se equivocó eligiendo a su candidata a la vicepresidencia, todo un error de bulto. Demasiadas equivocaciones, por sólo mencionar dos, para un año como el 2008.

En cualquier caso, el mensaje de cambio ha calado y, más allá de las coyunturas favorables, es indiscutible que el despliegue de Obama ha jugado un papel determinante. Se abre una nueva era. Y es que, como nos recuerda Octavio Paz, Estados Unidos es un país fuera de la historia. Un país culturalmente invulnerable. Aquí cualquier cosa puede pasar (menos una dictadura bananera). Cosas como este The End hollywoodense en el que, mientras moría su abuela materna, la que ejerciera como su verdadera madre, el primer presidente negro de la historia americana, un huérfano de padre keniano y progenitora hippie, consolidaba una victoria apoteósica. Africa vibrando del otro lado, banderas americanas sobre los cuerpos agitados. Inédito. Pero también uno de esos finales a los que los críticos culpan de malograr la película, por estrambóticos o sensibleros.

Sensibleros. Puede ser. ¿Pero quién se atreve ahora a burlarse de, o poner en entredicho a, el Sueño Americano?

Obama, los pro y los contra

En estas elecciones han interactuado elementos que van mucho más allá de las incidencias de una presidencia cuatrienal. Vivimos ahora mismo un momento clave para Estados Unidos y para quienes creemos en su papel como abanderado, y defensor, de la democracia y el Estado de Derecho en todo el mundo. Así, probablemente las consideraciones a manejar en este análisis del día después deban ser de índole estratégica más que táctica; geopolíticas y socio-culturales más que partidistas. Enumero algunos –sólo algunos- de los pro y los contra que en mi opinión implicará la presidencia de Obama:

-Obama pretende echar la burocracia de Washington sobre las espaldas de la clase empresarial. Su plan de subirle los impuestos a las medianas y grandes empresas sólo puede traer consigo un descenso en el nivel de vida de la clase trabajadora (menos prestaciones, menores salarios, menos empleos, incremento de los precios al consumidor). Además, la medida contradice las esencias del modo de vida americano, aquellas que anteponen la igual de oportunidades a la igualdad de resultados.

-En general, el programa económico demócrata tiende al proteccionismo. Y en el tema del Tratado de Libre Comercio con Colombia, el próximo mandatario norteamericano no ha visto más allá de sus narices. Un asunto particularmente sensible, pues el gobierno de Alvaro Uribe, sumamente popular en su país, representa ya una suerte de iceberg en el mar del radicalismo regional. Colombia, aun sin proponérselo, constituye hoy día un muro de contención contra la hegemonía castrochavista en el continente. Colocar, por activa o por pasiva, a Bogotá en el banquillo de los acusados, negándole el reconocimiento que merece, ha sido de una miopía monumental. No obstante, las recientes purgas en el ejército colombiano, junto a la dimisión del general al mando, podrían inducir a Obama a reconsiderar su actitud.

-Obama constituye un factor de integración de cara a la población negra norteamericana, factor que puede resultar decisivo para que sus sectores marginales digieran una dinámica socio-cultural que hasta ahora han abordado con escepticismo, cuando no con animosidad. Y lo mejor es que Obama no aborda el problema desde los clichés al uso. Como ha afirmado el escritor peruano Mario Vargas Llosa, el discurso del próximo presidente es, en este sentido, de matriz autocrítica: “Nada de victimismos ni lloriqueos, con todas sus limitaciones el sistema es suficientemente flexible y abierto como para vencer el infortunio, progresar y alcanzar unos niveles de vida decentes. Los negros no deben perder el tiempo lamentándose por los horrores del pasado, sino remangarse las camisas y poner manos a la obra”. Se acabaron las excusas.

-Obama clausura el discurso antiamericano. O coloca ante un reto considerable al discurso antiamericano, que a partir de su presidencia deberá hilar muy fino para explicar cómo es posible que un miembro de las minorías, negro –la población negra no rebasa el 12% del total en Estados Unidos- , de padre extranjero y madre divorciada, parcialmente educado en un país musulmán y dueño de una retórica tan atípica como audaz, ha llegado a donde ha llegado. Lo ha dicho él mismo: “En ningún otro país de la tierra mi historia hubiera sido siquiera posible”. Súbitamente el sueño americano, ese del que la izquierda radical se mofa cada dos por tres, se vuelve verificable allí donde confluyen todos los focos. A grandes rasgos, el sistema funciona, es inclusivo, privilegia el mérito y reconoce la diferencia. Y, por si fuera poco, más allá de la acción institucional, las mayorías blancas han dejado definitivamente atrás el lastre racista.

