Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Periodismo independiente, Disidencia, Represión

Los orígenes del periodismo independiente: Yndamiro Restano

Yndamiro Restano soñaba con realizar un periodismo estrictamente profesional, libre de toda presión política, independiente de la influencia del gobierno, pero también de la de la disidencia interna

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Se celebra este año el 25° aniversario de la creación de la primera agencia de prensa alternativa cubana, la Asociación de Periodistas Independientes de Cuba, que permitió abrir una brecha en el monopolio de la información, hasta entonces exclusivamente a manos del Estado. Con esta ocasión, parece pertinente volver sobre la trayectoria de su fundador, Yndamiro Restano, considerado como el padre del periodismo independiente, y sobre las razones que le condujeron a crear una organización al margen de la prensa oficial a finales de años ochenta.

Yndamiro Restano Díaz nació en 1948 y era lo que se puede llamar un «niño de la Revolución»: sus padres eran comunistas y a finales de los años cincuenta lucharon con los rebeldes en la Sierra Maestra contra el ejército de Fulgencio Batista. Su padre, un periodista, hasta obtuvo el grado de capitán del ejército revolucionario. El joven Yndamiro cursó la Escuela de Instrucción Revolucionaria creada por el gobierno en 1960 y obtuvo un título en Historia del Arte.

Amante de las palabras, empezó a escribir sus primeros poemas y entró como reportero en Radio Rebelde, donde se quedó diez años. Especializado en el sector agrario, a lo largo de sus reportajes descubrió la «disfuncionalidad estructural del sistema económico agrario»[1] y empezó una reflexión crítica sobre las contradicciones del régimen comunista al que, sin embargo, seguía defendiendo, pensando que sólo se trataba de errores que todavía se podían rectificar. En 1985, se dio cuenta de que sus críticas no tenían eco en los medios oficiales y decidió redactar con su vieja máquina de escribir un boletín de información clandestino titulado Nueva Cuba. Lo distribuyó luego en las calles y lo colgó en Coppelia, una heladería situada en el barrio habanero del Vedado[2]. Este periódico artesanal de un solo folio no tenía como objetivo criticar al régimen o llamar a la insurrección: sólo se trataba de evidenciar ciertas incoherencias, de explicar a los ciudadanos cubanos lo que ocurría realmente en el campo y las consecuencias nefastas que eso engendraba a nivel económico, como lo explica el propio Restano:

En realidad, mi delito era haber llegado a las granjas agrícolas y haber contado lo que la burocracia no quería que se contara. Ellos, los burócratas, no veían bien lo que yo había hecho, porque advertían que la verdadera intención del periodista al contar las cosas era cambiarlas. Fue un momento muy importante en mi vida. Comprendí que el aparato ideológico del partido-estado me imponía deberes que yo no quería realizar. Uno de ellos era no escribir lo que pasaba con las ineficientes empresas agrícolas. En Cuba, durante la época precomunista había latifundios (…). Llegó la Revolución, terminó con los terratenientes privados y convirtió a todo el país en un gran latifundio estatal, dividido en granjas irrentables y burocráticas. (…) La tentación de decir lo que realmente sucede es irresistible para un periodista. Más cuando se trata de una catástrofe económica como la que yo tenía ante mis ojos.[3]

Yndamiro Restano fue detenido enseguida e interrogado en Villa Marista, la sede de la policía política en La Habana. Sus padres siendo fervientes revolucionarios conocidos por las autoridades, le liberaron por la noche. Su madre intentó razonarle y demostrarle los beneficios del régimen. Pero finalmente, a lo largo de las conversaciones y de sus propias constataciones, fueron sus padres quienes cambiaron poco a poco de opinión respecto a la política castrista[4].

Esta voluntad de proponer a los cubanos una información diferente de la que pueden leer en los periódicos y las revistas del país, una información virgen de toda censura, y este deseo de mostrar los contrastes de la realidad cubana y denunciar los fallos del régimen, hacen de Restano uno de los primeros periodistas independientes de Cuba.

