Actualizado: 18/10/2017 20:02
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Cultura

Cine, Arte 7

Ambiente y estilo

Esta película es un verdadero triunfo de la forma sobre el fondo, del ambiente y el estilo por encima de la sustancia de la trama

Comentarios Enviar Imprimir

Vincent es un militar que acaba de regresar de Afganistán. Su futuro en las fuerzas armadas está en peligro. Él quiere regresar al servicio activo pero padece de un tipo de enfermedad, muy parecida a un desorden de estrés postraumático, con elementos añadidos para redondear la peculiaridad y convertir su trastorno en una enfermedad mental de puro cine. Sufre de ansiedad, paranoia, sangramientos, pérdida de atención y alucinaciones.

Como aparentemente hacen muchos de sus colegas cuando se encuentran entre misiones, toma un trabajo que le ofrece otro camarada militar como equipo de seguridad en una fiesta que organiza un millonario libanés. La paga es buena y le da algo que hacer. Su compañero está preocupado por él y le ofrece esta oportunidad.

Cuando llegan a la inmensa mansión, Vincent se pone a revisar los lugares que le asignan con un ojo excesivamente vigilante. Le parece un lugar, en el menor de los casos, ambiguo. Sospecha de cada rincón y de cada personaje. Incluso comienza a interesarse por la verdadera ocupación del magnate. Se encuentra casualmente con la esposa, cruzan miradas y Vincent inmediatamente se interesa por ella y ella también resulta ambivalente, aunque mayormente lo ignora, lo cual a Vincent le parece forzado.

Durante la fiesta, a la cual asiste el ministro del interior francés, Vincent tiene un pequeño incidente con un invitado insolente, que llega un poco atrasado con el entourage del ministro. Vincent, que no controla muy bien su temperamento, lo sigue en la casa y termina escuchando una conversación que no debió llegar a sus oídos. Se entera que el magnate es un traficante de armas.

Terminada la fiesta, el militar amigo le dice que el magnate debe partir un par de días y que le pagarían muy bien por quedarse ese tiempo cuidando a la esposa y al hijo de este. Él se muestra sospechoso por ser el elegido. Su amigo le dice que es algo muy fácil, poco más que hacer de niñera. Vincent acepta.

Lo que sigue es la relación que se establece entre Vincent, la mujer y el niño, en medio de lo que parecen ser amenazas infundadas, para todos excepto para Vincent, que terminan en un intento de secuestro que Vincent consigue impedir. Otro suceso sigue a continuación pero no vale la pena seguir contando la trama, porque en esta película lo que importa no es tanto lo que ocurre sino cómo se nos prepara para ello y cómo suceden las cosas. Es un verdadero triunfo de la forma sobre el fondo, del ambiente y el estilo por encima de la sustancia de la trama, lo cual no es un reparo.

Disorder cuyo título original en francés es Maryland, que es el nombre de la mansión en cuyo confín casi toda la trama tiene lugar, es un thriller psicológico de esos que se pierden en la programación de verano. Fue presentado en el festival de Cannes del año pasado y nominado al premio (que no ganó) de la sección Una Cierta Mirada. Su directora, Alice Winocur, mereció el premio a la mejor dirección en el festival del American Film Institute de 2015.

Winocur (París 1976), debutó como directora con el filme Augustine (2012), un sobrio pero muy buen trabajo sobre la relación entre el doctor Jean-Martin Charcot y su famosa paciente Augustine, una joven sirvienta que quedó parcialmente paralizada tras sufrir una convulsión y cuyos estudios sirvieron de base a Freud para sus primeros estudios sobre la histeria. Luego escribió el guion de Mustang (2015), sobre unas hermanas en un pueblo turco, que son castigadas por su familia debido a quejas de haberse comportado sexualmente seductoras y que fue nominada al Oscar de este año.

