Actualizado: 14/12/2018 10:51
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Arte y castigo: Decreto 349

Al extender su poder sancionador a las entidades, el Estado totalitario castrista mete miedo a sus propios funcionarios para que no se involucren en el mercado negro del arte

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El martes 9 de octubre sesionó en la Galería Langhans (Praga) el panel de discusión “Arte y castigo: El Decreto 349 convierte el arte en crimen”, con Tania Bruguera y otros artistas que fueron víctimas de la represión de la primera bienal independiente de La Habana y del proyecto Museo de la Disidencia. El panel encaja dentro del Festival de la Democracia, que acompaña a la edición 2018 de la Conferencia Forum 2000 [1].

Ajuste del colimador

El tema vendría como anillo crítico al dedo kubizhe si se hubiera quedado en “Arte y castigo”, pero se choteó con que el Decreto 349/2018 “convierte el arte en crimen”. Este decreto no tiene que ver nada con el derecho criminal: es puro derecho sancionador administrativo. Y el alboroto en derredor acredita que la kubizhería política tiene la memoria histórica de un gallo.

Se ha dicho hasta que viene a regular “lo que es y lo que no es arte”. Ni por asomo. El decreto se ciñe a las “Contravenciones de las regulaciones en materia de política cultural y sobre la prestación de servicios artísticos”. ¿Leyeron bien? Viene a castigar —con apercibimiento, multa y/o comiso de bienes— a quienes contravengan regulaciones que están vigentes desde que el Estado castrista terminó de armar, hace más de cuarenta años, su aparato burocrático para “dirigir, ejecutar y controlar la aplicación de la política cultural, artística y literaria” [2].

Esas regulaciones de antaño sí determinan qué es y no es arte, así como quiénes son y no son artistas. Sin embargo, vivimos en la civilización del espectáculo y cabe alborotar cada vez que el Estado prende tales o cuales lucecitas para escena bien definida por lo menos desde que Fidel Castro tiró los cojones, el 31 de junio de 1961, sobre artistas y demás intelectuales.

Hoy como ayer

Antes del Decreto 349 estaba vigente otro —Decreto No. 226, de 29 de octubre de 1997—sobre “Contravenciones personales de las regulaciones sobre prestación de servicios artísticos”. ¿Leyeron bien? El Decreto 349 sólo continúa la tradición administrativa sancionadora de las contravenciones, pero tirando el jamo más allá de las personas hasta las entidades que toman parte en el mercado del arte. Al parecer cundía la colusión entre unas y otras para proceder con todos y para el bien de todos, menos del Estado, en el reparto de las ganancias por servicios artísticos. Y en eso llegó el Comandante, digo: el coronel Díaz-Canel y mandó a parar.

No saben de qué están hablando quienes se creen que critican el Decreto 349 con que no “indica quienes o qué organismos calificarán las obras y los artistas”. Lo indica clarito: serán “los supervisores-inspectores designados por la autoridad correspondiente del Ministerio de Cultura [MINCULT], así como los inspectores” de las direcciones provinciales de Cultura y del municipio especial de Isla de la Juventud.

Así prosigue otra de las tradiciones administrativas del socialismo burocrático kubizhe: crear un problema para cada solución. Al extender su poder sancionador a las entidades, el Estado totalitario castrista mete miedo a sus propios funcionarios para que no se involucren en el mercado negro del arte. Así y todo, el decreto que salió en papel no evitará que, para salir adelante en la vida, quienes se bañan con arte salpiquen ahora a los supervisores-inspectores del centro e inspectores de la periferia.

Santísima Trinidad

El Código de Trabajo (Ley 116, Gaceta Oficial Extraordinaria Número 29 de 17 de junio de 2014) siguió la rima de las relaciones laborales especiales [3]: “Los jefes de los organismos donde laboran los profesionales y técnicos de la medicina, el personal docente, los trabajadores pertenecientes a la rama artística y los atletas, establecen, en consulta con el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y de acuerdo con la organización sindical correspondiente, las relaciones laborales con sus trabajadores (…) Para la rama artística establecen las modalidades del contrato de trabajo, evaluación y formas de remuneración” (Art. 76).

