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Fortún: La utilidad de una Tabla

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La Editorial Hispano Cubana ha tenido el acierto de publicar La Tabla, la novela de Armando de Armas que fuera recientemente presentada en Madrid, y cuyo lanzamiento podremos disfrutar ahora en Miami. En presencia del autor, el libro será presentado este martes 17 de febrero, a las ocho de la noche, por los escritores Armando Álvarez Bravo y Luis de la Paz en el Centro Cultural Español de Miami (800 Douglas Rd. Suite 170. Coral Gables).

Recomiendo adquirir el libro a los lectores exigentes. Creo que estamos en presencia de una de las novelas más importantes de la llamada “revolución cubana” si, como afirma Fortún en esta excelente reseña, se entiende el concepto en contraposición y a Amadís, el protagonista, como un “animal contrarrevolucionario”. Actitud esta última que, de cara al sistema imperante en Cuba, resulta hoy día la única verdaderamente revolucionaria.

La utilidad de una Tabla

una reseña de Denis Fortún

A mediados del año ochenta y nueve -del siglo pasado- Armando de Armas me confesó en Cienfuegos que estaba escribiendo una novela. Luego de saberlo, no dejaba de sorprenderme su cambio y creía yo se iba poniendo muy “raro” mi socio de las andadas. Lo que pasaba a su alrededor, sin preocuparle el sitio o la hora, se empeñaba en escribirlo ya fuera en una servilleta, un cartucho, una hoja o hasta un pedazo de cartón.

Simplemente, me aseguró semanas atrás entre vinos y buena mesa en casa de Idabel y Añel -en lo que celebrábamos su publicación en España-, tomaba notas porque no quería olvidarse de lo que sucedía en su entorno más inmediato. Dos años más tarde –y de ese mismo siglo-, para ser más exacto en el “Café Cantante” que está en Prado y San Fernando, le escuché decir a otro amigo que se leyó en su totalidad una de las primeras versiones del manuscrito de La Tabla, que ésta podía definirse como la novela de la revolución cubana. Claro que entendí las buenas intenciones o el “trecho local” que este “ecobio ilustrado” pretendía darle de manera apasionada al enorme mamotreto que escribió De Armas en medio de una clandestinidad surrealista, con las herramientas más increíbles y a bolígrafo puro. Sin embargo, aunque no estuve conforme con la denominación al intuir en aquel entonces que tal “alias” podía prestarse a confusiones, un exceso de “sentido común” -algo no muy común en mí- me hizo que no refutara abiertamente la opinión de este amigo por el hecho, adicional, de yo no haber empezado a leerla siquiera e, igualmente, por la cantidad de cervezas que nos habíamos bebido.

Pero casi veinte años después (con permiso de Dumas y Gardel), al leer su versión impresa del otro lado de la orilla, pienso en los personajes que la componen, reales su gran mayoría, dispersos ahora por el mundo una buena parte; en los escenarios en que se desenvuelve y asumo, o subrayo en todo caso, que se trata de una crónica que nos muestra la realidad más representativa de aquellos que son considerados marginales dentro de esa revolución por el único acto de no simpatizar y comprometerse con esa “cantera forjadora de hombres novísimos” a los que les anularon su personalidad y convirtieron en un ente monolítico de apariencia independiente, pero colectivista y repetitivo en la práctica.

De La Tabla se puede hablar mucho desde la perspectiva de su redacción y, como otros que la han reseñado antes, no quiero dejar de mencionar que no conozco de antecedentes en la Isla. Considero se desmarca del contexto literario cubano al componerse de dos enormes párrafos de cuatrocientas y tantas páginas que se dividen asimismo en dos aparentes capítulos -que no lo son- en los que el punto y coma, la coma, la retrospectiva y el juego irreverente, ponen al lector en la encrucijada de practicar el ejercicio de la memoria por la obligación de no dispersarse en lo que aparenta ser una constante conversación del personaje, o la opción de renunciar al libro si se carece de interés o paciencia. La primera opción nos obliga a una tolerancia que se agradece al finalizar la novela, por encontrarnos con una especie de “collage” al transitar desde el ensayo hasta la ficción más desgarradora y enconada; lo que presupone un viaje que se asume como un acto que habremos de recorrer, pues “allí” todo es posible.