Parece que Winocur, para este su segundo largometraje, se empapó bien de psicología durante su labor en Augustine y le supo sacar provecho para crear la enfermedad que padece Vincent en Disorder. Dibuja al hombre que padece el sufrimiento mental de una forma que logra veracidad, evadiendo clichés y sin encasillar al personaje en alguna categoría clínica. Mantiene la imprecisión necesaria para darle humanidad al personaje, sin restarle riqueza psicológica ni hacerlo predecible.

Pero su mayor logro es desarrollar una trama en la cual progresivamente el espectador se involucra en la visión paranoide de Vincent, sin darse cuenta, y llega un momento en el cual no se sabe si estamos viendo lo que está realmente sucediendo o lo que Vincent piensa que sucede. Winocur es también coguionista de la cinta. En la primera hora se nos prepara para lo que va a suceder en el resto de la trama, pero se mantiene la tensión sin trucos. Pasa poco, siempre esperamos más, pero no importa, la película ya la tenemos en la mente.

Mattias Schoenaerts, el excelente actor belga de Bullhead, Rust and Bone, The Danish Girl, The Drop y Far from the Madding Crowd, quien mejora en cada actuación, se echa la película en sus hombros con la extraordinaria actuación que aquí realiza. El personaje de Vincent está presente todo el tiempo y prácticamente vemos la película a través de él, sin que sea un enfoque subjetivo. Es una actuación con pocos diálogos, que debe desarrollar a base de gestos faciales, gestos corporales y miradas, necesariamente eficaces y sin excesos. Lo logra como una estrella del cine mudo. Gran parte del éxito del filme descansa en su interpretación. Diane Kruger (Unknown, Inglorious Basterds, Farewell My Queen), como Jessie, la esposa del magnate, está bien, pero su personaje exige mucho menos. El resto del elenco es puro apoyo, pero todos cumplen su cometido.

La fotografía de George Lechaptois (Americano, Augustine, Twenty-nine Palms), capta con encuadres e iluminaciones precisas, los cambios de ánimo de Vincent y hace las transiciones visuales entre la alucinación, la sospecha y la realidad, con la naturalidad necesaria para mantener la tensión y la ambigüedad de la trama.

Este es un filme que se queda con uno y que aunque el final no es muy convincente, es una buena muestra de arte bien hecho, en lo que últimamente se ha convertido en un género proclive a la banalidad argumental

Disorder (Francia/Bélgica, 2015). Dirección: Alice Winocur. Guion: Alice Winocur y Jean-Stéphane Bron, con la asesoría de Robin Campillo y Vincent Poymiro. Director de fotografía: George Lechaptois. Con: Matias Schoenaerts, Diane Kruger y Paul Hamy. De estreno en algunas ciudades de Estados Unidos y disponible en On Demand.


Los comentarios son responsabilidad de quienes los envían. Con el fin de garantizar la calidad de los debates, Cubaencuentro se reserva el derecho a rechazar o eliminar la publicación de comentarios:

  • Que contengan llamados a la violencia.
  • Difamatorios, irrespetuosos, insultantes u obscenos.
  • Referentes a la vida privada de las personas.
  • Discriminatorios hacia cualquier creencia religiosa, raza u orientación sexual.
  • Excesivamente largos.
  • Ajenos al tema de discusión.
  • Que impliquen un intento de suplantación de identidad.
  • Que contengan material escrito por terceros sin el consentimiento de éstos.
  • Que contengan publicidad.

Cubaencuentro no puede mantener correspondencia sobre comentarios rechazados o eliminados debido a lo limitado de su personal.

Los comentarios de usuarios que validen su cuenta de Disqus o que usen una cuenta de Facebook, Twitter o Google para autenticarse, no serán pre-moderados.

Aquí (https://help.disqus.com/customer/portal/articles/960202-verifying-your-disqus-account) puede ver instrucciones para validar su cuenta de Disqus y aquí (https://disqus.com/forgot/) puede recuperar su cuenta de un registro anterior.