Actualizado: 11/12/2019 10:35
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Coyuntura, Economía, Crisis

Cuba: presidente designado «decreta» la felicidad de la miseria y la represión

No hay plan económico para salir de la situación, sólo medidas administrativas de ajuste y la represión continua a mansalva contra la sociedad civil independiente

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Con la “neolengua”[1] de la élite política y militar y de su prensa oficial, decididamente impresentable, el presidente designado atiborra de palabrería vacua a los lectores y televidentes cautivos, y les asegura que hay “Plan estratégico” para salir de la inseguridad energética. No hay ningún plan concreto ni a corto y mediano plazo, ni estratégico, para lograr la seguridad energética del país. Si existe alguno, que lo dudo, porque el plan para la seguridad energética implica un cambio estructural del sistema económico en el cual, la capacidad productiva del país pueda financiar con sus exportaciones, las importaciones necesarias de combustible, si algo de esto existe, es “secreto” y el gobierno no da señales de ningún cambio en su política económica, sino todo lo contrario. Esta es una de las tantas nefastas consecuencias de no tener contrapeso el poder en Cuba.

Es un problema endémico de la dictadura cubana, con 60 años, las fluctuaciones en las crisis del necesario combustible para la sobrevivencia y el desarrollo. Durante 30 años el estalinismo tropical contó con los subsidios soviéticos, luego con la “colonización” de Venezuela lo mismo durante 19 años, pero la dictadura estalinista nunca ha enfrentado el problema de asegurar la necesidad de petróleo para el país con recursos propios, y no sólo al 40 % como dicen asegurar por explotación propia, sino al 100 % de sus necesidades de sobrevivencia y desarrollo. Hoy mucho más de 80 países importan petróleo sean productores o no y no sufren crisis cíclicas con el abastecimiento de combustible. Se logra la seguridad energética con la capacidad económica de sus economías. Esta claro: economía que no produce no puede comprar petróleo en el mercado mundial.

Este “jineterismo[2]” de la dirigencia cubana, ha sido alertado certeramente por Luis Almagro, secretario de la OEA, y buen conocedor de la realidad cubana, pero también ha sido analizado por el excelente especialista, profesor Carmelo Mesa Lago, en su trabajo fundamental: “Cuba, 60 años de dependencia económica extranjera”[3] Cuba no ha vivido de su capacidad productiva, que no tiene por su sistema estalinista en la economía, sino que ha dependido, en los últimos 60 años del subsidio de otros gobiernos y la depredación de sus empobrecidas poblaciones como la soviética y la venezolana.

Para el presidente designado “el plan” es: “Cuba mantiene relaciones con muchos países de todos los continentes”, “hoy tiene un comercio más diversificado que en los años 90s” “si en peores condiciones hemos obtenido la victoria hoy lo lograremos”. Sin embargo, nadie ha podido contabilizar y el gobierno no lo dice, el número de muertes en Cuba en toda la década de los años 90s por inanición, polineuritis, ausencia de transporte, apagones en todo el territorio y en los hospitales, ausencia de ambulancias, medicamentos y paralización de la industria y la agricultura. Es un irrespeto a la población escuchar que el presidente enarbola el período de mayor hambruna y paralización del país como una “victoria”. En todo caso la “victoria” tendría apellido: El gobierno cubano se mantuvo disfrutando “las mieles del poder” mientras la población languidecía frente a la hambruna y la paralización del país. El presidente designado está en la “continuidad” de burlarse de la población, gracias al monopolio estatal y la modaza de todos sus medios masivos de comunicación.

“Plan” de ajuste administrativo y no de medidas económicas. La burla a la población cubana.

Dice el presidente designado:

—“Plan contra plan como planteó Martí”

—“En las circunstancias actuales el plan se basa en premisas y principios de trabajo”:

—“Pensar como país y como Cuba por encima de las decisiones particulares o grupos de personas y lograr la comprensión del pueblo”.

—“Trabajar con valentía. No hay que coger miedo. La belleza está en lo retador de las situaciones. Activarnos y pensar diferente, proponer soluciones que se puedan hacer con valentía, inteligencia, creatividad, sin lamentaciones y seguros de que vamos a superar algo como esto”.

—“Pensar y actuar distinto. Generar respuestas nuevas a problemas que no son nuevos, pero se presentan en escenarios nuevos y particulares. Pensar con soltura a cosas que podemos hacer”.

—“Tomar experiencias en cuanto a soluciones como el transporte, desplazar los picos de consumo eléctrico”.

“Este es un momento donde hay que informar al pueblo la importancia de su participación”[4].

Resulta verdaderamente irrespetuoso e incompetente que, con medidas leoninas de ahorro y paralización del país, el presidente designado defina un supuesto “plan” en el que sólo habla de categorías éticas (ausentes en todos los funcionarios públicos) y de disparates como “pensar como país” algo imposible en una dictadura estalinista, que amordaza a la población, reprime todo disenso y viola todos los derechos humanos sin posibilidad de reivindicarlos y justiciarlos en el país. Resalto que el supuesto “plan” se reduce a que los ciudadanos permitan los atropellos del gobierno y, además, con optimismo. La dirigencia del país no sólo nos toma por tontos sino, además, por un pueblo de masoquistas.

