Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Autonosuya, Literatura, Literatura cubana

“Autono(suya)”: el testamento político de Francisco Fontanilles y Quintanilla

Una novela sobre los posibles males que traería la autonomía o independencia de Cuba

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Autonosuya, curiosa novela político-burlesca es una rareza bibliográfica. Apareció por entregas en el periódico El Imparcial de Matanzas, Cuba, en 1886, y fue reimpresa más tarde en forma de libro en 1897. Su autor fue Francisco Fontanilles y Quintanilla, quien nació en Barcelona el 16 de enero de 1833 y cursó los estudios de ingeniero en España, entrando en la Administración Militar con la categoría de oficial y marchándose luego al Caribe donde pasaría el resto de su vida. Primero vivió en Puerto Rico y más tarde en Cuba, donde fue Oficial de Intendencia General de Hacienda, Secretario del Gobierno Civil de la Habana, de la Junta de Libertos, de la Diputación General de Pinar del Río, y Jefe de negociado en el Banco Español. Además de estos cargos administrativos, Fontanilles y Quintanilla fue director de varios periódicos, incluyendo El Imparcial, que según Eusebio Martínez de Velasco en un artículo cronológico en La Ilustración española y americana, era el órgano del Partido de Unión Constitucional en la provincia de Matanza, que fue creado como contraparte al Partido Liberal autonomista en Cuba.

Cuando Fontanilles publicó por primera vez Autonosuya, —cuyo título hace referencia directa los autonomistas cubanos—, Cuba se encontraba en el periodo de entreguerras. Hacía ocho años que había terminado la Guerra Grande o de los Diez Años. Faltaban nueve para que comenzara la del 1895, pero la opinión pública se movilizaba y los cubanos exiliados llevaban a cabo una fuerte campaña en Estados Unidos con el fin de obtener la independencia. En 1897, cuando se edita esta narración en forma de novela, por tanto, el momento no podía ser más intenso, ya que desde el punto de vista ideológico, Autonosuya es un alegato o un arma ideológica en contra de los que se oponían a la metrópoli y narra lo que sucedería en la Isla si España le permitiera alguna vez el autogobierno a los cubanos.

El resultado es una novela acerca de dos dictadores (los hermanos Sabicú), escrita en la tradición satírica de muchos periódicos pro-españoles de la época, pero también una narración que describe escenarios distópicos tan extraños como el de Los viajes de Gulliver (1726) de Jonathan Swift o La Máquina del Tiempo (1895) de H. G. Wells. En este tipo de narraciones el futuro se nos presenta como caótico e indeseable por lo cual estas novelas tienen como objetico criticar la sociedad o prevenir a los ciudadanos de los efectos perversos de alguna política o de algún cambio. En el caso de Cuba en 1886 estos cambios podían venir de la mano de los autonomistas o de los independentistas por lo cual Autonosuya, tiene el objetivo primordial de ser una crítica social a ambos grupos políticos que se disputaban el poder en Cuba, y sobre todo, era una crítica explícita a la composición racial de los cubanos.

La trama de novela ocurre, por tanto, hipotéticamente catorce años después que se publica la novela, es decir, en los primeros meses de 1900, cuando según el narrador, los cubanos alcanzaron por fin la autonomía y Cuba comenzó a vivir un nuevo periodo histórico. Desafortunadamente, nos aclara Fontanilles y Quintanilla, al llegar los autonomistas a Cuba, convocaron a elecciones en las que salieron electos por mayoría los partidarios del independentismo, y así, la autono-mía se convirtió en autono-suya. Los autonomistas trabajan para “el inglés”, y terminan siendo expulsados de la Isla.

