Actualizado: 05/10/2022 21:23
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La columna de Ramón

Carta al tractor Piccolino

¿Qué genio te llevó a la Isla para aclimatarte como ave endémica? ¿Sería el mismo cerebro malvado que adquirió aquellas barredoras de nieve que no han podido usarse aún?

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Efímero, flamígero, diminútico tractor Piccolino:

La primera vez que te vi me subió una admiración abrumadora a todo lo ancho y largo del territorio nacional. La segunda, fue demoledora. Con dos palmos de altura veía tu carrocería anaranjada como puede ver un enano del Bronx la amplitud de una limusina. Con dos palmos y medio comencé a preguntarme cómo carajo se iba a arar un país tan complicado, orográfica e ideológicamente, con ese volumen de insecto. Era la época violenta y bella de la batalla del insecto grado.

Luego me hice maestro, que es hacerse acreedor, aunque algunos se hicieron, por voluntad propia o por simple desbalance numérico de neuronas, creedores. Yo no. El monstruo de la duda perenne, como la bacteria de la lascivia, empezó a abrirse campo dentro de mi, y sufría cuestionándomelo todo. Así pude observar tu perfección de miniatura en los campos de fresa para siempre, viendo mecanizarse dolorosamente a aquellos guajiros del futuro que acomodaban a duras penas sus huesos montaraces en tu cilindraje. Algún día habrá de estudiarse cuántos casos de almorranas provocó tu aparición en el paisaje... Oh, tractores piccolinos, cuántas hemorroides se escribieron en tu nombre.

¿Qué genio te llevó a la Isla para aclimatarte allí como ave endémica? ¿Sería el mismo cerebro malvado que adquirió en remate aquellas barredoras de nieve que no han podido usarse aún? ¿Por casualidad fue el que atiborró el paisaje criollo de pizzerías, haciendo que la lasagna desplazara al ajiaco y a los tamales con pica y sin pica?

¿Sería el personaje que intentó hacerle científica camancola a Charles Darwin cruzando vacas prietas con toros rojos, holandesas con argentinas, leche con carne, y se olvidó de una fruta tan sabrosa y autóctona como el pan con lechón? ¿Fue un plan oculto para advertirle al cubano de a pie que la economía del futuro iba a rebajarse a esa altura? ¿Eras la ñapa amable que los italianos embutieron tras una gran compra de espaguettis? ¿Chi lo sa? ¿Chang Li Po? Hay de todo en ladilla del señor.

Un reporte de esa etapa le pone la tapa al resorte: "Se organizaron escuelas. Dos cursos de tres meses para injertadoras, tres cursos para técnicos en café, un curso para operadores de pequeños tractores...". Tanto curso tirado por la borda, caramba. Al final, los injertadores no supieron jamás injertarse en otros países con naturalidad, los técnicos en café olvidaron, lentamente, el verdadero sabor del néctar, que es como si dijéramos el néctar del néctar. Nos injertaron otras viandas en el moropo y tú, mi pequeño tractor, te hundías en los surcos y en el tremedal de la convulsa historia, con la histeria que provoca no estar a la altura de las circunstancias.

Muchos años después, casi frente al pelotón de fusilamiento de una grave crisis intestinal, nuestro Aureliano Maldía fue notificado del hallazgo del símbolo perfecto que había perseguido siempre: una vaca enana... ¿Fue construida genéticamente siguiendo las instrucciones del piccolino? ¿Eras tú el padre putativo de ese rumiante portátil? Me asombra y confunde. En un país donde el gran Mangatario ha intentado hacerlo todo a la burdajada, objetos tan pequeños no me encajan.

Hurgando en la historia mientras me hurgaba la nariz hallé algo que explicaba ligeramente la incongruencia: en la década del sesenta, el Inventor Jefe padeció una incurable crisis de endogamia. Se dedicó apasionadamente a lo de adentro, y mientras mas empeño ponía en lo interior, lo exterior florecía. Tras el fracaso de aquella zafra monumental —verdadero monumento a la Imbecilidad Humana— se le pasaron las fiebres del desarrollo de la Isla y se dedicó a proyectar el todavía verde atolón hacia el mundo. Así pudo ocuparse de lo de afuera con absoluta tranquilidad, y los de adentro respiramos tranquilos una temporada.

He aquí la explicación científica de tu aparición en las praderas cubanas. Lo explicó Él mismo ante una audiencia delirante por esa comunión sexual que se establecía con el Jefe, lo que reafirma mi hipótesis de que existen formas de la locura muy contagiosas. Lo sexual viene dado por el año en que soltó estos delirios. Entonces Él y su pueblo practicaban el 69 en pleno 1969: "En todo el país para la próxima primavera no habrá que sembrar una mata de caña, toda la caña de 1970 creciendo. El año que viene estará sembrado el Cordón completico. No quiere decir que el trabajo se acaba: mucho lo harán las máquinas".


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