A mediados de los años ochenta, las autoridades se enfrentaban a un caso aislado. Sin embargo, parecían tomar en serio la amenaza que surgía en el control de la información que ejercían desde los años sesenta porque el periodista fue desde entonces objeto de una estrecha vigilancia. En 1985, le detuvieron de nuevo por haber dado una entrevista a The New York Times, en la cual hablaba de sus convicciones políticas, y fue después despedido de Radio Rebelde, donde trabajaba en aquel entonces.

Luego, consiguió ser contratado por una estación de radio local, en Sancti-Spiritus. Rápidamente fue de nuevo licenciado por haber denunciado la realidad económica de la Isla. Cuando regresó a La Habana algunos meses después, integró el equipo de Radio Ciudad. Sin embargo, decidió participar de manera anónima a un concurso de poesía y ganó el primer premio. Cuando las autoridades se dieron cuenta de que se trataba de Yndamiro Restano, se negaron a entregárselo. Determinado, consiguió hacer imprimir sus poemas, que distribuía delante de las iglesias de la capital. Para el gobierno, fue la gota que colmó el vaso: fue expulsado de Radio Ciudad y desde entonces ningún medio de comunicación aceptó contratarle. Ya no podía trabajar como periodista y se convirtió entonces en limpiacristales en un hospital, del cual fue también despedido por haber dado una entrevista a la BBC. Frustrado de no poder expresarse libremente, en 1987 se afilió a la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), creada por Elizardo Sánchez Santa Cruz.

Al año siguiente, al ver que varios periodistas habían sido expulsados de las redacciones de periódicos, revistas, radios o canales de televisión y deseoso de poder publicar sus propios artículos, decidió crear una organización para permitir a estos periodistas «apestados» reunirse y trabajar juntos. Fundó entonces la Asociación de Periodistas Independientes de Cuba con el objetivo de transmitir sus artículos al extranjero y así revelar al mundo una realidad muy diferente de la que se mostraba en los monocromáticos diarios estatales, de los clichés puestos en escena por la Revolución.

Yndamiro Restano soñaba con realizar un periodismo estrictamente profesional, libre de toda presión política, independiente de la influencia del gobierno, pero también de la de la disidencia interna que comenzaba a estructurarse en múltiples organizaciones con aspiraciones y reivindicaciones diversas. Muchos intelectuales cubanos que ya no apoyaban al régimen revolucionario, como Elías Valentín, Manuel Cabrera, Raúl Rivero, Bernardo Márquez, Hubert Jérez, Olance Nogueras, Orlando Fondevila, Lázaro Lazo, Luis López Prendes y Rolando Pratt, colaboraron con la agencia.

Los miembros de la APIC querían que la organización fuera reconocida legalmente por las autoridades para poder ejercer libremente su profesión, crear revistas y periódicos alternativos, contratar miembros y organizar reuniones de trabajo, o sea hacer uso de la libertad de expresión, de prensa y de reunión.

Presentaron su proyecto al Ministerio de Justicia, pero nunca recibieron una repuesta y decidieron entonces seguir con sus actividades fuera de la legalidad, en la medida en que su asociación era pacífica y no perjudicaba a nadie. En aquel entonces estos hombres tenían la ilusión de poder abrir el ámbito periodístico al pluralismo y seguir trabajando como periodistas al margen de la oficialidad.

Convertido en verdadero opositor pacífico, Restano creó en 1990 el Movimiento Armonía (MAR), un movimiento social-demócrata que proponía la instauración de un régimen plural y elecciones libres. Pero el 21 de diciembre de 1991, mientras la Asociación de Periodistas Independientes de Cuba iba a publicar el primer número de un periódico clandestino titulado La Opinión, Yndamiro fue detenido y conducido en Villa Marista, donde le encerraron en una celda cuya luz se quedaba encendida días y noches y donde sufrió interrogatorios diarios hasta el juicio, que ocurrió el 20 de mayo de 1992.

