Actualizado: 27/05/2022 14:24
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LA COLUMNA DE RAMON

Carta a Batman

En Cuba se están acabando tus primos los murciélagos, y todo por el sofrito.

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Nocturnal, osadio y recurrente Batman:

Una noticia grave despierta en mí esos instintos inferiores que aplastan el patriotismo. La ecología me sobrepasa. La patria, lo que se dice patria, es cuartería y potrero por donde marchan, dando voces, hordas de truhanes aplastando hierbajos y bichitos que son, en realidad, la única esencia que nos queda, junto con la esencia de fresa. La patria es, como lo estás adivinando, esa guachipupa llamada con cariño "líquido de freno".

Sé que me acusarán por anti patriota. No importa. Toda mi vida he sido antihéroe y anti higiénico; anti fascista y antípodo; antigubernamental y antillano. Por eso te convoca mi boca, te llamo al llano, te reclamo una mano: en Cuba se están acabando tus primos los murciélagos.

Y todo por el sofrito, no te digo yo. Hay dos cosas fundamentales para que un país se haga país y hasta crezca, según mi abuela Brígida Severiana María Clorinda: la levadura y el sofrito. A un país le comienza a escasear la levadura y está frito.

Había una cueva cerca de Matanzas. La cueva se salvó de la campaña antimajases que hizo una vez Felipe Blanco. Allí vivían, felices y en letargo, al abrigo de las protuberancias cavernosas, millones de murciélagos. Y que digo millones, miles de congéneres que congeniaban. Hasta podría decirse, como el maestro: "tiene en letargo su abrigo…". Esos cientos de rumiantes dormían tranquilos colgados del techo, con la tranquilidad de los jamones.

Nadie osaba bin laden interrumpir sus dulces sueños a pesar de que por encima de sus posaderas —iba a decir de sus cabezas, pero el murciélago duerme al revés en victoria— le pasaban carretas y carretones —tracción animal—, marchas y contra marchas —tradición animal—, oleadas de milicianos, miríadas de reclutas, marejadas de marineros en tierra, el Ejército Juvenil del Trabajo que antes fuera la Columna Juvenil del Centenario —el centenario está a punto de cumplir ochenta pero anuncia que seguirá esforzándose—, Hinos, Camberras, Leylands, camiones Ziles —un camionero es una especie rara de terrorista que se refiere a su medio de transporte como "Mi zil"—, bicitaxis, visitantes, visigodos. La tierra tiembla, la roca suda, el guano se convierte en guaniquiqui. Y el murciélago firme ahí, haciéndose el mamífero.

Mas, de pronto, sorpresivamente, de forma inesperada y artera, comenzó a invadir aquella mansa furnia el olor retozón y picante del sofrito, como lava hiriente, residuo del agua con que se lavan los cacharros y calderas de una cercana industria local. El murciélago, que ve un poco menos que Ray Charles, pero se las huele todas, alzó la astada cabecita y se dijo: "Aquí hay gasto encerrado". Y empezó a cavilar cuál era la mejor manera de extinguirse por carambola de tres bandas. El más inteligente de la manada hizo rápidos cálculos renales —el murciélago pertenece, de manera lejana, a la familia de los renos— y vio lo que le esperaba con esta fórmula matemática: sofrito=cucaracha=tumulto=relajo vigueta=desaparición de alimentos, que, quitándole el sofrito, es idéntica a la fórmula del socialismo.

Y así fue. Los murciélagos decidieron que el clima político iba poniéndose cada vez más en su contra y decidieron lanzar su lema: emigrar o morir. Como el ratón con alas no tiene lo que se dice mucha habilidad en la fabricación de Objetos Flotantes No Identificados, botes de remo, balsas, yates de recreo o artilugios de cabotaje, se decidieron por lo segundo, y se armó el goteo. El murciélago daba al techo, pero comenzando desde el piso. Y las cucarachas se dieron banquete para satisfacción de los mosquitos, que es un enemigo natural del murciélago, o viceversa.


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