Actualizado: 25/01/2022 14:16
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LA COLUMNA DE RAMÓN

Carta a Carlos Puebla (II)

El gobierno de Socotroco tiene la mezquita más grande: mezquita la comida, el tiempo, la casa, mezquita todo.

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Populador y trovadichero Carlos Puebla, parte two:

En el capítulo anterior vimos cómo el materialismo dialéctico, bajado con líquido de freno —de nombre científico guachipupa de fresa o fresadus guachipupis—, daña las membranas del hipotálamo, la corteza hípica del gran simpático y algunas semicorcheas. Hoy, dedicaremos la lección a mostrar cómo puede uno congraciarse con el Estado y perder el norte. A un Estado como el Estado cubano, que cree haber llegado a un estado de satisfacción terminal y que es solamente un estado de parálisis, y que cree haber estado en todos, eso de perder el norte es lo que más le halaga. En definitiva el norte es revuelto y brutal; para revueltos y brutos, los de adentro.

No me demoro más, que estoy ya vestido de no smoking jiar y le entro a su masiva producción con un serrucho. Hay algunos creadores con los que no vale la segueta fina, y mucho menos el escalpelo.

Le imagino en aquellos años heroicos en que la prensa reflejaba cada día eventos extraordinarios. Era un tiempo agitado, de esperanza y confusión. Luego se fue Esperanza y nos quedamos todos confundidos. Era un tiempo de sucesos que aún salían en la prensa. Era un bregar diario. Era convulso. El tiempo, no usted, que después del desayuno se ponía a cazar titulares y a decirse: "A ver, Carlos, ¿a qué le metemos hoy con el mismo ritmito?". Y así, con un dedo en la tinta y una mano en la tonta, le metía mano a la noticia ensayando unos acordes. Luego le ponía su letra acorde a los acordes y a las circunstancias.

Por ejemplo, un día de octubre abrió el periódico y dijo: "¡Coño, desapareció Camilo!", y ahí mismo tensó las cuerdas y le fue saliendo, digestivo y enervado, un canto solemne y soñoliento que tituló, con asombrosa imaginación: Canto a Camilo. Lamento que no lo hubiera trabajado más y le colgara algunos adornitos poéticos más internacionales, como este proverbio y cantar de Antonio Machado, adaptado a circunstancias más acuáticas, que dice: "Caminante, no hay Camilo; se hace Camilo al nadar". Pero no, que era usted de composición lenta y directa, y la inspiración pasaba por numerosos tamices y tapires. Tal vez no lo hizo pensando que Machado había sido un dictador. Un asno con garras.

Así se le adelantó el Socotroco Mayor, que se paró en un atril y disparó su tropo desquiciado para que los cintillos de la prensa recogieran la frase al día siguiente —la prensa ha sido tan dócil con el Socotroco que a veces publica frases suyas el día anterior a que las haya dicho—.

Así le robaron el impacto con aquella burrez que anuncia que en el pueblo hay muchos Camilos, como adelantando nuestra condición de ahogados. Años más tarde, esa descalabrada frase fundamentó la recogida de dinero circulante y la batalla contra los macetas enriquecidos, y no se vio un billete de veinte pesos con la sonriente estampa de Cienfuegos en varios meses.

Era como un juego. Usted se le adelantaba al sentimiento de la cúpula y ésta hacía ver que aquello era el sentimiento del pueblo, que cada día iba sintiendo menos, y se lo sentía. Después el mecanismo se perfeccionó, aunque pasó primero por momentos bastante torpes donde "te encargaban" determinado tema, y hasta incentivaban tu patriotismo con una charla, una manita sobre el hombro o un rifle de ron nacional. Más tarde no hizo falta, y los cantores se inspiraban espontáneos, adivinando los vericuetos del pensamiento del Socotroco y sus Socotroquitos, adelantándose a las convulsiones cupulares.

No era difícil. Las canciones con sedimento patriótico responden a un esquema simple que puede circunscribirse a diez conceptos inamovibles:

-Somos un pueblo heroico.
-Siempre hemos sido un pueblo heroico.
-Mira que han abusado de este pueblo heroico.
-Somos los más cabrones y los más heroicos.
-Hay que ver lo heroico que somos.
-Si el mundo no se da cuenta de lo heroicos que somos es porque pertenecen a la CIA.
-Vamos a demostrarle a los demás lo heroicos que somos.
-El que no sea heroico no pertenece a este pueblo.
-A pesar de ser heroicos, sabemos ser simpáticos.
-El Comandante es el más heroico de este pueblo heroico.

