Actualizado: 21/07/2019 2:08
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Sociedad

Los perros de Pavlov

Posada Carriles, el día de las madres y la tortura psicológica.

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"Tortura psicológica" son un par de palabras que podrían quedarse cortas para definir lo que vivimos los cubanos desde que fuera liberado Luis Posada Carriles, hace varias semanas en Estados Unidos.

Una andanada de murales y carteles en aceras, calles y parques reclaman "prisión para el verdugo", a lo que se suman programas y spots radiales y televisivos, ríos de tinta en los periódicos y otra vez las tribunas en la capital y en localidades del interior de la Isla, hacen pensar en la posibilidad de un gigantesco y tangible laberinto circular donde hemos sido encerrados once millones de seres.

Este otro ¿nuevo? andamiaje propagandístico se agrega a las habituales campañas que exigen lo mismo la liberación de los cinco espías prisioneros en Estados Unidos que la muerte del bombillo incandescente o del mosquito Aedes Aegypti. Una raya más para el tigre, ¿a quién le puede importar?

Pero sí importa. Y mucho. Porque tanta manipulación juega con los deseos y destinos de cada ciudadano. ¿Dónde quedó la aspiración primaria de los cubanos de vivir dignamente en un país sin guerras de ningún tipo, mucho menos luchas fratricidas ni "batallas de ideas" que bajo su falsa piel cubren sólidas intenciones de control en todos los órdenes, incluyendo la mente de los ciudadanos?

Y no se trata de pretender que ciertos hechos de terrorismo queden impunes ante los ojos de la comunidad internacional, siempre y cuando todas las cartas de las investigaciones sean puestas sobre la mesa y haya voluntad real de parte y parte para solucionar los conflictos. Se trata de lo que ahora también debemos exigir los cubanos: que cese ya el bombardeo político sobre cada uno de nosotros.

Dolor, muerte, llanto…

El pasado domingo 13 de mayo, la negra portada del diario Juventud Rebelde mostró el rostro de una mujer que lloraba y al lado un titular: "Su dolor nos rebela". No hubiera pasado de ser uno más y hasta este comentario no existiría si esa edición del único periódico que circula en esa jornada no hubiera coincidido con la celebración mundial por el día de las madres, agasajo al que Cuba se afilió desde 1920.

Gran foto con fondo negro. Dolor. Muerte. Llanto. Rebelión. Regodeo en el sufrimiento. Poco respiro en medio de tantas calamidades. En un país que tortura el verdugo es rey. Ese fue el homenaje del monarca a sus madres súbditas, las más sufridas que son mayoría, aunque por una causa diferente de la que el tirano suele imaginar.

Sobre la tortura no física bajo regímenes totalitarios se ha escrito mucho. Curiosamente, en casi todos los volúmenes clásicos sobre el tema faltan los ejemplos cubanos. Aunque esa otra cortina de acero ya comienza a ser horadada, sobre todo debido a la tozudez de los propios gobernantes caribeños, empeñados en romper sus propias marcas de violencia en las personas, todavía es necesario recorrer un largo trecho para alcanzar unanimidad en la condena a Fidel Castro por violaciones de derechos humanos.

¿Cómo se mide la tortura psicológica sobre las masas? ¿Quiénes son sus principales gestores? Un niño que se sienta frente al televisor y en lugar de fantasías animadas recibe intencionadas escenas de muerte y dolor, o retorna a su casa desde la escuela o el círculo infantil repitiendo una consigna, ¿cuánta voluntad ajena y manipuladora está consumiendo?

Habrá que llegar también a nuevo consenso sobre cómo enjuiciar a los cerebros de tamaña conspiración. Lo que jamás podemos tolerar los cubanos es que un futuro en democracia nos sorprenda sin las herramientas adecuadas para desenmascarar maniobras de dominación psicológica, siempre en función de la política y a voluntad del que gobierna, como si de un sojuzgado ejército de perros de Pavlov se tratara.