Actualizado: 11/12/2019 10:35
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Sociedad

La otra universidad

Masividad inoperante, calidad en picado y cuerpo acrítico: La nueva aventura educativa de Fidel Castro.

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Un titular a todo trapo en las páginas del diario Juventud Rebelde lo anunció hace unos días: "Seremos millonarios en graduados universitarios". Se refería concretamente al recién clausurado Primer Encuentro Internacional de Universalización de la Universidad 2006, que reunió en La Habana a más de 2.000 delegados extranjeros, incluyendo 130 ministros de Educación.

Un plenario tan nutrido podría ser tomado como señal de que los tiempos han comenzado a cambiar definitivamente para las llamadas élites académicas y sus conceptos. Para decirlo más claro: una universidad nueva está naciendo bajo los mandatos de un liderazgo insólito, en cuya cabeza se han situado Fidel Castro y Hugo Chávez.

Plantearlo así sería desconocer los nada modestos avances del pensamiento docente universitario en las naciones del denominado Primer Mundo, pero es lo que puede sacar en claro un espíritu despierto que impávido asista a este otro evento organizado para la izquierda mundial desde esta capital. También la universidad capitalista deberá ser blanco de reformas, según los dictados de la petroalianza caribeña.

Pero el caso es extrañamente interesante. En Cuba se han venido promoviendo cambios en la enseñanza general, a los cuales no han estado ajenas las universidades. En este evento se dio a conocer que la Isla cuenta con más de 300.000 estudiantes, distribuidos en 3.150 sedes municipales. Por su parte, el ministro venezolano del ramo explicó a la prensa que "la educación universitaria, por efecto de las nuevas tecnologías, se está convirtiendo en un bien movible y vendible" y apuntó también que los países pobres "deben implantar la internacionalización de la educación superior con esquemas propios".

Más carencias

Ya no se trata de la permanente recontextualización de aquel eslogan que anunciaba: "la universidad es de los revolucionarios", ni de maniobras gubernamentales para detener la fuga de maestros hacia otros empleos mejor remunerados, como sucedió en los años noventa. Se trata en realidad de organizar a todo tren un bien montado y eficaz operativo de tráfico de cerebros, puestos en función de los intereses populistas y demagógicos de Fidel Castro.

Ya es harto sabido el amplio inventario carencial de la enseñanza bajo este régimen. El ejemplo reciente de un estudiante cubano que logró acceder a una maestría en un alto centro estudiantil británico, lo atestigua: el joven de la Isla quedó sorprendido cuando en una de las asignaturas que versaba sobre el concepto de esfera pública de Habermas, les entregaron una serie de textos que criticaban tal concepto.

Partamos de ahí: jamás un estudiante cubano ha podido reconocer la validez de un aparato crítico que vaya en contra de lo establecido en los manuales escolares que edita el Estado. Ante una carencia —otra más— tan extendida en nuestro país, asistiríamos al triste espectáculo de un sistema educativo monolítico y por ello tambaleante, aunque parezca a algunos paradójico.

No puede defenderse por sí solo un cuerpo acrítico, cerrado a los cauces del diálogo, atado en su condición de isla dentro de otra isla, amordazado ante la posibilidad del intercambio y el flujo de ideas. Marx no puede estudiarse sin Gramsci, y todo el pensamiento posterior a Lenin cayó en Cuba en un agujero negro. Althusser todavía está marcado por revisionista en círculos académicos. Ergo: no existen. Son esos y no otros los rasgos que reserva Fidel Castro para la nueva aventura educativa a favor de los oprimidos del planeta.

¿Hace falta anunciar como falsa la temible aspiración del millón de universitarios? Cuando menos es demagógica, eso lo sabemos. Pero en Cuba hace mucho tiempo que entraron en crisis las expectativas de los jóvenes en relación con los estudios universitarios. Los problemas con la calidad de la enseñanza crecen, los claustros profesorales se las ven negras para lograr su completamiento, las dificultades con el empleo aumentan paulatinamente y la escasez de materiales de estudio actualizados es enorme (no hace mucho, en un manual sobre comunicación, aparecía por primera vez un texto de Paulo Freire).

De la universidad nueva en Cuba, habló hasta José Martí. No es un tema original. Pero de algo habrá que estar seguros: su futuro en democracia no transita por los delirios de un binomio de moda. Fidel Castro está pensando en grande en relación con la expansión continental de sus ideas sobre la enseñanza universitaria. No pocos profesores en la Isla ya se frotan las manos a la espera de una nueva oleada de misiones que aseguren algún bienestar a corto plazo.