Si uno no se sale de esas novedosas y espléndidas ideas, garantiza un producto sólido, emocionante, que tal vez no quede en los anales sinfónicos de la humanidad, pero que se emitirá por radio y televisión hasta el cansancio. Si se tiene la picardía de agregarle algunos toques de orgullo ecológico, al estilo de "no hay otro cielo tan azul como mi cielo", escrito en período entre huracanes, y se humanizan montañas y valles, y se militariza un poco el medio ambiente, haciendo de pantanos, árboles y arrecifes unos ejemplares combatientes, pa' qué decirle, es el súmmum y el derrame cerebral de patrioterismo. A veces basta con un disparate geográfico: hacer el Turquino más alto que el Himalaya. Y las masas cabalgan al son de ese himno que les identifica, olvidándose de otras masas más suculentas.

Sin pretensiones, sin aspirar al nombramiento oficial de profeta, casi inocentemente, embriagado por las mieles fermentadas del triunfo, usted había lanzado dos grandes verdades con aquellas guarachitas levemente infectadas del sarampión del optimismo: Y en eso llegó Fidel y Llegó el comandante y mandó a parar, similares en el verbo y en el efecto devastador que provocaría. No se dio cuenta del rumbo de Rambo. No olisqueó el fin del Delfín. No visualizó la profecía de la porfía. Murió sin enterarse de que Cuba se acercaba, imperceptible pero firmemente al islamismo. Contra Superman, Batmán y Spidermán, un criollo Musulmán.

Las claves estaban ahí fuera y pocos se dieron cuenta. La noticia andaba en el viento desolado de las batallas y sólo los elegidos lo advirtieron. Escasos han sido quienes, emocional pero no de manera consciente, le cantaron. A continuación paso a enumerar los puntos en los que me baso para esta atinada y atrevida afirmación, que hace al pueblo cubano parte indisoluble del mundo islámico. Adelantaré los más notorios:

-El cubano vive en un desierto.
-El cubano se transporta mediante camellos.
-El árbol nacional es una palmera.
-El cubano eleva oraciones no menos de tres veces al día, mirando hacia otro lado (¿A la Meca?).
-La isla sigue igual: islamisma.
-No hay más Dios que el Bla blá blá y Socotroco es su Profeta.
-Los que no crean en eso son infieles. Es más, los demás son todos unos infieles. Y más que infieles, infideles.
-Los califas y los jeques viven mejor que el resto.
-Se ha perseguido al cristianismo.
-La arena es cada día más importante.
-Nadie sabe cuántos se Irán.
-Si Miami no viene a uno, uno se va para Miami.
-La patria es la suprema Madraza.
-Hay un pueblo llamado Victoria de Las Dunas.
-Las marchas del pueblo combatiente son como el Mar Rojo (¿no serán el Mar Muerto?).
-Quienes repiten, controlan y hacen cumplir la palabra del Socotroco en provincias, son Imanes. Sólo hay que ver cómo les atrae la voluntad de hierro del Socotroco.
-Los cubanos sacuden de vez en cuando a sus mujeres.
-Las Tribunas Abiertas son las mezquitas.
-El gobierno de Socotroco tiene la mezquita más grande. Mezquita la comida, el tiempo, la casa. Mezquita todo.
-Todos los cubanos andan con un turbante invisible: la radio, la prensa y la televisión los turban.
-Es uno de los países donde se quema más petróleo.
-Todos los cubanos llevan velo: no ven lo que pasa en otras partes del mundo.
-Todos están preparados para la guerra, mi santa.
-Medio Oriente está en La Habana.

Estos son, hasta ahora, los elementos más perceptibles de mi tesis. Agreguen que la carne de puerco sube de precio cada día y que ya existen zonas donde hay que ir a buscar agua a un lejano oasis, y ya redondearán mi idea. Mas, somos caribeños, que es sinónimo de impredecibles. Aún subsisten rasgos de otras religiones, como la hinduista: las vacas son sagradas.

De que ya están allí, y hacia eso va el país, no hay dudas. No llegaremos a la ablación del clítoris, pero sí a su ablandación. No comeremos dátiles por inútiles. Desaparecen los que tienen iniciativa privada, y quedan sólo los privados de iniciativa.

Todo eso venía en el trasfondo de su cantaíto. Pasó de la sátira política a la satrapía.

Y luego se nos fue, dejando un disco que tituló o le titularon Complicidad, mire qué sintomático. Y hay que aguantar todavía, por ahí, por este mundo que debía ser más ancho, toda esa monserga barata de "el sol de tu bravura" y "la histórica altura".

Yo le estoy, sin embargo, agradecido. Creo que me fui para no escucharlo más.

Desde el medio de cualquier bodeguita,
Ramón