-En lo que respecta a la Cuba profunda, la presidencia del demócrata desmonta el marketing castrista que insiste en una supuesta segregación en Estados Unidos. Con lo cual, indirectamente, el discurso racialmente igualitario del oficialismo cubano queda definitivamente refutado. ¿Para cuándo un gobernante negro en Cuba, donde la población negra y mestiza es desde hace tiempo mayoría? Pero además, ¿cómo hablar de racismo institucional en un país en el que un representante de la minoría negra es electo presidente? Y finalmente: ¿Cómo se las arreglarán los “blanquitos” dirigentes para continuar azuzando a los “negritos” de a pie contra el “Imperio Wasp” si resuelta que el “emperador” ya no es wasp sino, más bien, uno de los “negritos”?

Me gustaría estar hablando de Condoleezza Rice en lugar de Barack Obama, o tal vez mejor, que Barack Obama tuviera más de Condoleezza Rice –como liberal al fin y al cabo, tiendo a privilegiar las opciones más cercanas al libre mercado y la mano dura contra los enemigos de la libertad-, pero Obama es lo que hay, y no hay que temerle al coco. Puesto a escoger entre los pro y los contra, entre cuatro años de presidencia desastrosa –en el peor de los casos- y el acontecimiento histórico que representa la elección de Obama, creo que cabe ponerle luz larga al carro.

El sistema no va a derrumbarse bajo el influjo del presidente número 44 de Estados Unidos. Sé, y con esto no descubro el agua tibia, que durante los próximos cuatro años el país, su sociedad, su cultura, su idiosincrasia, sus infraestructuras económica y política, su diseño constitucional, serán inmunes a las malas artes de Barack Obama, suponiendo que las de Barack Obama fueran en verdad malas artes.

Lo siento de veras por algunos amigos, por aquellos que han perdido el norte forzando paralelismos surrealistas y, sobre todo, por los que temen que el nuevo ejecutivo pueda afectarles en lo personal o profesional. A todos ellos los animo. Es la democracia y es la dialéctica de un sistema revolucionario: el American Way of Life. Estados Unidos no es Iberoamérica.

El café seguirá fluyendo en las esquinas.

Nota al margen: Este blog no será actualizado durante los próximos días, ofrecemos disculpas a nuestros lectores. Esperamos retornar antes de fin de año. Mucha suerte y feliz Día de Acción de Gracias.



Un análisis comparativo en vísperas de las elecciones

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Durante los últimos años, varios Estados destacaron en las elecciones norteamericanas por haber mostrado resultados reñidos, o por considerárseles indecisos, entre ellos Florida, Ohio, Colorado, Pennsylvania, Nevada, New Mexico, New Hampshire, Iowa y Wisconsin. Ahora mismo, todos ellos se inclinan a favor de Barack Obama en las encuestas.

Gallup muestra este lunes, en vísperas de las elecciones, una ventaja de once puntos porcentuales para Obama, probablemente la más alta en lo que va de campaña.

En cualquier caso, el siguiente es un breve análisis comparativo de los comicios estadounidenses en base a la suma de encuestas registradas por el sitio especializado RealClearPolitics. Creo que resulta interesante comparar los resultados electorales por Estados –que en definitiva son los que cuentan- de Gore y Kerry contra Bush, en los años 2000 y 2004, con las tendencias de los sondeos en la actual batalla electoral.

En general, allí donde Bush obtuvo ventajas abultadas en 2000 y 2004, las ventajas de John McCain son “únicamente” sólidas. Y allí donde Bush las obtuvo sólidas, las ventajas de McCain son relativas. Inversamente, allí donde Gore y Kerry vencieron por diferencias abultadas, las de Obama lo son todavía más. Y allí donde en el pasado ganaron los demócratas por estrecho margen, Obama muestra una ventaja consistente.

Así, Bush ganó por amplios márgenes Indiana en 2000 y 2004 (15.7 y 20.7 puntos respectivamente). Sin embargo, la ventaja que otorgan los sondeos al actual candidato republicano es de sólo 1.4 puntos. Por su parte, en pasadas contiendas los demócratas ganaron estrechamente Wisconsin (0.2 para Gore y 0.4 para Kerry), mientras que ahora el senador por Illinois pasea la distancia con once puntos.

En Virginia, donde los sondeos otorgan ventaja de 4.2 al candidato afroamericano, Bush venció por más de ocho puntos porcentuales en 2000 y 2004.

Sólo hay unas pocas excepciones. Arkansas, por ejemplo. Allí Bush se impuso en el 2000 por 5.4 puntos, y ahora McCain lleva ventaja de más de nueve sobre su rival demócrata. O Tennesse y Alabama, donde los resultados de Bush en su primer asalto a la Casa Blanca pudieran equipararse a la tendencia en los sondeos para McCain. Y está Massachusetts, en el cual las ventajas de Gore y Kerry fueron de más de 27 y 25 puntos respectivamente en 2000 y 2004, mientras actualmente Obama supera a su rival por “sólo” 21.3.

No obstante, siempre las tendencias pueden dar un vuelco, o puede sobrevenir un milagro. Veremos este martes.



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Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
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