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Vázquez Portal en Hialeah

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La editorial Nueva Prensa Cubana y el alcalde de Hialeah, Julio Robaina, invitan a la presentación este jueves 9 de julio, a las 6:30 p.m., de Velo de cristal, el último poemario del escritor y periodista Manuel Vázquez Portal (Morón, 1951).

La presentación tendrá lugar en la Biblioteca Pública Walker (800 West 29th Street., Hialeah, FL 33012).

El libro, cuya versión en inglés -Cristal Veil- también estará a la venta, será presentado por el historiador y periodista Alvaro Alva. La edición inglesa ha estado a cargo de la poetisa Rachel Simhon.

Vázquez Portal ha recibido el Premio Internacional de Libertad de Expresión del CPJ y el Premio Internacional de Libertad de Expresión Hellman Hammett, de Human Rights Watch. Ha publicado, entre otros, los libros A mano abierta, Del pecho como una gota, Fábrica de antojos, Amar a fondo, Celda número cero y Escrito sin permiso. En el verano de 1998 fundó el Grupo de Trabajo Decoro, de periodismo independiente, y en abril de 2003 fue condenado a 18 años de cárcel por el régimen castrista. Fue liberado en 2004 por razones de salud.

Para más detalles sobre la presentación, usted puede llamar al 305-883-6317. Los organizadores ofrecerán un tentempié.



De Armas: Guevara, misionero de la violencia

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un artículo de Armando de Armas

Ernesto Guevara de la Serna, alias el Che, es uno de los asesinos más feroces que jamás haya parido el Hemisferio Occidental. Pero un asesino de izquierdas, que murió joven y era bonito. Digamos que ni pintado para convertirlo en una especie de santo comunista. Los comunistas no tenían mucho donde escoger, la verdad, dado lo poco atractivos que suelen ser los personajes que han hecho historia bajo la bandería de los rojos. Ni el calvo Lenin, ni el bigotudo Stalin, ni el flácido y verborréico Fidel Castro, muchísimo menos ahora que es un vivo-muerto o un muerto-vivo herido, mortalmente eso sí, de una poco heroica obstrucción intestinal. Ninguno de ellos calificaba para mito.

Pero el Che era otra cosa, al punto que sobrecumplió. Ya no es sólo una marca registrada del izquierdismo mundial, esa enfermedad que, como la tuberculosis en el romanticismo decimonónico, tiene un determinado encanto. Es también una marca registrada del capitalismo mundial, que sirve lo mismo para vender cervezas que camisetas, llaveros que preservativos.

El éxito del Che Guevara ha sido tal que algunos religiosos lo comparan ya, en el colmo de lo herético, con nuestro Señor Jesús Cristo, en tanto espiritistas aseguran tenerlo obrando en sus bóvedas y paleros faenando en sus gangas.

El Che era una nulidad total, y lo era inclusive en aquellos oficios por los cuales más se le conoce: médico, economista y guerrillero. Como médico, el fracaso es tal que algunos estudiosos aseguran que ni siquiera llegó a graduarse de esa carrera, que de estudiante no pasaría. Como economista su mérito, probablemente único en la historia, consiste en haber firmado, al frente del Banco Nacional de

Cuba, los billetes emitidos con su insípido apodo del Che. Como guerrillero llevó a cabo, en la Isla, una invasión de oriente a occidente que en puridad no era una invasión, sino una huída, una incursión donde los combates no se ganaban, sino que se compraban a billetazo limpio a los corruptos oficiales del ejército. Fue derrotado en el Congo, de donde salió huyendo para terminar después, tras breve paso por una Habana en que ya no tendría cabida, en la inhóspita Bolivia. Allí fue capturado y luego muerto, resultado de una estrategia que, al decir del general boliviano Gay Prado, que dirigió las operaciones de su captura, no se le hubiera ocurrido ni a un pobre cabo jefe de escuadra.

El libro Guevara: Misionero de la violencia, de los autores Pedro Corzo, Luis Guardia y Francisco Lorenzo, es un magnifico documento que, basado en el documental Guevara: Anatomía de un mito, acomete la agreste labor de desmitificar al personaje mítico por excelencia, uno configurado de irrealidades, fabulaciones y mentiras. Una, como decía anteriormente, nulidad total. El texto recoge una serie de entrevistas filmadas en el mencionado documental, algunas ampliadas más otras que nunca fueron incluidas en el mismo, de cuyo hilvanamiento va emergiendo la desalada personalidad del guerrillero más famoso del mundo, sobre todo su sello de identidad: la violencia.