Ahora, al leerla, reconozco que, mientras me sentía ir loma abajo y sin frenos en una destartalada bicicleta y a una velocidad poco aconsejable, o peligrosa, no podía sustraerme a redescubrir cada “espacio de la ciudad y sus gentes”, en los que se desarrolla una buena parte de la historia de Amadís. La historia de un tipo cualquiera cuya vida transcurre en otra suerte de “velocidad” muy dada al vértigo, que resulta al final un mentís morbosamente lento, cruel, al representar la carencia de un destino. Lo cual se traduce en una falta total de alternativas porque las oficiales, las únicas, carecen de su completo interés.

Armando se nutre de lo vivido en el “noche a noche” de un Cienfuegos provinciano con sus “mayores revolucionarios” sentados en los portales, o aceras de las puertas de sus casas, para refrescarse con la brisa de la bahía y disfrutar también de la poca luz de las farolas de la calle, en lo que se mecen en sus sillones y saludan a cualquiera que les pase por delante con refinada (o afrancesada) cortesía. Pero no se queda ahí, en esa superficie de aparente tranquilidad o sumisión. Debajo del fardo de esas calles rectas y en perfecta simetría habitan “los hijos” repletos de frustraciones, vicios que se suponen erradicados, y una sola esperanza: la de escapar. Así nos “inventa” una novela que recoge su adolescencia, su niñez, su juventud, la primera adultez y, sin orden, escribe lo ya “escrito” por esos que habitan junto a él en un pequeño emporio decimonónico bien retorcido, inmersos todos en una realidad “kafkorrevo” -un adjetivo que me he inventado y con el que pretendo describir a Cuba en general- en la que Amadís se mueve preparando siempre el anunciado escape al amparo de un círculo estrecho y de confianza, pues los “chivas” acechan. Ello deriva en un comportamiento obseso, lo cual “marca” al personaje como un marginal; o mejor para “ellos”, en figura más utilitaria y legislativa, como un animal contrarrevolucionario.

Hablo de una novela que para nada canta al patriotismo exacerbado o pretende ser una denuncia, cuando en efecto lo es por lo que nos narra. Una novela que enseña muy desde la catarsis, por las propias vivencias del autor, las de un joven que decide apartarse de esa forja que no comparte sus “criterios” porque sus aspiraciones están lejos de la epopeya, son simples y personales, y esa patria vampira a la que ha de entregársele la vida si es preciso, sin recibir nada a cambio, que se resume en la figura de su líder, es un ente deformado, intangible, nada afín a su cosmogonía personal. Por lo que el camino que le queda es esa marginalidad en tránsito a la que hacía referencia y se relata en la novela con definida imagen.

Un viaje que empieza en La Habana con destino a Cienfuegos, en el que Amadís va al lado de una puta con marcado gusto por “hacerlo en un tren”, y que finge concluir en el cabaret Guanaroca del Hotel Jagua -digo finge porque esa innegable escapada espera-, se me antoja una foto mural que recoge los vicios, los supuestos alientos, de una juventud para nada revolucionaria, que ha aprendido desde muy temprano que la dualidad es un modo de supervivencia. Una juventud que después de finalizado “el show” se mueve muy distante -con cierta “libertad” pudiera decirse irónicamente- de ese espectro de simulaciones que, de mostrarse sin hipocresía, tal y como sucede en ese espacio cerrado, sería estigmatizada cual lacra por sus actitudes muy contrarias al proyecto. Todos en medio de la oscuridad y recreando luces estroboscópicas como única opción de burla a quien los margina y pretende le obedezcan y les prohíbe vayan a sitios sólo para el disfrute de extranjeros, “capitalistas repudiables” que vacían sus carteras, lo que al final es lo que importa.

Un lugar repleto de lentejuelas y ron es el pretexto entonces para “robarse” una novela que imagino Armando descubrió en sus paredes, en sus cortinas, en el sudor abundante de sus habituales –no se encienden los aires acondicionados si no hay turistas-, en la libido de hombres deseando a mujeres que a su vez desean a otras mujeres, y todos deseando no estar. En los porteros que hay que sobornar –o agredir- para que te dejen disfrutar un buen rato. En la piel de las bailarinas cómplices de una rutina repleta de malolientes y zurcidos trajes, gastada coreografía por el cansancio de noche a noche marcar los mismos pasos, con poco salario, mirando siempre con “coqueta postura” a las mesas donde esté sentado un “yuma”, pues el “pepe” representa una esperanza. En los atriles de una orquesta en ocasiones desafinada acompañando a cantantes que te piden a través de señas o chistes les guardes un vaso de ron para bebérselo al finalizar el “espectáculo”, entre las piernas de “jineteras informantes”. O en los uniformes negro y blanco, y con lacito, de camareros dispuestos siempre a robarte en lo que te señalan con el dedo a unos oficiales del MININT a los que para nada les preocupa se sepa su identidad: su desfachatez es, según ellos, un gancho para la “conquista” en cada una de las dimensiones de una sociedad como esa.

