Actualizado: 18/10/2021 10:15
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Sociedad

Desde el fondo de una cueva

El periodismo independiente estrena dos publicaciones, 'Amanecer' y 'El Cubano Libre'.

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A finales del pasado año 2006, dos nuevas publicaciones digitales independientes llamaron la atención desde la Isla. La primera, Revista Cubana Amanecer, llegó desde Ciego de Ávila. La otra, El Cubano Libre, desde la localidad costera de Antilla, en el norte oriental.

En primeras instancias, ambas son confirmación de una realidad que el régimen no puede soslayar: cada vez son más los ciudadanos que han perdido el miedo a hablar, sobre todo cuando hablar significa denunciar los atropellos de una longeva dictadura y solidarizarse con sus víctimas, las cuales, en número creciente, van dejando una estela de comprensión y respaldo, dentro y fuera del país, que rebasa lo político para abrirse al reclamo por irrenunciables derechos pisoteados a diario en calles y cárceles.

Y, de hecho, los celosos gendarmes del partido único no soslayan esa realidad, sino que por el contrario, le prestan especial atención. Por ello reprimen sin descanso a sus líderes y colaboradores, como continuidad de una práctica policial ejercida desde los primeros meses de 1959. Sólo que en aquellos tiempos iniciales existía un extendido entusiasmo por un proceso inmediatamente anegado en sangre y ambición caudillística, que si hoy se mantiene en pie es gracias a su férreo manto totalitario.

Amanecer y El Cubano Libre son expresión de la necesidad del derecho a la libre circulación de la información que se niega a los cubanos desde hace casi medio siglo. Gracias a las eficaces mordazas del régimen de La Habana, es poco lo que pueden declarar sus hacedores sobre el futuro de ambos magazines.

Quizás no logren avanzar más allá de estos primeros intentos, pero ambas ya inscribieron sus voces para exigir libertad y democracia para una Cuba que, "cual viuda", sigue pasando ante los ojos del mundo y sufriendo su añeja cuota de dolor.

Amanecer es el órgano de la Fundación Cubana de Derechos Humanos, que preside el abogado avileño Juan Carlos González Leyva. La revista la dirige desde Banes la joven Liannis Meriño Aguilera, quien ya destaca como periodista independiente y activa opositora, fundadora del proyecto Jóvenes Sin Censura. Alrededor de esta publicación se agrupan varios periodistas y activistas de diversas zonas de la Isla, todos convencidos del poder de la gota que lentamente corroe el muro de silencio del castrismo.

Sus páginas combinan la urgencia denunciante de la información y la reflexión comedida del editorial, el comentario, la entrevista y la crónica. La escuela del periodismo independiente es un barrio, un parque, una calle donde apalean a un disidente, y su bibliografía es todo lo que no dicen los medios oficiales. Muchos arman y guardan sus textos en el disco duro de sus cabezas y otros se dan por satisfechos si tienen un simple lápiz y un pedazo de papel.

Así se hace periodismo digno en la Cuba de hoy. Lo hacen también en Antilla, pueblo pesquero próspero ayer, que ya perdió la cuenta del tiempo transcurrido desde que un barco tocó su puerto por última vez. La desidia del régimen acabó con las esperanzas de los lugareños de mejorar económicamente, pero no alcanzó a matar en muchos de sus hijos el deseo de dignificar el presente. Por eso surgió allí El Cubano Libre, verdadero continuador de aquel insurgente que desde el fondo de una cueva y en la manigua reclamó libertad a los colonialistas españoles.

Algunas exigencias

A los gestores de ambas publicaciones cabe hacerles también algunas exigencias: no se puede descuidar jamás la formación intelectual, ni el rigor de la escritura periodística. Muchos de los textos publicados arrastran evidentes problemas de redacción, que casi llegan a oscurecer el mensaje.

No creo que nadie deba escudarse detrás de las precarias condiciones en que realizan su labor casi heroica para justificar lagunas formativas, ni tampoco alegar que el principal soporte de su trabajo diario es la radio. No. El periodismo libre de Cuba no puede prescindir ya de estas voces que claman sin temor desde lo más profundo del laberinto represivo nacional, pero estas páginas cumplen a medias su rol si no enaltecen el calibre de lo que con justeza se exige: libertad.

Igualmente, es perentorio que el documento digital en formato word o PDF puesto a circular vía correo electrónico sea más ligero, en aras de que pueda llegar con mayor agilidad a un mayor número de destinatarios, especialmente dentro de la Isla. Es excesivo e innecesario que el documento de Amanecer tenga más de tres megabytes. ¿Por qué atiborrar de grandes fotos de paisajes en color un magazín que sólo con textos y algunas fotos periodísticas cumpliría cabalmente su encomienda?

Cierto escritor fabuló una vez que en el mundo existen dos memorias, la boba y la viva. La boba se alimenta repitiéndose letanías a sí misma. La viva, en cambio, nace cada día desde lo que fue y contra lo que fue.

Los grises periódicos del régimen nutren su memoria del pasado trasquilado. Pobres ellos por vivir de espaldas a su propia realidad. Intentos como Amanecer y El Cubano Libre valen porque apuestan por aquello que renace a diario: la aspiración de escoger nuestro propio camino hacia la libertad.