Actualizado: 24/06/2022 11:47
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Cultura

Cine, Arte 7

Altisonante y grandilocuente

Sucede que Von Trier, mientras más famoso se ha hecho, se ha ido convirtiendo en personaje y protagonista

Comentarios Enviar Imprimir

Aunque Ninfómana, el filme más reciente de Lars Von Trier (Copenhagen, 1956), fue filmado como una sola obra, debido a su duración de entre cuatro horas y media y cinco horas, los productores lo obligaron a cortarlo y a presentarlo al público en dos partes. Ahora se exhibe como Ninfómana Volumen I y Ninfómana Volumen II, cada una con una extensión de más de dos horas.

Un profesor sesentón de aspecto sombrío, se tropieza, camino a su casa, con una mujer que se encuentra tirada en un callejón, ostensiblemente golpeada y prácticamente inconsciente. Tras un letárgico intercambio de frases y formalidades, se la lleva a su espartano apartamento, para ayudarla a recuperarse. Una vez allí esta se decide a contarle la historia de su vida, advirtiéndole que ha sido una mujer muy mala, previniendo al profesor de lo horripilante de lo que va a contarle. Seligman, que así se llama el buen samaritano, acepta el reto y tras ofrecerle té e instalarla en una pequeña cama comienza a escucharla en pose de confesor o de psicoanalista, según se mire.

Joe se define a sí misma como una ninfómana y comienza a narrar cómo desde su niñez se sintió obsesionada por explorar su sexualidad, descubierta tras un orgasmo accidental y espontáneo. En el Volumen I la historia va desde la niñez hasta llegar un poco más allá de la post-adolescencia. Conocemos desde sus primeros encuentros sexuales, pasando por su uso del sexo como arma de dominación y humillación social hasta su experimentación en distintas formas de tener sexo y su temprano enamoramiento con Jerome, quien termina siendo su primer (y único) marido. En el proceso, Joe le arruina la vida a unos cuantos hombres, la mayoría de los cuales parece que se lo merecen.

En la segunda parte ya aparece la Joe adulta, que narra cómo al dejar de sentir el placer sexual comienza a explorar formas de sexo alternativas, que incluyen el sadomasoquismo, hasta formas más peligrosas de manipulación del erotismo, para terminar en una incierta relación lesbiana con una muchacha mucho menor que ella, a quien se piensa que va a preparar para que sea la próxima Joe pero que en realidad demuestra tener mucha más sabiduría callejera que ella.

A medida que Joe narra los acontecimientos de su vida sexual, Seligman se los interpreta, buscándole una justificación o tratando de que ella vea la posibilidad de otro punto de vista y que no tenga ese sentido de culpabilidad que parece sobrecogerla. Ambos se van descubriendo apáticamente a medida que avanza el relato, pero las explicaciones de Seligman , con sus obvias referencias intertextuales, utilizadas como metáforas ilustrativas que van de la pesca con mosca, a la música de Bach, a la teorías freudianas (incluyendo citas textuales como que “el niño es un perverso polimorfo”), a la muerte de Poe y a la secuencia Fibonacci, culminando con la pistola de James Bond como epítome de la tiránica sexualidad machista, se van convirtiendo progresivamente en ridículas diatribas contra la cultura occidental y su instigación de la culpabilidad (comparando incluso a la Iglesia Romana, a la que denomina como la iglesia de la culpa, de la oscuridad y de la tristeza, con la Iglesia Bizantina u Ortodoxa, a la que llama de la luz y la diversión), que ganan en solemnidad a cada minuto.

Las pequeñas dosis de humor que salpican muy aisladamente la trama en los inicios, marcadas mayormente por composiciones visuales, se van perdiendo a la vez que aumentan las interferencias verbales de Seligman, llenas de frases altisonantes y grandilocuentes, a pesar de estar declamadas en un mascullar escandinavo. La película se vuelve machacosa y tediosa.

Confieso que soy un fanático desleal de Von Trier desde que vi su primer largometraje, el excelente The Element of Crime (1984), un oscuro noir filmado con paleta de expresionismo alemán en el cual un policía en una Europa de pesadilla, investiga a un asesino serial y luego Europa (1991), que transcurre en una desvencijada Europa de la posguerra y en la cual se indaga sobre los límites del compromiso político cuando se vive en un mundo caóticamente politizado. En 1995, junto con el también danés Thomas Vinterberg, lanzó el manifiesto Dogma 95, en el cual se proponía crear un movimiento de creación cinematográfica de vanguardia, en el cual se exigía que las obras tenían que cumplir con ciertos principios para poder ser certificados (sí, emitían certificados de autenticidad) como pertenecientes al grupo Dogma 95. Entre estos requisitos estaban: filmar en los locales en los cuales transcurre la trama, utilizar solamente luz natural, no hacer cine de género, no dar crédito al director, utilizar solamente cámara en mano y filmar solamente en colores, sin filtros ópticos y en formato de 35 mm.

La primera cinta que resultó de Dogma 95 fue la excelente The Celebration, de Vinterberg. Luego vinieron otras también muy buenas como The Idiots del propio Van Trier, Mifune, de Soren Kragh-Jacobsen y Fuckland , del argentino José Luis Marqués, pero el movimiento, al cual se sumaron varios directores y que certificó casi cuarenta filmes, se fue disolviendo en su propia rigidez y desde sus comienzos, los autores violaban sus preceptos.

