Actualizado: 10/12/2019 14:39
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Sociedad

¿Rojo que se destiñe?

La supuesta legalización de las uniones homosexuales no sale en los periódicos oficialistas y la sociedad está de espaldas al proyecto.

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Todo marchaba bien, hasta que ella tuvo que dar su nombre. Raúl R…

"Estudiaremos su caso y luego le avisamos", respondió una sorprendida secretaria para poner fin a la entrevista.

El asunto escaló alturas y llegó hasta la mesa del rector del Instituto de Ciencias Médicas de Cuba, doctor Jorge González. Se discutía los derechos de alguien que como travestido intentaba estudiar Psicología. Tuvieron lugar algunas llamadas y no menos comprobaciones.

Imposible. Las reglas son las reglas.

Le ofrecieron enfermería, porque la carrera apetecida considera entre sus invalidantes tener trastornos de la personalidad, y ser travestido implica una "perturbación mental incompatible con la psicología". Al menos eso establece un código internacional al respecto, según alegan en la Isla. Aunque desde 1973 la Asociación Norteamericana de Psiquiatría eliminó la homosexualidad del manual oficial que contiene la lista de enfermedades y trastornos mentales, y 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo lo mismo.

El caso es el primero e ilustra el tipo de problemas que para el futuro tendrán que enfrentar las autoridades, ya sean académicas o laborales, y pone a flotar la pregunta de hasta dónde serán consideradas estas personas seres totalmente normales.

"No creo que la sociedad esté preparada todavía para asumir esas identidades sexuales adquiridas", advirtió una profesora de Psicología.

'Aquellos', los de entonces…

Mariela Castro pretende otra cosa. Quiere apurar el futuro y hacer lo suyo por la modernidad de Cuba.

Para ello remitió hace algún tiempo al partido comunista un proyecto para legalizar las parejas homosexuales e igualarlas ante la ley con las heterosexuales.

"Es un toque de civilidad que nos pondría a la altura de países europeos, por qué no", dice Fulvio, médico intensivista que lleva su condición gay bajo las cerrojos de la discreción.

"Además, ella es la hija de papá", agrega con malicia.

Aprovechando el peso de sus apellidos, Castro Espín, máster en Ciencias y directora del CENESEX (Centro Nacional de Educación Sexual), aspira a sensibilizar a los duros del Buró Político, donde podría contar con muy escasos aliados, como el ministro de Cultura y escritor, Abel Prieto.

En una entrevista publicada en abril pasado por el diario español El País, Mariela Castro reconoció el violento período homofóbico de la Revolución Cubana y disculpó a sus líderes por la mocedad de entonces.

"Eran todos muy jóvenes, machistas, muy homófobos. No fueron capaces de darse cuenta del error, del disparate, de la falta de humanidad que podían tener actitudes de este tipo", respondió la funcionaria.

La iniciativa del CENESEX también está en manos de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional, y es lo más avanzado que se puede concebir para un país secularmente machista.

Según ha trascendido, el proyecto reconoce a los homosexuales unidos en pareja derechos personales, patrimoniales, hereditarios, los inherentes a la vivienda y llega hasta la adopción.

Secretismo oficial

El proyecto prevé cambios en el Código de Familia y en el Código Civil —textos que la propia madre de Mariela, Vilma Espín, promovió en la década de los años setenta— y reconocerá derechos a las uniones homosexuales formalizadas, sin catalogarlas como matrimonios, enviando una señal de que la ley no se atreve con la antiquísima institución cristiana.

"Hay voluntad política de eliminar todas las formas de discriminación en nuestras leyes" y, "por tanto, tenemos la responsabilidad de encaminarla", enfatizó Mariela Castro durante la presentación en junio de la iniciativa ante el quinto Encuentro Internacional Cultura y Desarrollo.

Pese a lo público de la exposición del proyecto, la prensa estatal guardó silencio. "Fue una orientación", reconoció uno de los reporteros nacionales que por accidente cubrió el episodio.

La propia censura oficial sobre el tema promovido por una entidad paraestatal ante las estructuras competentes, hace creer a muchos la poca prosperidad del asunto.

"¿Por qué tanto secretismo? Nadie dice nada, pero todo el mundo lo sabe y después no quieren que la gente haga su versión", considera Fulvio.

Recientemente, el CENESEX desmintió en su página de internet que estuviera apoyando la creación en la Isla de una organización de orgullo gay, a la usanza de otras naciones donde proliferan tales grupos.

El contradicho, sin embargo, tampoco trascendió el ciberespacio, que en los últimos tiempos se ha convertido en un escenario caliente de discusión underground del que la mayoría de la sociedad ni se entera. En la Isla sólo el dos por ciento de la población posee ordenadores en sus casas y el acceso a internet es todavía más bajo.

"Si continúan los intentos por invisibilizar al travesti y al transgénero, continuará el orden heteronormativo, las redadas policiales en 23 y L, las contradicciones entre el discurso oficial y el accionar político cotidiano", opinó recientemente el joven investigador Abel Sierra, quien con su libro Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana, ganó un premio Casa de las Américas en 2006.

El CENESEX en la picota

Sierra, quien acaba de recibir otro espaldarazo para su obra con el premio de la Fundación Fernando Ortiz, tiene en planes un texto acerca del servicio sexual rentado masculino, fenómeno conocido en la Isla como pinguerismo.

El autor es partidario de borrar las normativas sociales que marcan la elección sexual y le parecen confinados de antemano los esfuerzos antidiscriminatorios del CENESEX, que dirige la Castro Espín.

"Instituciones que no se cuestionan las estructuras jurídicas en relación con la sexualidad, ¿cómo van a plantear un programa de transexuales? Por muy loable, por muy humano que sea el programa, limita y condiciona el diálogo, que sólo es posible por la acción colectiva", explicó Sierra.

"Lo primero que debemos hacer todos es aprender a pensar la sexualidad humana no en masculino ni en femenino, ni en función de una salud sexual reproductiva", insiste.

Luego de un exhaustivo proceso de reconocimiento, el CENESEX diagnosticó a 27 transexuales, en tanto 40 están en fase de estudio. Antes de que concluya el año, según fuentes oficiales, un número reducido de ellos serán llevados al quirófano para el cambio de sexo, amparados en una resolución del Ministerio de Salud Pública que autoriza el proceder.

Una vez operados, reciben un cambio de identidad legal. Ellos terminan siendo ellas.

"Las leyes por sí solas no son suficientes para lograr verdaderos cambios subjetivos", reconoció Mariela Castro.

Fulvio, el intensivista, está de acuerdo. Aun cuando las uniones homosexuales sean reconocidas ante la ley, mucha gente, incluso la clase dirigente, tardará en ponerse en sintonía en un país con un pésimo Estado de derecho.

"¿Esta revolución se vuelve rosa? Ay, no me lo creo. En todo caso, es el rojo que hace rato se destiñe", dice guardando celosamente su bata blanca en la mochila.