Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Reportaje: Economía

La pesadilla del transporte

El 'camello', la 'botella' y los altos precios compiten entre sí en la odisea para trasladarse en Cuba.

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Bañada en sudor, la multitud se empuja, algunos se insultan, otros meten mano, roban y hasta salivan: bienvenido a un viaje en "camello", el autobús inventado en los años noventa para sortear una crisis de transporte que Raúl Castro señaló como un serio problema para atender con prioridad.

"Te subes al camello por una puerta, y cuando te bajas por la otra estás embarazada de tres meses", dice a la AFP un cubano de unos 50 años para resumir la experiencia de viajar estrujado entre unas 300 personas.

"Por eso los cubanos le llaman 'Película del sábado por la noche', porque contiene lenguaje de adulto, escenas de sexo y violencia", añade.

"Lo peor es la apretazón. Hay quien se te pega porque no tiene más remedio, pero hay quien se te pega con intención", asegura Yusleidy, una estudiante de 17 años que se escapó del colegio con sus amigas para pasear por La Habana, mientras intenta esquivar el salivazo de otra pasajera en pleno trayecto hacia el barrio del Vedado.

La odisea comienza a veces antes de subirse al "camello", sobre todo en los horarios "pico", de mañana temprano y después de las cinco de la tarde. Hay una enorme cola para quienes van de pie, y otra para quienes van sentados.

Llegar a trabajar en hora requiere tiempo y paciencia. Quienes se animan a llevar bolso, lo aprietan contra el cuerpo. Algunos hombres sudorosos se arriman a las mujeres solas, y sostienen la mirada.

El costo del "camello", no obstante, es imbatible, incluso para sueldos en pesos cubanos: apenas 20 centavos (0,007 dólares). Viajar en guagua o autobús común cuesta cinco veces más, un peso cubano (0,05 dólares), mientras un viaje con un "botero", en taxi particular con rutas fijas, en general Ladas destartalados que cargan a varios pasajeros por el camino, cuesta de 10 a 25 pesos cubanos (0,5 a 1 dólar). También hay taxis "clandestinos" que cobran un poco menos que los "boteros".

Antes que subirse a un "camello", muchos prefieren "coger botella", o autostop, incluso para trasladarse de una provincia a otra.

La 'gravedad' del problema

El gobierno admite la grave situación del transporte en la Isla, que atribuye al embargo estadounidense por los obstáculos para la compra de vehículos y repuestos.

"Hemos estado a punto de que colapsara todo el transporte como consecuencia de todos estos años de deterioro. (Solucionarlo) lleva muchos recursos, tiempo, infraestructura y disciplina rigurosa", dijo en diciembre Raúl Castro, al mando del país desde hace cinco meses, mientras su hermano Fidel convalece de una cirugía.

Designado bajo el gobierno interino de Raúl para atender y reanimar un sector de "prioridad", el nuevo ministro de Transporte, Jorge Luis Sierra, anunció una mejora gradual del transporte de carga y de pasajeros en 2007, con la compra de unos 200 autobuses chinos, 50 de la marca Mercedes Benz, de segunda mano, y 344 autobuses escolares, para el traslado de trabajadores.

Según cálculos aproximados, una ciudad como La Habana requiere unos 3.000 ómnibus para satisfacer la demanda de la población, pero actualmente ni siquiera llega al medio millar. Santiago de Cuba, la segunda ciudad de la Isla, necesita unos 500, pero no consigue tener una treintena.

Fuentes disidentes apuntaron a Encuentro en la Red que la entrada de nuevos equipos de transporte no equivale a la solución del problema, porque, por ejemplo, el gobierno ha encarecido en un 300% el precio del servicio interprovincial. ¿Más viajes o menos viajeros que pueden pagarlos?

No son pocos los cubanos que piensan que incrementar el precio del pasaje, hasta lo insostenible, no va a mejorar la situación del transporte, sino que encubrirá el verdadero problema: "la imposibilidad del Estado de continuar asumiendo una actividad que debería estar en manos privadas".

Algunos ciudadanos conservan los grandes coches estadounidenses comprados por su familia antes o a inicios de la revolución de 1959, en general Chevrolets o Chryslers conocidos como "almendrones" o "palanganas".

En el malecón, una médica de 40 años espera hace más de una hora que alguien la lleve hasta Matanzas, donde su hija está enferma. "Encontrar una guagua que te lleve de una provincia a otra es difícil, hay que reservar, es muy complicado", cuenta a la AFP.

Otra habanera de 30 años que decidió dejar su trabajo porque debía destinar dos tercios de su sueldo a trasladarse en "máquina" dice que hay un fuerte ausentismo laboral debido a los problemas de transporte: "Casi los únicos que pueden llegar a su trabajo en hora son los que tienen divisas. Si yo no tengo dinero para un taxi, no salgo de casa", indica.

"No valía la pena trabajar. Cobraba el 3 de cada mes, y el 5 ya no tenía dinero", cuenta apenada la joven, que gana unos pesos con la peluquería clandestina que tiene en su casa.