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Tiempo recobrado

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Tiempo vencido podría titularse Evocaciones, o El tiempo recobrado. Un libro recorrido por la urgencia de los recuerdos, que conducen la narración apenas sin tropiezos, aceleradamente. Con él su autor, Luis de la Paz, vuelve a regalar a sus lectores una obra cimentada en el rigor, la evocación minuciosa y una cadencia estilística precisa, que le aseguran un lugar entre los narradores más importantes del exilio cubano.

Quince cuentos concisos, parafraseando el título de Juan Cueto Roig, conforman Tiempo vencido (Editorial Silueta, Miami, 2009). Un libro veloz que merece ser leído sin prisas. Sobresalen relatos como La pared frente al flamboyán y Después del noticiero –una pieza de antología-, en los que la precisión de una narrativa agobiada, cruda, a ratos implacable, consigue meter al lector en la atmósfera opresiva que recrea, obligándolo a participar de la historia. Otra cosa es La otra cara de la luna, un divertimento impredecible y perfectamente diseñado, como también lo es A la carta, de los cuentos más breves del libro.

Tiempo vencido constituye otro acierto de la editorial Silueta, que dirige en la capital del exilio el escritor Rodolfo Martínez Sotomayor y que cuenta entre sus títulos Veintiún cuentos concisos, de Juan Cueto Roig, y Barrio azul, de José Abreu Felippe, en prosa, y Trilogía del paria, de Joaquín Gálvez, y Como casi nadie sabe, de Carlos Barrunto, en poesía. El próximo 30 de septiembre tendrá lugar el lanzamiento, que nadie debe perderse.

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Jama o muerte, venceremos

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Cortesía Behiquealto

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De la Paz: Salud para todos

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un artículo de Luis de la Paz

No deja de sorprender la reacción de muchas personas ante el plan de salud que propone el presidente Barack Obama. El proyecto sin duda alguna tiene muchos defectos, pero es una muy buena iniciativa. No se puede olvidar que hoy en día sólo existen para la clase trabajadora y los estudiantes costosísimos seguros privados, que en muchas ocasiones son inaccesibles por las altas primas, los elevados copagos y las cada vez más crecientes restricciones por parte de las aseguradoras para aprobar los tratamientos indicados por los galenos y los medicamentos recetados. Estas realidades no se pueden desconocer. Tampoco que, según datos reflejados en la prensa, más de 40 millones de personas carecen de seguro médico en los Estados Unidos.

El debate no es nuevo. Ya durante la administración de Harry Truman, en los años cuarenta, hubo fuertes discusiones cuando se propuso establecer un plan de seguro de salud a nivel nacional. Los críticos de entonces se oponían, como los de ahora, a la llamada “medicina socializada”. No fue hasta 1965, bajo el gobierno de Lyndon Johnson, que se legalizaron los programas de asistencia a la salud, medicare y medicaid, deficientes en muchos renglones, pero que le proporcionan asistencia a muchos.

En las reuniones públicas para discutir el asunto, se ven muchos rostros de personas mayores, algunas ya retiradas y otras próximas a la edad de jubilación. Sin embargo, son las más airadas, las que se manifiestan más intranquilas, argumentando que si se “socializa” la asistencia médica se va a afectar la calidad de la misma, además de estar llevando al país hacia el socialismo y el comunismo. Pero todos los países de Europa y los miembros del G8, que se supone agrupa a las naciones más desarrolladas y prósperas del planeta, disponen de programas de asistencia médica subvencionada por sus gobiernos, y ninguno ha caído en el socialismo o comunismo destructor de las libertades y la vida privada. Por otra parte, los favorecidos en la actualidad por el programa de medicaid y medicare en los Estados Unidos están siendo pagados por el gobierno sin que ello haya afectado sus libertades. Lo que se está pidiendo con el plan de Obama es llevar esos mismos beneficios, o parecidos, al resto de los habitantes de Estados Unidos.

Otros argumentan que el plan de salud rompería el trato médico-paciente. Eso es una burla. Esa relación no existe hace mucho tiempo. La correspondencia vigente es médico-aseguradora y paciente-aseguradora. Tanto el profesional como el enfermo están a merced de los burócratas de las compañías de seguros, que no miran la salud como un servicio, sino como un negocio. Hay que dejar a un lado esa equivocada idea y concentrarse en la medicina como un servicio, no como una industria.

De cualquier manera, el propósito presidencial enfrenta circunstancias difíciles. Si hoy en día una compañía de seguro rechaza a un paciente por tener “condiciones preexistentes”, se niega a pagar tratamientos u objeta cubrir una medicina porque es muy costosa, nada pasa. Pero con el gobierno eso no ocurrirá, porque no es políticamente correcto. Esta situación pudiera conducir a excesos de tratamiento, como ocurre con los pacientes bajo el programa de medicaid y medicare, que, según se ha denunciado, son sometidos a pruebas innecesarias, pagadas por el programa, lo que lo ha estado desangrando. Basta una mirada a la prensa, a los reportes de individuos y compañías encausadas por robos y fraude a los dos programas sociales. Por otra parte, el presidente propone que su plan sea obligatorio y plantea mensualidades individuales y familiares que muchos no podrán afrontar.

Una manera de encarar la situación es estableciendo el programa federal, pero dejando abiertas las puertas a aquellos que deseen continuar con seguros privados. Los costos se podrán mitigar estableciendo un impuesto federal para todos los trabajadores, y otro en las comunidades locales. Esos fondos sólo podrán disponerse para el programa y no se podrían recortar presupuestos ya existentes para la salud. Algo más a considerar sería establecer pagos fijos por servicios médicos y tratamientos, con vista a evitar una espiral de precios.