Una violencia que muchos han tratado de explicarse, justificar diría, apelando a sofismas que van de la visión consecuente de la necesidad de la lucha de clases asumida por el personaje, al asma padecida por el personaje. Pamplinas. De entre las entrevistas hechas en este libro a

estudiosos y analistas del Che Guevara, víctimas de sus tropelías, o hijos de las víctimas, ex compañeros de armas de la guerrilla, hombres que le combatieron y otros que simplemente se cruzaron en su camino, por azar o destino, emerge la figura de un hombre violento y despiadado, sediento de sangre, como el mismo Guevara se describe en algún momento de su vida. Un hombre que recurre a la violencia no para servir con eficacia a una causa determinada, sino que recurre a una causa determinada para servir con eficacia a su violencia. En eso hay que reconocer que el hombre era perspicaz: se dio cuenta de que si usted quiere ser un asesino en serie y en serio, y por otra parte pasar a la historia como un defensor de los pobres, debe meterse a comunista. Claro, hay que insistir en que Guevara sobrepasó, sobrecumplió con creces, las expectativas.

El Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, que dirige Pedro Corzo, es la entidad que publica este libro y que, por otra parte, ha venido realizando a través del tiempo la meritoria labor de documentar y desmitificar el devenir cubano de los últimos cincuenta años. Labor que sin dudas servirá a los historiadores profesionales del futuro para armar el muñeco de la verdadera historia, o al menos el más cercano a la verdadera historia, de lo que ha sido este tiempo de dominio totalitario, y de lucha contra ese dominio, en la isla de Cuba.

El libro que nos ocupa constituirá un aporte fundamental, dado su incuestionable valor testimonial, a la desmitificación del Che Guevara. A pesar de ello, es bueno advertir, no pequemos de optimismo, que ese mito prevalecerá aún por largo tiempo. Los mitos, ya sabemos, son muy difíciles de desmantelar. No hay ningún misterio en ello. El material de los mitos es inmune a las evidencias, reacio a las pruebas. Frente a ello se deben hacer al menos tres cosas: documentar, documentar y documentar, con la esperanza de que tanto vaya el documento a la fuente que un día, sin remedio, se rompa el mito. Un día quizá lejano en el tiempo aún. Para cuando ese día llegue, hay que decir que Pedro Corzo, Luis Guardia y Francisco Lorenzo hicieron justo lo que tenían que hacer.

Guevara: Misionero de la violencia hace gala de un adecuado manejo de las citas y referencias, de manera que no encontrará el lector afirmaciones gratuitas. Por otro lado, este es un libro sosegado, nada estridente, sin adjetivaciones innecesarias. No obstante, debemos que decir que de este texto se sacan al menos dos conclusiones no precisamente sosegadas, y que pudieran parecer estridentes. O, seamos precisos, al menos yo saco dos conclusiones que no son precisamente sosegadas y que pudieran parecer estridentes: Una es que el gobierno de Bolivia hizo lo correcto al eliminar al Che Guevara: lo convirtió en un mito, pero los mitos no matan: entretienen y punto. La otra es que sentó un precedente, ofreció un método simple y seguro para proceder con estos asesinos en serie con ínfulas de ingenieros sociales, llámense Guevara, Bin Laden, Castro o Chávez: pasaporte al otro mundo para que éste sea un mundo mejor, o al menos más tranquilo.

El libro Guevara: Misionero de la violencia se presentará este jueves 9 de octubre, a las siete de la noche, en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos, en la Casa Bacardí de la Universidad de Miami (1531 Brescia Ave, Coral Gables, Florida).

Las camisetas que ilustran este artículo pueden ser adquiridas llamando a los teléfonos (305) 606-9227 y (305) 490-5602, o escribiendo a tshirtalex@yahoo.com



Salvador Blanco sobre La Tabla

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Dice Armando Álvarez Bravo sobre La Tabla, primera novela publicada de Armando de Armas, que es uno de esos libros que servirá para el futuro “de libertad, democracia y justicia que no acaba de llegar a Cuba, para (…) rescatar y redactar actualizada nuestra verdadera historia… para que fragüe la pendiente posibilidad cubana desde el dominio de nuestra identidad personal y nacional”. Salvador Blanco, por su parte, ofrece su visión de esta magnífica novela en este reportaje de TV Martí:



Tres presentaciones

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Último número de la revista Herencia

La revista Herencia Cultural Cubana, que edita en Miami la asociación del mismo nombre, presentará el volumen 17 de la publicación, número uno de 2009, durante un acto en la sede del Cuba Ocho Art and Research Center, este miércoles 1ro. de abril a las 6:30 p.m.