El juicio tuvo lugar en el Tribunal Popular Provincial de La Habana y Restano fue juzgado junto a María Elena Aparicio, también miembro del MAR. El Fiscal le acusó de haber transgredido la ley al reunir a varios ciudadanos cubanos en el seno de una organización ilegal, de querer cambiar el orden social, económico y político del país y de incitar a la desobediencia civil, al sabotaje y al atentado contra policías y políticos de alto rango y de haber distribuido documentos críticos hacia la política castrista. No obstante, el Fiscal no presentó ninguna prueba de las supuestas acciones violentas realizadas por los miembros del MAR y durante el juicio tres testigos de la acusación se retractaron de su testimonio. A pesar de eso Yndamiro Restano Díaz y María Elena Aparico —que pensaban recibir algunos meses de cárcel— fueron respectivamente condenados a diez y a siete años de prisión[5] (el Fiscal había pedido doce y ocho) por «rebelión» en virtud de los artículos 98 y 99 del Código Penal de la República de Cuba. Restano fue el primer periodista independiente en ser sentenciado por sus actividades.

Las autoridades no soportaron que un individuo intentara desafiar la censura y, para castigarle y evitar que otros le imitaran, decidieron imponerle una pena severa y hacer un ejemplo. Fue declarado prisionero de conciencia por Amnesty Internacional y finalmente liberado el 1° de junio de 1995, después de haber pasado 1.257 días detrás de las rejas y sufrido condiciones de detención muy malas en cuatro cárceles diferentes.

A lo largo de sus tres años y medio de detención, el gobierno le propuso varias veces ofrecerle la libertad con la única condición de que aceptara el destierro, pero siempre se negó a abandonar a su patria.

Estos rechazos condujeron a las autoridades a presionarle, a intentar desestabilizarle sicológicamente, como lo confió en 1996: “Una vez me pregunté si yo era un error, algo que no debía existir. Si yo soy un error, me dije, no es necesario aislarme de los demás, pues ellos lo percibían así; y si no lo soy, no es necesario tampoco porque es imposible que yo pueda convertirme realmente en ese error que yo no soy. En esos casos, queridos amigos, uno ve cómo la represión es el fracaso de la inteligencia”.[6]

Finalmente, al cabo de una estancia prolongada y bastante controvertida de Fidel Castro en Francia en marzo de 1995, Danielle Mitterrand —entonces Primera dama del país— consiguió obtener la liberación del periodista y de otros dos presos políticos cubanos a través de su Fundación France-Libertés. Yndamiro Restano se quedó en Francia algunas semanas antes de regresar a su país natal.

A lo largo de la estancia carcelaria de Restano, la APIC no dejó sus actividades y Néstor Baguer se convirtió en su director. El anciano conservó el acrónimo APIC, pero la Asociación de Periodistas Independientes de Cuba se volvió la Agencia de Prensa Independiente de Cuba, que contaba con unos sesenta miembros en 1994[7]. Baguer reveló en abril de 2003, durante el juicio contra Raúl Rivero y Ricardo González Alfonso, ser en realidad el «agente Octavio», infiltrado en el movimiento del periodismo alternativo desde hacía más de diez años.

Después de su regreso a Cuba, Yndamiro Restano fue víctima de actos de repudio y presiones, pero las intimidaciones no le hicieron renunciar a su combate a favor de las libertades. El 19 de septiembre de 1995, fundó el Buró de Prensa Independiente de Cuba (BPIC), una organización que reunía varias estructuras: el Círculo de Periodistas de La Habana y las agencias Patria y Habana Press. Rápidamente el Buró contó veintiún corresponsales de prensa en diferentes provincias de la Isla.

Todos transmitían las informaciones por vía telefónica al editor del BPIC —Lázaro Lazo— que estaba encargado de comunicar los artículos a Iraida Montalvo, la responsable del anexo de la agencia situada en Miami, Florida.