Una novela que me atrevo a apostar -a pesar de no ser yo muy atinado en pronósticos- se ha ganado un espacio dentro la literatura cubana contemporánea por lo que representa, y que bien puede marcar la diferencia al darnos una probabilidad distinta. Su estructura literaria, reitero, la hace completamente novedosa en medio de un paisaje desgraciadamente preventivo, avisado en muchas ocasiones. En medio de una literatura cubana que está divida a todas luces por lo que cuenta: la de “allá”, muy tibia cuando otros la resumen como atrevida y excepcional, que apenas si llega al borde de lo contestatario (ciertamente una letra edulcorada, mayoritariamente apologética, y mutilada en su generalidad al caer en manos de las editoriales oficiales); y la de acá: cruel, desgarradora, por desgracia veraz y muy poco publicitada, pues para muchos no es “políticamente correcta”.

Una Tabla utilitaria por la historia misma que cuenta, que en cada cubano que sale de la Isla es personal y a la vez común. Una realidad que lacera, desarraiga y merece ser denunciada incluso con las herramientas de la ficción, que inevitablemente se alimenta de la existencia.

En la foto que ilustra este post aparecen Armando de Armas y Denis Fortún en la época de la escritura de La Tabla.



El exilio desarmado

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El siguiente artículo fue escrito el año pasado, cuando la actual crisis económica comenzaba a adquirir cierta presencia pero aún no había cuajado, mediáticamente hablando, en lo que es. Por ello el llamado que en él se le hace a las elites miamenses tiene menos probabilidades de sensibilizarlas que las que en su momento tenía, y que de por sí eran escasas. Ya se sabe que con el agua al cuello muy pocos se preocupan por alcanzarte el jabón. Es comprensible.

Pero como recientemente la Revista Hispano Cubana ha tenido la gentileza de publicar el trabajo, y como en el video que cierra este post, cortesía de Libertad Digital, intelectuales de la agudeza de Carlos Alberto Montaner y el periodista español Mario Noya abordan en profundidad su tema central, me ha parecido conveniente reproducirlo.

Cuba Inglesa publicará próximamente una reseña del último libro de Montaner, Cuba, la batalla de ideas,como siempre para no perdérselo (la aparición del libro es el motivo principal de la entrevista en el video). Para caer directamente sobre el asunto que nos ocupa, recomiendo ubicar el cursor hacia la mitad del programa, cuando comienza el diálogo entre Noya y el autor de Viaje al corazón de Cuba.

El exilio desarmado

un artículo de Armando Añel

Durante mucho tiempo mucha gente se ha preguntado cómo es posible que en Miami, la capital del exitoso exilio cubano, no exista una publicación prestigiosa y periódica, de naturaleza político-cultural, que funcione exclusivamente como canal de expresión y debate de la intelectualidad cubana.

También mucha gente se pregunta cómo es posible que en Miami haya tantos escritores y analistas profesionales –no agitadores disfrazados de profesionales- desempeñando labores ajenas a su capacidad, formación y currículo, mientras se desperdicia su talento. Puedo mencionar de carretilla a no menos de diez profesionales del pensamiento que se ganan la vida en esta ciudad trabajando en cualquier cosa menos en lo que deberían estar trabajando a tiempo completo. Algo que está muy bien como experiencia coyuntural –sin experiencia no hay pensamiento-, pero que cuando se sistematiza redunda en perjuicio de todos.

Probablemente las anteriores preguntas no pueden ser contestadas sin pasar por la siguiente afirmación (todo lo desagradable que se quiera, pero que debería ser una y otra vez formulada): El exilio en Miami ha subestimado el papel de la cultura, particularmente de los escritores y analistas profesionales, como impulsores de un cambio político en Cuba.

Cabe señalar que existen y han existido en Miami diversas páginas en Internet de calidad, como también publicaciones impresas, centradas en la temática cubana. Pero ninguna –salvo quizá en breves períodos- ha tenido el apoyo institucional o empresarial, la proyección y el alcance de que han disfrutado sus similares en Europa. Comparativamente hablando, se trata de un fenómeno preocupante: ¿Cómo es posible que en una ciudad donde reside casi un millón de cubanos, una considerable cantidad de los cuales ha triunfado económicamente, no exista una publicación impresa y/u online con suficientes recursos a su disposición, que canalice sistemática y exclusivamente, con profesionalidad y a través de los años, la riqueza del pensamiento exiliado?

