Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Humor

La soledad a los cien años

Incluso embalsamado, el Comandante podría ser la mayor garantía de la felicidad de los cubanos.

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Por ejemplo, hace poco vi una entrevista de 1959 con Edward Murrow en la que el Comandante hablaba en un inglés que no tenía nada que envidiarle al de su tocayo, el cacique sioux Caballo Loco. En esa entrevista declaró que sólo se afeitaría la barba cuando hubiera cumplido su promesa de darle a Cuba un buen gobierno. Y de veras que no ha faltado a su palabra, como podrán comprobar mirando cualquier imagen del Comandante.

Eso me indujo a hacer un cálculo de cuánto tiempo le quedaba en el poder. Contando a partir del próximo 13 de agosto, cuando cumplirá ochenta años, le quedarían al frente del gobierno de la Isla 19 años y 364 días, ni un minuto más ni uno menos. Porque de lo que se trata es de cumplir su promesa sin perder un día en la tarea de darle felicidad a su pueblo, como venía haciendo, por ejemplo, con su revolución de las ollas.

Claro que nunca está de más sugerirle que debe apresurarse porque si le ha tomado 47 años conseguir que cada familia cubana tenga una olla, para la durísima tarea de llenar esas mismas ollas, 19 años parecen poquísimos. Aunque tampoco es aconsejable que se esfuerce demasiado.

Si consideramos esa ecuación que iguala la felicidad con los deseos de emigrar divididos por el área del carro que las personas se van a comprar en su lugar de destino, dentro de 19 años en la más infeliz de las ciudades cubanas, Miami, no va a quedar espacio por donde manejar.

Y la verdad es que no imaginamos qué va a hacer el Comandante solo en la Isla con tantas ollas. Porque si el Comandante se empeña en proporcionarle a sus compatriotas tanta felicidad como hasta ahora, cuando cumpla cien años no tendrá que renunciar para ser fiel a su promesa sino por falta de quórum. Uno se puede imaginar cómo después de que apaguen el Morro todavía el Comandante estaría soplando sus cien velitas.

En medio de esas reflexiones, llegó la noticia de la operación a que fue sometido el Comandante, la cual, en nombre de todos los humoristas que lo imitan —que esperan acogerse a la Ley de Ajuste Cubano— y los viejitos que hablan por la radio de Miami, espero que sea un nuevo éxito de la ciencia cubana (aunque sea de la taxidermia). Incluso embalsamado, el Comandante podría ser la mayor garantía de la felicidad de los cubanos.

Lo único que sugeriría es que ahora que ha trasladado su octogésimo cumpleaños para el 2 de diciembre (demostrando una vez más que lo de las fechas es lo de menos), aproveche ese mismo día para celebrar su centenario y así pueda renunciar en paz con su conciencia. Creo que todos nos lo merecemos.


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Fidel CastroFoto

Punto de vista. (OMAR SANTANA)

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