En aquella época no existía Internet y el BPIC no tenía ni fax ni dinero suficiente para poder llamar a Miami (además la policía política les cortaba a veces la línea) y tenían que esperar que Iraida Montalvo llamara a la agencia para poder comunicarle las informaciones. Luego ella transmitía los artículos a Radio Martí y a Radio Mambí y a veces a algunos órganos de prensa plana como El Nuevo Herald[8]. La sede del Buró de Prensa Independiente de Cuba se situaba en el domicilio de los padres de Yndamiro Restano —Julio Restano Suárez y Aurora Díaz— y las instalaciones se limitaban a dos mesas de trabajo llenas de documentos, de algunos bolígrafos y lápices y a una vieja máquina de escribir.

La movilización de estos hombres y mujeres y su voluntad de hacer escuchar su voz de forma alternativa demostraba cierto malestar, cierta división de la sociedad cubana que estaba atravesando con dificultades el Periodo Especial en Tiempo de Paz. Los periodistas cubanos ya no reconocían la realidad de su país en los medios estatales y deseaban encontrar nuevos espacios donde expresarse. Sin embargo, todos sufrieron arrestos domiciliarios, acoso policial, actas de advertencias, interrogatorios, actos de repudio y requisas para quitarles el escaso material que tenían.

El objetivo de las autoridades era darles miedo, obligarles a dejar sus actividades y exiliarse. Algunos, cansados de esta persecución, deseosos de vivir en paz y ejercer libremente su profesión, eligieron este camino y se fueron de Cuba. Otros prefirieron quedarse y seguir luchando por el respeto a la libertad de expresión y de prensa, por la democracia y sus ideales.

Yndamiro Restano, por su parte, fue obligado al exilio: en noviembre de 1995 el periodista se fue a Europa con un visado de salida de tres meses a buscar medios para permitir que el BPIC siguiera con sus actividades. No obstante, cuando en enero quiso regresar a Cuba, las autoridades le negaron la entrada en el territorio cubano.

Durante meses reiteró su petición, pero nunca le dieron el visado de entrada. El argumento del gobierno era que Restano era un agente de la CIA porque el BPIC estaba financiado por organizaciones norteamericanas. El periodista recibía efectivamente apoyo por parte de ciertas organizaciones basadas en Estados Unidos y por parte de algunos de los órganos de prensa a los cuales transmitía informaciones y que estaban subvencionados por el gobierno americano.

Si Restano fue obligado a comunicar informaciones al extranjero es porque en Cuba no disponía de ningún espacio de libre expresión. Recibía dinero de una ONG porque no tenía otros recursos económicos para vivir tras haber sido expulsado de todos los medios oficiales en los que trabajó. El gobierno no le proponía otro empleo, ni le daba ninguna pensión. Sin este dinero —que efectivamente también le permitió financiar su proyecto— no hubiera podido sobrevivir. Además, representaba el reconocimiento de su trabajo como periodista, y el reconocimiento de su lucha por la libertad de expresión en Cuba. Acusar a un disidente de estar «a sueldo del imperialismo» fue siempre el argumento empleado por Fidel Castro para justificar arrestos y destierros forzados. Desde 1995 Yndamiro Restano no pudo regresar a Cuba y vive actualmente en Miami[9].

Pero poco a poco, la idea de crear agencias de prensa alternativas para poder seguir ejerciendo su oficio fuera de los medios oficiales que les habían cerrado sus puertas por motivos ideológicos, tuvo eco en la mente de algunos periodistas y entre mediados de los años noventa y la Primavera Negra de 2003 se multiplicaron en toda la Isla los buros de información independientes, demostrando de una vez para siempre la voluntad de parte del pueblo cubano de librearse de la censura oficial. Veinticinco años después de su nacimiento, la prensa independiente cubana consiguió desarrollarse a pesar de la represión y todavía hoy, los periodistas alternativos representan una fuente de información imprescindible para quien desea acercarse a la realidad cubana en su diversidad.



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