Ya está aquí la era de Internet, que el régimen castrista no podrá ignorar durante mucho tiempo, y Miami debe prepararse desde ahora para influir decisivamente en el intenso debate político-cultural que esa realidad traerá consigo. Sólo a través de la cultura –aunque no únicamente- puede ser desmontando el totalitarismo. Sin ánimo de generalizar y/o simplificar, probablemente sea eso lo que le ha faltado hasta ahora al exilio en Miami: Una comprensión cabal y profunda del papel central que está llamada a jugar la cultura en la causa de la libertad de Cuba.

Estados Unidos no es un país en el que, por tradición, el Estado subvencione el pensamiento, sobre todo eso que nuestros mayores llaman “humanidades” (cosa no criticable per se: el estadounidense oriundo, incluso nacionalizado, dispone de espacios académicos y gremiales a los que por razones obvias los cubanos inmigrantes no están en condiciones de acceder con facilidad). Tampoco la intelectualidad exiliada cuenta con un gobierno formalmente constituido, y con recursos, al que acudir en esta ciudad. Por tanto, necesita el apoyo de la sociedad civil. Es preciso afirmarlo categóricamente, a ver si nos enteramos: Mientras esta realidad no sea asumida a cabalidad por las elites miamenses –políticos, empresarios, activistas, filántropos, etcétera-, el castrismo seguirá en el poder.

Si Miami no invierte inteligentemente en el pensamiento cubano y sus profesionales en el exilio, ¿cómo esperar que la cultura cubana, sus profesionales y consumidores en Cuba vean un referente en Miami, ese espejo en el que le toca mirarse a la Isla? No se trata de sobreestimar la importancia de escritores, periodistas y analistas: se trata de entrar con suficientes pertrechos en una “batalla de ideas” que en Cuba financia a todo tren el régimen de Fidel Castro. Los enemigos de la libertad, a noventa millas de las costas de la Florida, tienen a todo un Estado detrás que los retribuye y subvenciona. ¿Qué tienen detrás los defensores de la libertad en Miami?

Si de algo puede vanagloriarse el régimen castrista es de haber comprendido, ya desde sus inicios, el rol fundamental que están llamados a desempeñar el pensamiento y sus escribas en la “guerra fría” ideológica. Ya lo advertía el italiano Antonio Gramsci, y en Cuba lo han aplicado muy bien: la clase política necesita valerse de la intelectualidad para transmitir ciertos valores culturales, hasta asentarlos socialmente. El exilio, y me refiero al centro neurálgico del exilio –Miami-, no debe continuar desarmado.

 



Dos celebraciones

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En Pepinistas, José Gabriel Ramón Castillo inaugura una nueva sección, Ventana cívica, abierta “a todo el que quiera colaborar en aras de divulgar la realidad cubana y la lucha de los cubanos por el establecimiento en suelo patrio de la Democracia y el Estado de Derecho”. Del primer artículo, firmado por Marta Beatriz Roque, es este fragmento:

“El escenario en que se desenvolverá el anuncio (de la muerte de Fidel Castro) y cómo se expondrá el cadáver, son sendas incógnitas, difíciles de imaginar; sin descartar el poder movilizativo que ha tenido y sigue teniendo el gobierno, lo que permitiría extender a lo largo de la Isla la ceremonia fúnebre, y también concentrar el pueblo en las plazas de la Revolución de cada provincia y/o municipio.

“No obstante, la mayoría de los opositores bien conocidos internacionalmente piensan que en ese momento ellos serán sacados de la circulación, para evitar cualquier contaminación con el pueblo. Al igual que los presos políticos serán aislados en sus respectivas prisiones.

“¿Y acaso no habrá que cerrar los lugares de expendio de bebidas alcohólicas, porque también habrá quien quiera adquirir su botellita de ron, para celebrar, escondido en su casa?”.

El artículo completo aquí.

Bluebird celebra aniversario de Padilla

Este martes, Bluebird Editions y Tabacos Padilla (fábrica de tabacos, tienda y salón de fumar) celebran el 77 aniversario del natalicio de Heberto Padilla con la presentación del libro Casi de memorias, de Vicente Echerri. La presentación estará a cargo de Belkis Cuza Malé.