El “decreto” de la felicidad

Dice el presidente designado lleno de júbilo esquizofrénico:

“Nuestro pueblo seguirá siendo feliz, laborioso, creativo, alegre y bromista, incluso en la situación más difícil. Con optimismo renovado nos entregamos a encontrar solución. ¡Aquí no se rinde nadie! Esas palabras están en nuestras voluntades. El mundo nos verá y admirará en la misma medida en que verá y condenará a nuestros adversarios. Hoy son tiempos de patria muerte”[5]. Todos los ciudadanos del mundo protestamos por esta manía de los presidentes sea en México o en Cuba de “decretar” la felicidad de una nación cuando sólo sus necesidades personales y de su grupo están satisfechas. Es abrumadoramente irrespetuoso y de filosofía de matón de barrio contra las poblaciones que dirigen.

Según el presidente designado los cubanos han entendido mayoritariamente las medidas administrativas de ajuste y dice que eso le reporta la institución de “Opinión del pueblo” que ha hecho encuestas. Recuerdo, mientras era profesora en la Universidad de la Habana, durante 17 años, ver a los profesores militantes del partido sentados mirando al techo, frente a un modelo a rellenar con la “opinión del pueblo”. No preguntaban a nadie sino que inventaban con nombres reales o ficticios, la supuesta adhesión de los ciudadanos a los disparates de turno del PCC. En Cuba no existe opinión pública permitida, existe la opinión pública independiente al PCC que es la única que habla del país real, y por eso toda la prensa alternativa independiente no tiene respaldo legal y la trasnacional es censurada oficialmente por el gobierno.

El “plan” ha dejado de existir para el gobierno que no tiene salidas a las situaciones, siempre en estado de emergencia, económicas, políticas, sociales, culturales y civiles. Las soluciones todas vienen de los análisis críticos de los economistas cubanos en primer lugar del profesor Carmelo Mesa Lago y de todos los restantes economistas cubanos que siguen alertando al gobierno de las posibles soluciones sin ser escuchados. Las soluciones al empobrecimiento cultural, la libertad de creación intelectual y cultural, el respeto a los derechos civiles y políticos las tiene la sociedad civil cubana independiente, los opositores, los creadores artísticos opuestos al decreto 349 y 373, los periodistas independientes y profesores y estudiantes repudiados por discrepancia política en los últimos 60 años. La agenda del poder pasó hace treinta años a los discrepantes todos: La agenda de los temas, problemas y soluciones las tiene la sociedad civil independiente, no el gobierno cubano. Las soluciones a la pobreza mayoritaria, la ineficiencia, las represiones y el desarrollo las proponen acertadamente los ciudadanos, no el poder.

La dictadura estalinista cubana y el presidente designado y su gobierno no tienen “plan” para salir de la crisis estructural desde hace 30 años, pero la ciudadanía tiene todas las soluciones y respuestas para solucionar todos los graves problemas acumulados en el país. Un día después de dejar de ser una dictadura estalinista y convertirse en una república martiana el diferendo EEUU-Cuba desaparecerá. Todo el resto es la “neolengua”[6] y las bayonetas de la dictadura cubana que nos lega la necesidad imperiosa de una nueva campaña de alfabetización en el país para retomar nuestra lengua materna con el sentido universal de las palabras.

Marlene Azor Hernández es Consultora del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, sede en Madrid, y doctora en Ciencias Sociales y Humanidades por la UAM, México.


[1] Es necesario crear un nuevo diccionario para la neolengua cubana: “el plan” son medidas de ajuste contra la población y no medidas económicas para resolver el problema. “El plan” no tiene acciones concretas económicas y límite de tiempo para cumplirlas. El plan siempre se hace de espaldas a la demanda y si se cumple o no se cumple no tiene consecuencia alguna para los decisores. Ergo la palabra “plan” tiene un contenido semántico universal diferente para la nomenclatura cubana. La definición en el diccionario de la neolengua cubana, debería ser: plan: palabrería vacua para desinformar sobre la responsabilidad de los funcionarios públicos en los desastres y aciertos del desempeño de sus funciones.

[2] Jinetero, jinetera. Vocablo local para designar a los que ejercen la prostitución en Cuba.

[3] Carmelo Mesa Lago, Cuba: 60 años de dependencia económica extranjera, 2 de abril de 2019.

[4] “Presidente de Cuba anuncia medidas para la coyuntura energética del país” en Granma.cu, 11 de septiembre del 2019.

[5] “Presidente Díaz-Canel informa medidas coyunturales ante situación energética de Cuba” en Cubadebate.cu, 12 de septiembre de 2019.

[6] “El término y contenido de la «neolengua» aparece bien definido en la novela de George Orwell, 1984. Se trata de resemantizar el léxico habitual y convertirlo en un arma de dominación del partido único contra los ciudadanos. Eliminar la riqueza del lenguaje, simplificarlo, eliminar radicalmente algunas palabras y a otras, darles un nuevo significado; todos son procedimientos para generar una nueva manera de nombrar un mundo alternativo al real, impedir un pensamiento discrepante y asfixiar la autonomía ciudadana”. Ver en Marlene Azor Hernández, “Democracia y derechos humanos: la «neolengua» del gobierno cubano y sus intelectuales orgánicos”, Pág. 70, del libro “Las ciencias sociales en contextos autoritarios: producción académica, censura y represión en los escenarios post Guerra Fría”, 2018, de esta coedición Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) Foundation for Human Rights in Cuba (FHRC) Universidad de Guanajuato Centro de Estudios «Alonso Lujambio» (ITAM), de acceso libre en Internet.