Actualizado: 14/06/2021 10:41
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Aquí todo el mundo miente

Hacer cine en Irán no resulta una tarea fácil. Sin embargo, ello no ha impedido que muchas de las mejores películas de las últimas tres décadas provengan de ese país

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La censura iraní es bastante específica y regula desde la cantidad de pelo que una mujer puede enseñar fuera de su velo hasta las señales y sitios públicos que pueden aparecer en una toma. Hacer cine bajo esas condiciones no es una tarea fácil, sin embargo, ello no ha impedido que muchas de las mejores películas de las últimas tres décadas provengan de Irán, entre ellas pueden contarse Taste of Cherry (Kiarostami), The Circle y Crimson Gold (Panahi), Gabbeh (Majmalbaf) y The Willow Tree (Mahidi) por solo citar algunas.

El año pasado A Separation (también conocida como Nader y Simin, una separación), del director Asghar Farhadi, acaparó todos los premios internacionales importantes, desde el Oso de Oro del festival de Berlín, pasando por el Globo de Oro y terminando con el Oscar a la mejor película en lengua extranjera recientemente otorgado. Por el camino también ha acumulado varios premios de actuación, de guión y de fotografía, en Francia, en Gran Bretaña y en India entre muchos otros países. Es uno de los filmes más universalmente premiados de todos los tiempos.

A diferencia de la mayor parte de las películas iraníes, que incluyen actores no profesionales y en los cuales los guiones son bastante flexibles, A Separation es un filme cuidadosamente estructurado, con un guión meticulosamente elaborado y en el cual participan actores con gran experiencia profesional, algunos de ellos del mundo del teatro, que es de donde procede su director, aunque este ha dirigido previamente cuatro largometrajes.

Farhadi ha llamado a su obra como una “historia detectivesca sin detectives” y la ha clasificado como “una fórmula matemática o un crucigrama” en el cual el espectador es juez y es también quien decide el desenlace, encargado de poner las piezas en su lugar. Comienza con una audiencia judicial en la cual una mujer reclama el divorcio de su marido para poder irse con su hija al extranjero. Desde ese momento sitúa al espectador en la posición del juez, a quien nunca vemos. La mujer (Simin) no quiere que su hija crezca bajo las “actuales condiciones que vive el país”, a lo cual el juez inmediatamente le pregunta si no le gusta como están las cosas en el país y ella se las arregla para evadir una respuesta directa. Su marido (Nader) no se opone a ello, pero explica que él no puede irse porque tiene que cuidar a su padre, que sufre de Alzheimer’s. El juez no les concede el divorcio y a partir de ahí toman caminos diferentes. Ella se va con sus padres y él se queda con su hija de 11 años y su padre enfermo.

Nader contrata a una mujer (Razieh) para que cuide a su padre mientras él trabaja. Un día llega a la casa y encuentra a su padre inconsciente en el piso y atado a la cama. Lógicamente entra en furia y Razieh aparece y explica que había salido solo por un momento, pero Nader no le cree y termina expulsándola de la casa y hasta acusándola de haberle robado dinero. La mujer no se quiere ir porque no admite que robó nada. En su ira, Nader la empuja y después vemos que la mujer cayó en la escalera del edificio. Las cosas se complican porque Razieh estaba embarazada y pierde al niño. Entonces entra en escena Hodjat el marido de Razieh, un hombre desempleado y temperamental que pierde los estribos con facilidad. La situación se sigue complicando porque la pareja acusa a Nader de violencia y según la ley si éste sabía que Razieh estaba embarazada entonces puede ser acusado de homicidio.

No voy a continuar narrando la compleja trama, cuya madeja se sigue entretejiendo a medida que la película avanza. Farhadi, quien es también el autor del guión, utiliza todas estas situaciones para presentar diversos aspectos de la realidad iraní contemporánea. Sin pontificar ni opinar abiertamente, dejando que el espectador vaya sacando sus conclusiones, perplejo con cada nuevo acontecimiento, saca a colación el tema de las creencias religiosas, la arbitrariedad de la ley, las diferencias educacionales y económicas entre los personajes así como la forma que estas permean sus respectivas visiones de la vida. Nader y Simin pertenecen a una clase educada, no religiosa y algo corrupta, que mira con paternalismo a la clase inferior que representan Hodjat y Razieh, más fanatizados con la religión, menos educados y pobres. Con esto, aunque de una forma un poco esquemática, Farhadi toma una relativa posición política tal y como cuidadosamente define a sus personajes. Es cierto que no los enjuicia, eso se lo deja al espectador, pero en esta distinción tan clara es obvio que hay segundas intenciones.

Como en todas las películas producidas en Irán, por razones de censura, los espacios son cerrados y las tomas son de primeros planos y de planos medios. La panorámica se evita a toda costa. Las mujeres siempre aparecen con la cabeza cubierta. Sin embargo, el uso de una nerviosa cámara en mano que prácticamente persigue más que sigue a los personajes, le da una agilidad inusitada a la película y convierte en virtud lo que su inherente claustrofilia hubiera hecho un defecto. Esa eficacia del trabajo de cámara le resta lo que pudo haber sido un exceso de teatralidad, ya que la película sucede mayormente en interiores y el diálogo no cesa. Las actuaciones son todas impecables.

Como todo artista que trabaja en una sociedad totalitaria (aunque Irán no cumple a cabalidad los requisitos para esa definición, ya que es una extraña teocracia mezclada con capitalismo, con elecciones en las cuales si bien los resultados son arreglados durante el proceso electoral los candidatos expresan sus opiniones a voz en cuello y la gente se manifiesta en las calles, aunque luego paguen por ello), Farhadi es constantemente acosado con preguntas referentes al contenido político de su obra, pero en cuanta entrevista da se las amaña para eludir el asunto y presentar su filme como una obra apolítica.

Aunque no hay duda de que es necesario leer mucho entre imágenes para darse cuenta, hay muchos elementos que apuntan a una no tan velada crítica al establecimiento. En primer lugar, las mujeres son los personajes mas fuertes y mejor trazados, mientras que los hombres son débiles y esquemáticos lo cual es anatema en una sociedad regida por una religión que humilla y minimiza a la mujer. Por otra parte, y esto es más significativo, aunque no hay malos ni buenos y lo que importa es el desarrollo de la trama y no su desenlace, todos los personajes mienten para poder defender su posición en la vida y salir airosos ante los hechos que enfrentan. Mienten a conveniencia, mienten a solicitud y mienten para resolver las consecuencias de mentiras anteriores. Inclusive los que en algún momento dado buscan la verdad, han basado sus premisas en mentiras. Esto no es difícil de interpretar como la mascarada en la que está obligado a vivir cualquier individuo sometido a una autocracia. Ese teatro cotidiano e inescapable que se convierte en un lodazal del cual las mentiras no nos pueden sacar, solo nos ayudan a respirar. Miente también Farhadi cuando trata de exculpar este excelente filme de su contenido político.

A Separation (Irán 2011). Guión y dirección: Asghar Farhadi. Fotografía: Mahmoud Kalari. Con” Peyman Moadi, Leila Hatami, Shahab Hosseini y Sareh Bayat. De estreno en todas las ciudades de los Estados Unidos.


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