Como resultado dos mulatos se hacen con el poder, se autotitulan “Emperadores” de Cuba y hunden el país en una dictadura sangrienta y en una lucha de razas. La novela, por consiguiente, narra el escenario más violento e indeseado que podían imaginar los cubanos blancos a finales del siglo XIX. Para el narrador, por tanto, la única opción válida que tenían los cubanos era mantener el estatu quo. Evitar concederle a Cuba el autogobierno, y luchar contra los independentistas ya que si algunos de estos tomaban el poder, la Isla se encaminaría al desastre: los blancos huirían del país o serían exterminados por los negros, y a un dictador le seguiría otro aún más sangriento, que reeditaría los cacerías de la Revolución francesa. Para colmo, en este escenario distópico que imagina Fontanilles, los norteamericanos intervienen en Cuba escudados por la ley Monroe y apoyados por los soldados negros del Sur, que son los que terminan tomando posesión de la Isla y echando a los cubanos de su tierra.

¿Qué importancia entonces tiene esta novela escrita hace 130 años en un periódico de Matanzas? Su importancia reside en los “miedos” que anuncia que todavía están muy presentes en el debate político de la Isla. Me refiero al miedo en función de la política, como un arma de guerra contra los oponentes ideológicos. Primero está el “miedo al negro” que sirvió durante todo el siglo XIX como un mecanismo de control para mantener la esclavitud en Cuba y a los cubanos alejados de las reformas o de la independencia. Por otro está, el “miedo al yanqui,” que también ha sido usado para controlar el debate y poner límites a la libertad de los cubanos. Finalmente, el miedo a “las tiranías”, de las cuales desgraciadamente, Cuba ha tenido que sufrir varias después que Cuba se separó de España, y aún no podemos salir de la más larga de ellas.

Estos “miedos” son intrínsecos a la propaganda y la demagogia política que demoniza al otro, y lucha por el poder, con lo cual se entiende que a pesar de que los independentistas y los autonomistas son el blanco de los ataques de Fontanilles, estos también crearon o compartieron con los integristas algunas de estas fobias, si no, léase “Nuestra América” de José Martí, donde claramente se pone el dedo sobre el “gigante de siete leguas” (EEUU), los tiranos, y las masas incultas de Hispanoamérica que como ocurrió en la Argentina de Juan Manuel de Rosas (la tiranía que Martí siempre critica en sus escritos) se hizo con el poder y fue duramente enjuiciada hombres de letra como Domingo Faustino Sarmiento (Facundo: Civilización o Barbarie), Esteban Echevarría en El Matadero (escrito en 1838 o 1840, pero publicado en 1871), Los Misterios del Plata (1852), de Juana Manuela Gorriti y Amalia (1851-1855) de José Mármol.

Autonosuya, curiosa novela político-burlesca, por tanto, sigue el modelo de estas otras narraciones de “dictadores” latinoamericanos. Muestra los mecanismos de persuasión a los que recurrieron los partidarios de la colonia para justificar el estatu quo, y sobre todo nos alerta de los males a los que se enfrentaría la Isla si se separa de España: un país pobre al nivel de la barbarie, comandada por dos hermanos sanguinarios que rigen el país a través de una nobleza de deudos y parientes.

Fontanilles murió en 1887, es decir, un año después de publicar esta narración. Murió en el mar, cuando regresaba a España después de su larga residencia en el Caribe. Habrá que esperar 40 años más tarde para que otro de sus compatriotas, el escritor Ramón Valle-Inclán publicara su novela Tirano Banderas (1926), con la cual se abre el ciclo de “novelas de dictadores” en el siglo XX. Sin embargo, Autonosuya, curiosa novela político-burlesca quedó en la Isla como un recordatorio funesto o una especie de testamento político para todos los cubanos.

Obras citadas:

  • Fontanilles y Quintanilla, Francisco. Autonosuya, curiosa novela político-burlesca. (Edición, introducción y notas Jorge Camacho). Doral: Stockcero, 2016.
  • Martínez Velasco, Eusebio. «Don Francisco Fontanilles y Quintanilla» La Ilustración española y americana 32. 11, 15 de enero de 1888. P. 35. Impreso.

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