Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Represión

Los dolores del enemigo

Arturo Pérez de Alejo, condenado a 20 años de cárcel, se muere lentamente en la prisión de Guajamal.

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Cuando los cubanos que viven en la Isla ven, en patrióticos reportajes de televisión, a sus médicos bajo la nieve y en remotos y rústicos poblados indios de Venezuela y de Bolivia, o en el África negra, ¿sabrán que a unos pocos kilómetros de su sala languidecen sin atención, abandonados sobre camastros, decenas de hombres que nacieron en su misma tierra?

¿Lo sabrán? ¿Lo quieren saber? ¿Les interesa o no verificar la eficacia de un sistema de salud que el gobierno y sus aliados usan como punta de lanza de la burda propaganda para defender la dictadura?

¿Quieren de verdad los apacibles televidentes conocer dónde se conjugan de una manera límpida y clara las bondades de la salud cubana y la voluntad de respetar los derechos del hombre que proclaman en las tribunas internacionales Felipe Pérez y su séquito de aves de corral?

Si quieren acercarse a esas verdades, compartan conmigo esta carta que le dirige, desde el reparto Mulgoba (vieron que cerca), la hermana de un preso político al general Hernández, jefe de Prisiones, de las más de 300 prisiones que hay en Cuba socialista.

Lean lo que le dice Virginia Pérez de Alejo al oficial, sobre el preso Arturo Pérez de Alejo, condenado en la Causa 2 de 2003 a 20 años de cárcel y que cumple su condena en la prisión de Guajamal, de Villa Clara.

"Lo encontramos muy mal durante la última visita el 24 de febrero", dice Virginia, "tiene gastritis crónica, cálculos en la vesícula, úlcera duodenal, quistes en los riñones, escoliosis y hemorroides internas".

"Le recuerdo, General, que el tiene problemas cardiovasculares, trastornos auditivos y, desde hace muchos meses, inflamación en la próstata. Sin embargo, creo que Arturo nos oculta algo, como si estuvieran tomando contra él más represalias de las que ya han tomado".

"Cuando fue a cargar al niño, no pudo. Nos dijo que estaba orinando sangre, le vimos como una infección en una parte de la cabeza y nos informó que le ha dado bronconeumonía", escribe la señora Pérez de Alejo al general Hernández.

"Por todo lo expuesto, pensamos que hay en esa prisión serios problemas y pedimos que lo ingresen de inmediato en un hospital, ya que lo vimos muy mal. De no ser así, su estado de salud va a empeorar y le traerá consecuencias irreversibles y fatales que pueden causarle la muerte", dice la misiva.

"Queremos que entiendan ustedes que él es un ser humano y tiene derecho a la asistencia médica, no se le puede negar sólo por pensar diferente", agrega el documento, que firman también la esposa, los padres y una sobrina del prisionero.

Ahora, enciendan otra vez el televisor y que siga la propaganda sobre los derechos humanos en Cuba y la hermosa labor humanitaria de los médicos en el exterior.