Durante el acto se le entregará a la pintora Gina Pellón el Premio Herencia 2008, “por su contribución a fomentar los valores culturales e históricos de la Nación Cubana”. La obra de Gina Pellón ha sobresalido en Europa, sobre todo en Francia y los Países Escandinavos.

La recepción será entre las 6:30 – 7:00 p.m. (1475 S.W. Calle 8, Suite 106 y 107, Miami). Se servirán mojitos.

El evento está patrocinado por Herencia Cultural Cubana, en co-auspicio con Calle Ocho Art and Research Center y Ron Caldas.

Cuentos de Cueto, este viernes

La Editorial Silueta y el Centro Cultural Español de Miami presentarán este viernes, a las ocho de la noche, el libro Veintiún cuentos concisos, del escritor Juan Cueto-Roig.

La presentación estará a cargo de los escritores Daniel Fernández y Rodolfo Martínez Sotomayor, director de Silueta.

El Centro Cultural Español está ubicado en la 800 Douglas Road, Suite 170 de Coral Gables.

La entrada es gratis y para más información los interesados pueden llamar al 305-448-9677.

Manuel Sosa y su doctrina, este sábado

BlueBird Editions y Zu Galería (Fine Art) presentarán el próximo sábado 4 de abril a las 8:00p.m., en Miami, el poemario Una doctrina de la invisibilidad, del poeta Manuel Sosa.

La presentación estará a cargo del también poeta Heriberto Hernández.

La actividad tendrá lugar en la sede de Zu Galería (Fine Art) (2248 SW 8th. Street. Miami, FL 33135).

Apuntes Culturales



De la Paz: Medio siglo de Lunes de Revolución (II y final)

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un reportaje de Luis de la Paz

Para los jóvenes escritores Lunes de Revolución significó un medio para estar al tanto de las corrientes artísticas más novedosas de la época. A los intelectuales con una obra publicada les sirvió de vía para poner en práctica nuevos proyectos, como las Ediciones R, creadas por Virgilio Piñera, donde se publicaron importantes libros como Memorias de una isla de Calvert Casey, El país de Ofelia, de Manuel Díaz Martínez, La ciudad muerta de Korad, de Oscar Hurtado y El regalo, de Nelson Rodríguez, escritor que posteriormente fue fusilado. Para el régimen el suplemento cultural se convirtió en un marco de libertad creadora y de opinión que se le estaba escapando de la mano. Por ello, intentaron frenarlo. El descontento oficial con el documental PM fue el detonante para arremeter contra los intelectuales.

Hubo varios intentos oficiales por mandar mensajes sobre el malestar que estaban provocando en el aparato cultural ciertos materiales que se publicaban en Lunes. Matías Montes Huidobro lo señala: “A mí nunca me censuraron nada, salvo mi reseña al montaje desastroso de La ramera respetuosa en el Teatro Nacional, pero no lo vi como algo de cariz político. Hubo en algún momento una vaga sugerencia de que me definiera más en mis ensayos teatrales, pero realmente poca cosa y nunca me censuraron ningún texto”. Sin embargo, existían rumores y temores. Montes Huidobro apunta: “En la reuniones de la Biblioteca Nacional Virgilio Piñera dijo algo así como: «por ahí se corre que va a haber un control de la cultura», o algo por el estilo, que reflejaba efectivamente la actitud de los que nos movíamos en torno al periódico Revolución o Lunes de Revolución. Más allá de esto, no sé lo que estaba pasando. Si uno repasa los números de Lunes y observa aquellos que en el sesenta y uno se dedicaron con mayor énfasis a la contribución cultural de los países socialistas (que a muy pocos en realidad le interesaba y fueron los peores números de semanario), la presión se vuelve obvia. Claro, el asunto PM desencadenó la crisis”, enfatiza.

La crisis con el documental y ciertas fricciones entre los dirigentes culturales y los escritores marcó poco tiempo después el fin de Lunes de Revolución y de la libertad de expresión en Cuba. El punto final a aquella polémica fueron los tristemente célebres encuentros en la Biblioteca Nacional, que han pasado a la historia como Palabras a los intelectuales, donde Fidel Castro sentenció la libertad creativa. En una parte de su alocución expresó: “El problema que aquí se ha estado discutiendo y vamos a abordar, es el problema de la libertad de los escritores y de los artistas para expresarse... El temor que aquí ha inquietado es si la Revolución va a ahogar esa libertad; es si la Revolución va a sofocar el espíritu creador de los escritores y de los artistas”. Y efectivamente esa era la intención del régimen. En el colofón de su discurso sentenció: “La Revolución tiene que comprender esa realidad y, por lo tanto, debe actuar de manera que todo ese sector de artistas y de intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentre dentro de la Revolución un campo donde trabajar y crear y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tenga oportunidad y libertad para expresarse, dentro de la Revolución. Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución nada”.