La actividad tendrá lugar a las seis de la tarde en la 1501 SW 8th. Street., de Miami.



Raza y poder

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A continuación, un fragmento del ensayo El hijo de Bárbara, de Miguel Cabrera Peña, que en su momento publicara la revista de temas afrocubanos Islas. Cabrera Peña, enfocándose en la figura del político y periodista santiaguero Lino D’ou –representante por Oriente a principios del siglo pasado-, introduce en este segmento del ensayo una problemática no suficientemente abordada por la ensayística cubana. Y qué mejor ensayística que la cubana para abordarla.

Una vez más agradecemos la gentileza de Islas, particularmente de su editor, el profesor Juan Antonio Alvarado. Los interesados en adquirir el último número de la revista o comunicarse con su editor, pueden hacerlo a alvarado@afrocuban.us

El hijo de Bárbara

fragmento del ensayo homónimo de Miguel Cabrera Peña

Es sabiduría común que el poder siempre hizo suya la belleza física, transformando en fea la alteridad, otro medio de dominación. Es también una de las concreciones de la proyección del miedo al otro del que escribiera Edward Said. Tal miedo frecuentemente se suele parapetar tras la descripción aparentemente objetiva y científica del discurso. Ser construido como de la raza fea constituye una humillación y una oscura opresión psicológica. Contradictoriamente, la hegemonía –masculina desde luego–, buscará invariablemente limpiarse de obstáculos el camino hacia las mujeres de la raza supuestamente fea. Otro problema es que la fealdad como construcción histórica impide al subordinado el acceso a una gama considerable de puestos de trabajo.

Por muchos lustros, por ejemplo, mujeres negras no tuvieron acceso como vendedoras en las tiendas de La Habana. Hoy también escasean –negros y negras– en los medios televisivos, en el cine nacional, en sitios de presencia pública en el turismo y, desde luego, en los puestos donde los dividendos son mayores en esta actividad. Algunos expertos, sospechosamente cercanos al régimen de La Habana, sostienen que se ha avanzado, pero estoy convencido que no lo suficiente para que el logro se acerque siquiera a lo definitivo en un asunto que, como el prejuicio en general, ostenta un alto potencial regresivo. Fernando Ortiz, Alberto Arredondo, René Betancourt, Alejandro de la Fuente entraron en el prejuicio estético, pero tal vez falta la pesquisa, específicamente cubana, que trate de emular la profundidad del Frantz Fanon de Piel negra, máscaras blancas. En esta ambición, Masking Hispanic Racism: A Cuba Case Study, de Miguel de la Torre, marca un hito.

En clásico del periodismo nacional, Lino D’ou describe a uno de los jefes mambises más descollantes: Guillermón Moncada. “El general Moncada era un negro gigantesco, bello ejemplar de la raza etíopica, probable descendiente de la tierra de los fula, de quienes han dicho los viajeros –según la expresión de Golberry– que los cuerpos de los negros fulas, recuerdan los perfiles de la estatuaria griega”.

Apenas amerita análisis la resistencia que aquí se evidencia desde la raza estéticamente subalterna. La reminiscencia sobre la estatuaria griega no busca más que colocar la estética física del negro al nivel del máximo canon, y ello dicho por un intelectual también de Occidente. El pasaje del libro de Golberry respalda lo descrito con la autoridad de la institución. Sin duda que sabía D’ou lo que se traía entre manos.

La descripción significa un elogio a la belleza no ya de la negra, sino del negro, aún más denigrado en este aspecto. Téngase presente que el paradigma del negro como ente feo se construyó –también- para alejarlo de las mujeres blancas. No sobra apuntar que este modelo se forjó en la hegemonía y el poder, pero también en prácticamente todos los estratos sociales, incluso entre los negros, afectados psicológicamente en su identidad.

No por gusto Fanon, en el libro citado, inscribe un punto del discurso paralelo con la discriminación estética. Habla este discurso del pene que eclipsa a la persona en el negro, dueño de una sexualidad propia de la jungla. Tal pene se quería alejado de la vagina de la civilización. Otra vez el miedo, un miedo contradictoriamente voraz, como la conciencia epistemológica que critica Jean Paul Sartre.

Desde su eminencia política, José Martí fue quien más golpeó a la hegemonía en este sentido, pero no teorizando sobre el tema ni acarreándolo a los confines más modernos de Fanon, sino enseñando una belleza “otra”, haciéndola visible en sus cuadros, sus pinturas de palabras. No sé de documento literario cubano que esté aquí a la altura de sus Diarios. Es el mismo camino que anda Lino D’ou.



