Actualizado: 19/06/2024 16:42
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Sociedad

La crisis del paternalismo

Sustitución de refrigeradores en la Cuba real: ¿Ayudar a los más desprotegidos, o ahorrar energía y endeudar a las familias con el Estado?

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Hace poco más de un año adelanté en Encuentro en la Red algunas valoraciones sobre las motivaciones, particularidades y efectos que rodeaban la determinación gubernamental de distribuir a capricho efectos electrodomésticos inaccesibles para la mayoría de la población, a tenor de las condiciones socioeconómicas del país.

En aquel momento, llamé la atención sobre las posibles repercusiones de este nuevo diseño, caracterizado por el más rancio voluntarismo igualitarista. Han transcurrido varios meses de ese programa de distribución extensiva y ya son palpables los efectos de la última campaña, que ha puesto en tensión gran cantidad de recursos materiales y humanos y desatado el conocido andamiaje propagandístico del gobierno.

Una vez más, las autoridades de la Isla demuestran un muy particular e interesado criterio del bienestar y hacen el caso omiso de siempre al libre albedrío de los ciudadanos.

La campaña se desarrolla de espaldas a uno de los principales cometidos de la función gubernamental, a saber, proveer y apoyar a los sectores más desprotegidos y vulnerables de la sociedad. Útiles en extremo necesarios, como ventiladores, refrigeradores, aparatos de aire acondicionado y televisores, sólo se distribuyen a los núcleos familiares que puedan entregar a cambio un equipo del mismo género que funcione.

El objetivo de esta nueva iniciativa no es abastecer a las familias que han visto caducar sus equipos, víctimas del tiempo y el desquiciamiento económico de los últimos tres lustros, ni a quienes, por razones obvias, no pueden enfrentar los exorbitantes precios del mercado dolarizado (en Cuba, un equipo electrodoméstico alcanza el doble del precio que en Estados Unidos o Europa, sin contar las abismales diferencias de poder adquisitivo).

El único propósito del gobierno es garantizar el ahorro de energía eléctrica, a partir de la distribución de enseres supuestamente más modernos y eficientes. Por tanto, según el diseño en práctica, la familia que no consume energía por no poseer determinado equipo, queda fuera de la distribución del mismo. Lo dicho nos ha colocado ante el increíble espectáculo de ver convertir en chatarra miles de refrigeradores en perfecto estado, mientras muchas familias carecen de tan necesario utensilio.

La deuda eterna

Después de muchos años de alimentar la escasez y el mercado negro con la más rancia ineficiencia económica y todo género de restricciones, el gobierno aparece otra vez como padre benefactor y milagroso. Parece limitar su visión de calidad de vida a la posesión de unos cuantos enseres y cacerolas vacías, las cuales cumplen además el "útil" cometido de convertir a todas las familias en deudoras del Estado durante mucho tiempo.

Una vez más, el nuevo "beneficio" está teñido por la imposición a que estamos acostumbrados, puesto que la electrificación obligatoria no deja opción ni alternativas: se complementa con la retirada del servicio de gas licuado a las familias que utilizan este derivado como combustible doméstico.

Otro tema complejo en este proceso de venta-distribución es el de los precios. Los ciudadanos, además de no poder escoger el modelo de sus nuevos equipos y no tener idea de qué garantías implica la reciente adquisición, deben erogar una parte considerable de sus limitados recursos para pagar la deuda contraída.

Este desfase entre el poder adquisitivo y los costes de la nueva oferta contrasta con los miles de aparatos de televisión y reproductores de vídeo que el gobierno ha obsequiado a naciones como Venezuela y Bolivia, con el fin de servir de soporte a las campañas de alfabetización que allí se desarrollan. De hecho, el alto liderazgo del país se prodiga en donaciones, mientras cobra a los pensionados cubanos un alto por ciento de sus ingresos por los efectos electrodomésticos que les vende.

Respuestas populares

Como es de esperar, esta manera tan poco ortodoxa de cubrir las necesidades, que anula la potestad ciudadana, da la espalda a los mecanismos comerciales y persigue reservar al gobierno la determinación última sobre los mínimos detalles de la vida de todos los cubanos, trae inmediatas e indeseadas consecuencias económicas, sociales y tecnológicas.

En primer lugar, ha aflorado una crisis a causa de la demora y el poco entusiasmo demostrado por muchos para cubrir la deuda contraída. El asunto parece revestir cierta importancia, puesto que un gobierno tan ajeno a la transparencia informativa ya ha dedicado al tema espacios y comentarios en los medios de prensa oficiales.

Está por ver qué providencias tomarán las autoridades para lograr recoger los millones de pesos que implican la mencionada deuda, si se tiene en cuenta que no será tan fácil poner en práctica los tradicionales mecanismos de coacción y represión —tan efectivos cuando se trata de mantener control sobre individuos o grupos localizados— para "persuadir" a decenas de miles de familias a las que se impuso la reposición de sus añejos equipos por decisión e interés gubernamental.

Como el máximo líder persiste en reducir la realidad a la dimensión de sus criterios y deseos, siempre con la ayuda de sus colaboradores —especializados en decirle sólo lo que él desea escuchar—, la electrificación de la vida doméstica se inició sin emprender la necesaria sustitución de las antiguas y deterioradas redes de conducción de electricidad. Esta situación ha provocado recurrentes problemas con el voltaje en varias localidades, lo que ha obligado a restablecer la distribución del servicio de gas licuado a los consumidores afectados.

Varias inquietudes e interrogantes rodean este proceso, más complejo en la práctica que en la concepción ideal de sus promotores.

¿Hasta dónde llegarán los conatos de corrupción y "desvíos" que protagonizan los trabajadores sociales, principales responsables de la distribución? ¿En qué medida afectará la repartición la extendida y hasta ahora insoluble cadena de impagos? ¿Están garantizadas las capacidades de reparación y mantenimiento para los cientos de miles de equipos electrodomésticos que pretende vender la dirección del país? ¿Qué sucederá cuando nos golpee un fenómeno meteorológico tropical que afecte el sistema de generación eléctrica?