Carlos Franqui apunta que “durante las discusiones de la Biblioteca fue donde se decide cerrar Lunes. Fueron debates tensos. En ese momento yo llegué al convencimiento absoluto de que Cuba entraba en un sistema de tipo soviético comunista, con el que yo estaba en total desacuerdo, por eso me había ido del Partido Comunista cuando era joven, de manera que tras las reuniones me fui de corresponsal de mi propio periódico, lo que me permitió tomar un poco de aire. Cabrera Infante también sale y algunos números de Lunes los hace Pablo Armando Fernández, que fueron a ensalzar a países comunistas”.

Franqui resalta la actitud de los intelectuales durante las reuniones que tuvieron lugar los días 16, 23 y 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional. “Muchos levantaron su voz contra aquella maniobra. Una mayoría se opuso, algunos de ellos habían hasta estado en la clandestinidad y otros eran milicianos, mientras que grupos católicos, con Cintio Vitier a la cabeza, apoyaron aquellas medidas”, afirma, para luego resaltar: “En la segunda reunión Alfredo Guevara hizo una tremenda acusación contra Lunes, diciendo que éramos revisionistas y partidarios de los polacos, que en aquella época eran la peste de los países comunistas. Yo le pedí a Fidel que se pronunciara sobre aquello y no lo hizo. En ese momento me di cuenta que era Fidel y no Guevara quien estaba detrás de toda aquella patraña”, concluye.

Con Palabras a los intelectuales quedó sellado el destino de la cultura cubana, que desde ese momento tendría que ser fiel al régimen, proletaria y encumbrar el realismo socialista. Muchos escritores se fueron al exilio, otros permanecieron en la isla, pero condenados al ostracismo. Un grupo se plegó al régimen, convirtiéndose en escritores oficiales y oficiosos. Una vez más, lo mejor de la literatura cubana volvió al exilio, como había ocurrido durante el siglo XIX.

Hay un consenso en cuanto al aporte que brindó Lunes de Revolución a la cultura nacional. José Lorenzo Fuentes, que publicó en Lunes su relato El lindero, con el que había ganado en 1952 el Premio Hernández Catá, estima que: “su gran aporte fue dar a conocer las creaciones de aquellos escritores que hasta poco antes carecían de la oportunidad de publicar sus textos”.

Otra opinión totalizadora es la de Montes Huidobro afirmando: “La importancia de Lunes fue extraordinaria. Nunca había ocurrido nada semejante en Cuba: que semanalmente se publicara un suplemento de carácter cultural, con ensayos de peso y una preocupación por la cultura nacional e internacional. Esto no había ocurrido nunca, triste es decirlo, durante la República. Y que además, se pagara por estas contribuciones. Los jóvenes teníamos la oportunidad de entrar en el movimiento de la cultura nacional, aunque sin saber, realmente, los futuros derroteros que la misma tomaría. En lo que a mí respecta, Cabrera Infante y Franqui me abrieron las puertas para que escribiera, y aunque Guillermo fuera un temperamental y tuviera su carácter, frecuentemente difícil, lo cierto es que la nómina de escritores que publicaron en Lunes fue extensa, demostrando su amplitud (a pesar de las polémicas generacionales contra Mañach, Lezama, la estética anquilosada, etcéra), y creo que fue un momento importante en la trayectoria literaria cubana, que dejaba de ser elitista, a pesar del nivel intelectual de la publicación y su proyección de vanguardia. De ahí su legado: un ejemplo de lo mucho que significa la libertad del escritor, y el cierre de Lunes es un vuelco que demuestra lo mucho que significa perderla”.

Héctor Santiago estima: “Lunes venía cargada de ideas, proyectos, mucho talento, y fue víctima de negarse a ser utilizada como un simple instrumento de difusión de las ideas del gobierno. Le dio voz a nombres injustamente olvidados, en ciernes, abrió sus páginas a un fructífero intercambio de ideas, nos reveló la plástica cubana e imprimió trabajos de nuevos pintores. Ese fue su gran aporte”.

A manera de conclusión, Carlos Franqui explica el porqué del cierre de la revista cultural: “Lunes tuvo una grandísima influencia entre los cubanos. Ahí se trataron todos los grandes temas intelectuales y artísticos contemporáneos, pero había un conflicto entre revolución y cultura, y como decía Martí, «la cultura es libertad» y en un sistema que iba acabar con todo, no podía permitirse un vehículo que hablara de libertad. Por eso había que liquidarlo, y lo liquidaron”.

Cortesía del Diario las Américas. Pulse aquí para leer entrevista relacionada.



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Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
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