Actualizado: 29/11/2021 15:04
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Represión

Ninguna muerte es sutil

El periodista Normando Hernández, condenado a 25 años de cárcel, está a un paso de morir en un hospital de Camagüey.

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Este es un hombre que está en peligro de muerte. Padece en la sala de penados de un hospital, solo y esposado entre sus enemigos, porque para una dictadura científica como la cubana es un caso especial. Es joven, inteligente, rebelde, tiene valor personal y conoce muy bien la tramoya del régimen.

Además, un agravante: Normando Hernández, a sus 34 años, nunca ha apuntado a nadie con un arma, nada más que le atraen los cuchillos de mesa y no reconoce el olor de la pólvora. Ni el del cianuro, que dicen los envenenadores de postín que huele como las almendras amargas.

Lo que hizo para ir a la prisión en la primavera de 2003 fue una revista. En ciertas sociedades, donde se cree en la utilidad de los medios de prensa como un factor primordial de la democracia y el desarrollo, le hubieran dado un reconocimiento. Como la fundó en una región árida donde nada más circula un pasquín gubernamental, la población, en el caso de poder expresarse con libertad, le habría agradecido sus desvelos y sus esfuerzos como comunicador.

Lo que pasa es que sacó a la calle su revista, Luz cubana, en la provincia de Camagüey, casi él solo, con seguimiento de la policía política, con vocación de artesano, para informar a sus coterráneos y al mundo cómo es la vida y qué piensan las personas después de medio siglo de mentiras, bujería política y represión.

De ahí que salieran a buscarlo enseguida brigadas policiales y perros amaestrados, en motos y a caballo por la llanura del Camagüey. Una tropa selecta con medios de combate, metralletas rusas tuneadas por armeros criollos, detrás de un hombre que escribe la verdad, quiere ser libre y para conseguir ese objetivo se vale de las palabras y de ideas. La operación fue un éxito y en menos de dos meses estaba en una celda de castigo en Pinar del Río condenado a 25 años de prisión.

Asesinato premeditado

Ahora lo han regresado a Camagüey y cumple en otra ergástula diseñada por la ingeniería estalinista de cárceles y prisiones. Al sitio le llaman Kilo 7. De ahí tuvieron que llevarse a Normando esta semana a la sala de presos del hospital provincial Amalia Simoni.

Su esposa, Yaraí Reyes, dijo a los periodistas esta semana que Hernández tiene el síndrome de mala absorción, problemas con la presión arterial, complicaciones pulmonares, pérdida de peso (unas 35 libras), desmayos y desvanecimientos, se queda a menudo sin voz y tiene frecuentes bloqueos mentales y vacíos de memoria.

Antes de ser trasladado a su provincia natal, Hernández estuvo en tránsito en la cárcel conocida como Boniatico, en Santiago de Cuba, donde permaneció meses sin luz eléctrica en el calabozo, y los traslados dentro del recinto se le hacían esposado y con grilletes.

El ingreso hospitalario se produjo después que unos reclusos comunes tuvieron que recoger a Hernández, que sufrió varios desmayos. Los presos llamaron por teléfono a la familia y a instituciones humanitarias del país para informar del estado crítico del periodista.

Durante su reclusión en Pinar del Río, Normando Hernández denunció en una carta que la Seguridad del Estado le había inoculado el vacilo de la tuberculosis.

El documento, firmado hace unos meses, recupera hoy su vigencia y retrata la agonía de este joven cubano. Comparto con los lectores de Encuentro en la Red este párrafo que Normando Hernández le dispara a la caperuza roja de la dictadura.

"Yo, Normando Hernández González, prisionero de conciencia del denominado Grupo de los 75, levanto mi voz para denunciar el asesinato premeditado y sutil del que estoy siendo víctima a manos de representantes del gobierno de Fidel Castro".