Los que saben, deben sacar cuentas y hacer sus cálculos. Los ciudadanos deberían sentirse satisfechos de estos pasos. A veces basta una visita al médico, una conversación con un especialista, para sentirse mejor, para derribar preocupaciones y temores.

El debate continuará. Es lo que hace grande a los Estados Unidos. Pero como ocurrió en 1945 con Truman, que fue completado por Johnson, parece que Obama concluirá lo que de manera persistente se comenzó a plantear durante la administración de Clinton. El reto es duro. Los intereses contra los que hay que luchar son muy poderosos. Esperemos que los resultados sean sabios, por el bien de todos.

 



Gloria Estefan y la oportunidad perdida

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Oportunidades perdidas, en Evidencias. De esto, y alrededor de esto, venimos hablando en Cuba Inglesa hace tiempo. Clic aquí y aquí.

Las declaraciones de Gloria Estefan nos parecen cuando menos, y con todo el respeto, desafortunadas. Si queremos enfrentar la censura castrista, valga la redundancia, tenemos que enfrentarla. Si queremos salir y entrar libremente a nuestro país de origen, y no sólo eso, si queremos tener derecho a expresarnos –a cantar- sin cortapisas en Cuba, tenemos que hacer la gestión, denunciar, presionar, aprovechar la ocasión -con la polémica alrededor del concierto de Juanes- para que todos puedan ver y oír quién prohíbe y quién no.

No se vale declarar que la presencia de músicos exiliados en dicho concierto puede provocar violencia. Hay que intentar ir y decir lo que hay que decir: cantar lo que hay que cantar. Libertad. Ya viene llegando. Que digan no Juanes o el castrismo. Que el exilio diga sí. Es nuestra respetuosa opinión.

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Chago: Jama y Libertad: Nota con Pánfilo

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un artículo de Santiago Méndez Alpízar / Chago

Finalmente, ya Pánfilo cumple años de prisión por bocazas y por pánfilo. Un borracho sabe lo que dice en todo momento y Pánfilo estaba deseoso de celebridad. Recordar que, en la entrevista génesis, el entrevistado era otro. Pánfilo era el espontáneo, el que se metía por su pinga, según él mismo, y no escuchaba el reclamo del que grababa: ya Pánfilo, ya

Bailar en casa del trompo, meter el dedo en el ojo de la bestia, coger la curda para encajar verdades le ha costado, a él solito -quede claro-, 24 meses en el tanque. Ya he mandado mi nombre por si se firman cartas y he puesto en mi blog lo indicado para la primera campaña por su libertad: Jama y Libertad: Pánfilo libre. Conste que estoy de vacaciones.

Pobre de mi país, ¡ya encarcelan hasta a los borrachos!

Recuerda a otros muchos Pánfilo. En lo personal, he visto unos cuantos. Todos desencantados, con un pasado comprometido con la ilusión que sospecho fue la Revolución cubana.

Recordé a mi amigo Cherendé, en paz descanse, que había bajado del monte con grados, y que terminó colando alcohol de cocina con clara de huevo, merengue, y pasando el pulgar por Sal ensalivada. La casa de Cherendé se fue vendiendo de a poco: lo primero, los muebles y las camas. Ensanchada, parecía el doble de grande la vieja casa de madera. No tardó en ser espacio de otros alcohólicos, viejas glorias que terminarían sus días con la embriaguez de un quinqué. El Perro Chirino: culto y políglota; más de siete idiomas bien hablados y escritos, solía decir con voz pasada por fuego y cáncer. Daba lecciones a los profesores en los parques y conocía de cine antiguo un rato. Todo eso lo hizo sospechoso de escuchar emisoras extranjeras.

O como el Torito, que sabía del monte mucho, y de aves, y que en el profesionalismo había sido respetado por su pegada y valentía. Torito había boxeado en La Habana, pero fue a finales de los cincuenta y ya sabemos lo que vino luego. No lo superó jamás ni se quiso ir en el ochenta, cuando le dieron a escoger, como a Cherendé: cuatro años de prisión o te vas del país. Claro que cumplieron con sus condenas.

El desempleo y la falta de oportunidades en Cuba, más la testarudez del incapaz y vetusto gobierno para hacer frente a las necesidades básicas de las personas, han convertido a varias generaciones de mujeres y hombres en seres ociosos, machacados por la dureza con que se les presenta el diario.

Pánfilo fue marinero. Viajó, se sintió útil, pero su ilusión terminó desbocada en un vídeo y aprovechada por canales de televisión de Miami, presentadores inescrupulosos, ávidos periodistas, diarios, blogueros… y finalmente dio contra las rejas.

No sé de dónde sacó alguna lumbrera que sería problema para el engrasado mecanismo judicial cubano, castrense, severo donde los haya, poner a la sombra al folclórico Pánfilo de Cuba.

Ojalá y se logre pronto su puesta en libertad, que no es, ni será, nada extraordinario, ni ejemplar, encarcelar a una persona por lo que dice, ni siquiera cuanto está borracha.

Pero si complicado es lograr alguna iniciativa influyente para nombres como Oscar Elías Biscet o las Damas de Blanco, presiento que más lo será para nuestro -¿divertido?- Pánfilo encarcelado.

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El Reducto que los ingleses se negaron a canjear por la Florida

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Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
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