Comité organiza celebraciones por aniversario del natalicio de Lezama

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Agradecemos la gentileza del escritor Armando Valdés-Zamora, que nos ha hecho llegar la siguiente nota de prensa. En ella se anuncia la constitución de un Comité Organizador de cara a las celebraciones por el aniversario 100 del nacimiento de José Lezama Lima. Los dejo con la nota textual:

Textual: Constituyen Comité Organizador por el natalicio 100 de José Lezama Lima

El 19 de diciembre de 2010 el mundo literario celebrará el aniversario 100 del natalicio de uno de los grandes escritores del siglo XX, el cubano José Lezama Lima (La Habana,1910-1976), cuya obra poética, narrativa y ensayística enorgullece al idioma español, representa un desafío estimulante para los lectores de cualquier latitud y recibe cada día nuevas exégesis valorativas.

Un grupo internacional de estudiosos y traductores de sus textos ya constituye un plural e interdisciplinario Comité Organizador, que comienza a preparar el homenaje a una de las voces singulares de las literaturas de habla hispana.

El Comité, bajo un espíritu inclusivo abierto a cualquier punto de vista debidamente argumentado, inicia con suficiente antelación los trabajos preparatorios, al tener en cuenta que fundaciones, editoriales, universidades, ferias del libro y entidades culturales, preparan sus agendas por lo menos un año antes. Lo mismo ocurre con escritores, académicos, traductores y personalidades culturales, que necesitan planificar su tiempo con holgada anterioridad.

Entre las ideas que se vienen discutiendo, y para algunas de las cuales se cuenta con suficiente apoyo, se hallan la edición y reedición de sus principales libros de poemas, ensayos, novela, cuentos y correspondencia; así como de estudios fundamentales sobre su obra, compilaciones de bibliografía y traducciones. También se contempla la organización de concursos con su nombre, la constitución de clubs de lectores, la celebración de coloquios académicos y la culminación con un gran congreso mundial, en diciembre de 2010, que incluye conferencias magistrales a cargo de relevantes intelectuales. Entre los invitados estarán Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Álvaro Mutis, Juan Goytisolo, Sergio Ramírez...; conocedores del autor caribeño, como Carlos Monsivais, que ya alienta decididamente el proyecto.

El Comité Organizador cuenta con el apoyo de Eloísa Lezama Lima para todos los efectos legales y para coordinar las celebraciones, de modo que no se interfieran entre ellas. Al agrupar a los principales lezamistas de todo el mundo, organizará y fundará la Asociación de Estudios Lezamianos. También brindará ayuda a cada una de las iniciativas que surjan, con independencia del país, de su carácter privado u oficial, de cualquier ángulo exegético. La misma ecumenicidad que caracterizó la vida y la obra de Lezama, anima el empeño de rendirle tributo, por lo que se evitará cualquier forma de sectarismo, regionalismo, egoísmo, discriminación o hagiografía.

Como parte de esa confraternidad, del diáfano tributo al Grupo Orígenes, se le extenderá una invitación a Fina García Marruz y Cintio Vitier, figuras centrales de aquella constelación; también se aprovechará la efemérides para propiciar la lectura de sus obras, así como las de Eliseo Diego, Gastón Baquero y Virgilio Piñera; que junto a Lezama forman el sexteto clave de la legendaria promoción.

Aunque el Comité Organizador terminará de conformarse en el primer semestre del 2009, así como el de los patrocinadores, entre los propulsores de esta convocatoria, por orden alfabético, se hallan: Eliana Albala, Harold Alvarado Tenorio, Pablo de Cuba Soria, Irlemar Chiampi, Eliseo Alberto de Diego, Hugo Figueroa Brett, Iván González Cruz, Gustavo Illades, Adriana Kanzepolsky, Remedios Mataix, Margarita Mateo, Carlos Monsivais, Idalia Morejón, Julio Ortega, Alejandro Palma, Pedro Ángel Palou, Benito Pelegrín, Umberto Peña, José Prats Sariol, Carmen Ruiz Barrionuevo, César Salgado, Enrique Saínz, Pío E. Serrano., Víctor Toledo, Armando Valdés-Zamora, Josely Vianna Baptista y Jorge Volpi. Los interesados pueden escribir a:

opusicaro2010@yahoo.com.mx



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Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
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