Von Trier comenzó a volverse irregular. Breaking the Waves (1996) le valió el Gran Premio del Jurado de Cannes y es una película muy buena. En el año 2000 realizó Dancer in the Dark que aunque le valió la Palma de Oro en Cannes, para mi es una película muy mala. Dogville, realizada el año siguiente es un experimento muy interesante que a muchos le resulta insoportable. Manderlay (2005) y The Boss of It All (2006), son sendos desastres fílmicos y con Antichrist (2009), que es una especie de antecedente de Ninfómana, comenzó a escalar a la cima de la ridiculez y la solemnidad. Se recuperó un poco con Melancolía (2011), un filme irregular pero estéticamente bello y de un hermetismo que invita a la reflexión.

Sucede que Von Trier, mientras más famoso se ha hecho, se ha ido convirtiendo en personaje y protagonista (recuerden su boutade en Cannes hace un año, donde emitió ante la prensa declaraciones antisemitas, a pesar de que adujo que lo hacía en broma, por lo cual fue declarado persona non grata por la dirección del festival) y estos han comenzado a devorar al creador, que ha evolucionado en un adicto a la monserga y que parece tan obsesionado porque sus temas tengan resonancia que se vuelve excesivamente explícito, grave y hasta didáctico. Parece querer trepanar el cráneo del espectador. En Ninfómana lleva esta obsesión al punto del delirio.

Como en casi todos sus últimos filmes, las figuras femeninas son el personaje central y quienes tienen un mayor peso en las disquisiciones filosóficas del director. Von Trier ha involucionado de provocador a malcriado y sus invectivas no pasan de ser un pataleo. Incluso su interés en mostrar el abuso que por siglos la sociedad occidental ha cometido con la mujer, tiene tufo de paternalismo machista, con su obligada condescendencia y resulta simplista.

Aunque enseña destellos de genialidad en la composición de algunas imágenes en Ninfómana, la descarga verborreica, salomónica y concluyente, arruina el efecto humorístico de lo visual y hace olvidar las pocas sutilezas que se encuentran en el guión.

La actriz inglesa Stacy Martin, como la joven Joe, acomete su papel sin mucho entusiasmo. Apenas le da matices y no expresa el dramatismo requerido en las diferentes situaciones. Charlotte Gainsbourg, como Joe adulta, hace un papel que ya ha hecho muchas veces y que en este caso no le exige mucho, pues mantiene una expresión de seriedad, tristeza y aburrimiento casi todo el tiempo. Ambas participan de múltiples secuencias de sexo explícito, para la cual se utilizaron como dobles a actrices pornográficas. Von Trier intenta choquear al público con las imágenes de todo tipo de sexo y con sus masturbaciones tristes, pero se le ve demasiado su empeño de épater le bourgeois. A pesar del exceso de situaciones sexuales y de nudismo en este filme, el erotismo brilla por su ausencia. Es muy probable que esa fué su determinación al filmar, usar un efecto brechtiano para que al distanciar al espectador del aspecto emocional, su valor de provocación intelectual tenga mayor efecto, pero el resultado es lastimoso.

Stellan Skarsgard se desenvuelve habilidosamente en su monótono papel de Seligman y Shia LaBeouf, como Jerome, afecta un acento inglés poco creíble. Willem Dafoe se limita a una breve e intrascendente aparición.

La fotografía del chileno Manuel Alberto Claro, que ya había trabajado con Von Trier en Melancolía, es probablemente lo mejor de la película, ya que le concede un ambiente que supera el alcance narrativo del guión en cuanto a expresión. La selección musical es aceptable hasta que en los créditos finales aparece una horrorosa versión electrónica, creada por Beck y cantada por la propia Charlotte Gainsbourg, de la extraordinaria pieza Hey Joe, del olvidable Billy Roberts, que fuera inmortalizada por Jimi Hendrix en 1966.

Hay también un elemento de truco financiero en la división de las películas. Si uno ve solamente la primera parte, siente que le falta algo y aunque no le haya gustado la primera, debe ver la segunda. Si uno ve la segunda sin ver previamente la primera, no entiende casi nada de lo que sucede.

Nifómana, Vol. I y Vol. II (Dinamarca/Alemania/Francia/Bélgica/Reino Unido, 2013) Guión y dirección: Lars Von Trier. Fotografía: Manuel Alberto Claro. Con: Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgard, Stacy Martin y Shia LaBoeuf. El Volumen I se estrenó en Nueva York y Los Angeles el 20 de marzo. El Volumen II se acaba de estrenar en las mismas ciudades. Los dos volúmenes están disponibles, en todo el país, en los servicios de OnDemand.


Los comentarios son responsabilidad de quienes los envían. Con el fin de garantizar la calidad de los debates, Cubaencuentro se reserva el derecho a rechazar o eliminar la publicación de comentarios:

  • Que contengan llamados a la violencia.
  • Difamatorios, irrespetuosos, insultantes u obscenos.
  • Referentes a la vida privada de las personas.
  • Discriminatorios hacia cualquier creencia religiosa, raza u orientación sexual.
  • Excesivamente largos.
  • Ajenos al tema de discusión.
  • Que impliquen un intento de suplantación de identidad.
  • Que contengan material escrito por terceros sin el consentimiento de éstos.
  • Que contengan publicidad.

Cubaencuentro no puede mantener correspondencia sobre comentarios rechazados o eliminados debido a lo limitado de su personal.

Los comentarios de usuarios que validen su cuenta de Disqus o que usen una cuenta de Facebook, Twitter o Google para autenticarse, no serán pre-moderados.

Aquí (https://help.disqus.com/customer/portal/articles/960202-verifying-your-disqus-account) puede ver instrucciones para validar su cuenta de Disqus y aquí (https://disqus.com/forgot/) puede recuperar su cuenta de un registro anterior.