Ni corto ni perezoso, el Ministro de Cultura —en aquel entonces Julián González Toledo— espantó en el mismo número de la Gaceta Oficial sendos reglamentos para los sistemas de trabajo (Resolución 44/2014) y evaluación (Resolución 45/2014) en la rama artística. El Decreto 349 sólo prescribe sanciones administrativas —apercibimiento, multa y comiso de bienes— a las personas o entidades que contravengan el culto añejo a la Santísima Trinidad del Estado totalitario en la prestación de servicios artísticos:

  1. Todo servicio tiene que ser aprobado y contratado por una institución cultural
  2. Todo proveedor de servicios tiene que estar autorizado por la entidad correspondiente
  3. El contenido de todo servicio tiene que cumplir con las disposiciones legales

Además de velar por los contratos y las autorizaciones, que son más bien cositas de derecho laboral, los supervisores-inspectores del centro e inspectores de la periferia encarnan la figura de conciencia totalitaria denominada censor. Al amparo del artículo 3 del Decreto 349, ellos determinan si los servicios artísticos cumplen o no con:

  • La legalidad en el uso de los símbolos patrios
  • La prohibición de pornografía, violencia, discriminación y lesión a la dignidad humana
  • La proscripción del lenguaje sexista, vulgar y obsceno
  • La interdicción de atentados contra el desarrollo de los niños y adolescentes
  • Las disposiciones legales sobre “normal desarrollo de nuestra sociedad en materia cultural”

Esto último es el típico saco en que el hombre del MINCULT mete a las criaturas extraviadas en el mercado kubizhe del arte por no seguir la regla: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”. Así que nada nuevo bajo el sol en virtud del Decreto 349 [4]: la misma carga que vienen arrastrando los artistas, en casi sesenta años de guerra cultural, sin que la nación cubana produzca la obra de arte que acabe con el Estado totalitario.

Coda

El panel “Arte y castigo” debe percatarse de que si la raya estaba puesta de antemano y el decreto sólo castiga a quien se pase de ella, no cabe exigir al Estado que se haga de la vista gorda y la protesta tiene que ir a la raíz [5].

Notas

[1] Forum 2000 es una fundación creada en 1996 por iniciativa conjunta del presidente (1993-2003) checo Václav Havel, el filántropo japonés Yohei Sasakawa y el Premio Nobel de la Paz (1986) Elie Wiesel para discutir civilizadamente problemas claves de la civilización y prevenir la escala de conflictos por motivos religiosos, culturales o étnicos. Así mismo pretende promover la democracia en países no democráticos y respaldar la sociedad civil, el respeto a los derechos humanos y la tolerancia en las democracias más jóvenes.

[2] Ley 1323, de 30 de noviembre de 1976, Artículo 70. El Ministerio de Cultura (MINCULT) englobó las funciones del Consejo Nacional de Cultura (CNC), el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y el Instituto [Cubano] del Libro (ICL).

[3] El Código de Trabajo anterior (Ley 49/1984) establecía: “La contratación y otras cuestiones de carácter laboral de los técnicos de la medicina, del personal docente y de la rama artística se efectúa con arreglo a las características de esas actividades y conforme con las medidas dictadas por el organismo respectivo… (Art 65).

[4] El Decreto 349 reitera las obligaciones de suscribir y cumplir contratos, tener autorización y respetar el derecho de autor, así como puntualiza las reglas de contenido en libros y música, incluso con tono de ordenanza pública en niveles de sonido y ruido (Art. 4).

[5] La tángana radical tendría que darse, antes que con algarabías, con quejas y peticiones al Ministro de Cultura, ya no contra el Decreto 349, sino contra las normas y contratos laborales injustos, así como llevar unos y otros a discusión en el sindicato. Sólo que quien proponga agotar las vías legales dentro siempre será tachado de castrista por los comecandelas en Internet. Así que es mejor dar una firmita de solidaridad con los artistas protestones en Praga y dejar que criticones que no saben de la misa la media sigan arrollando por el ciberespacio.


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