Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Bolero redentor

La trama de esta película no solo tiene todos los atributos del melodrama, sino que además está narrada con un sentimentalismo lacrimógeno y sin inventiva

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Dos islas curiosas se cruzan en la realización de este filme. Irlanda pone el dinero, el director, el guionista y el equipo técnico, mientras Cuba se ocupa de los actores, los locales, la música y la trama. El resultado deja mucho que desear.

En Viva, un joven homosexual habanero, que se dedica a la peluquería y a arreglar las pelucas de las drag queens que montan un show en un club gay de La Habana, sueña con convertirse en una estrella de lip synching, como sus clientes. Jesús, que así han llamado con toda intención al protagonista, quien estoicamente siempre está dispuesto a ofrecer más que sus dos mejillas, es un muchacho tímido, que vive solo en un apartamento derruido, en medio de una deteriorada Habana Vieja. Sobrevive malamente entre lo que gana con sus pocos clientes, el trabajo que hace para el club y prostituyéndose con turistas en busca de sexo barato.

Aunque a muchos les parezca increíble, su maltrecho apartamento lo hace un privilegiado en su barrio y se lo presta, a regañadientes, a su amiga Cecilia para que tenga sexo con sus amantes. Su madre murió hace tiempo, a su padre, quien según le cuentan parece haber sido un boxeador famoso, no lo conoce, pues lo abandonó cuando era muy pequeño y está preso por haber matado a alguien en una riña. La única figura paterna que conoce es Mama, el homosexual dueño del club.

Una vez que decide dar el salto de estilista a drag queen cantante, escoge como nombre artístico Viva, que lo saca de repente, cuando confundido al preguntársele que nombre artístico escogerá, su mirada se tropieza con la portada de una revista femenina. En su primera noche rondando a los clientes mientras canta, se le acerca a un hombre mayor que de pronto le suena una trompada en la cara y declara que es el padre que no conoce.

Cuando llega a su casa esa noche, descubre que su padre la ha tomado por asalto etílico y parece querer imponerse como figura paterna a destiempo. Aquí comienza una abrupta relación padre-hijo, llena de vacíos, rencores y malentendidos que no tiene forma de solucionarse bien. Jesús-Viva debe decidirse a asumir su identidad ante su homofóbico padre para que al final, de manera tortuosa, ya que previsiblemente Ángel, el padre, anuncia que lo han dejado salir de la cárcel porque tiene cáncer en los pulmones y su muerte es cercana, todos se acepten como lo que son.

Si todo lo anterior suena a melodrama, es porque lo es. No solamente la trama tiene todos los atributos del género, sino que además está narrada con un sentimentalismo lacrimógeno, sin inventiva y utilizando cuanto cliché ofrece el género. La película llega a su clímax de cursilería en un momento en el cual, borracho por la enfermedad letal de su padre, Jesús-Viva llega al club y tropieza con un extranjero al cual le había robado dinero después de tener sexo y este lo golpea, entonces, tras ser separados, termina doblando, a dúo con Mama, agarrados de las manos y mirándose a los ojos, la canción Como cualquiera interpretada por Annia Linares, una ídolo kitsch de los gays habaneros.

El guion de Mark O’Halloran, quien actuó y escribió Adam & Paul, es espantoso. Su único mérito, es que la película soslaya el tema político con ingeniosidad. No hay teque de ningún lado, lo que se ve es una ciudad desmoralizada, destrozada y sórdida, pero aquí no se ve excepcionalidad. Puede ser cualquier ciudad en cualquier país pobre. Los personajes solo habitan su miseria de forma resignada y personal. Sorprendentemente, los diálogos son bastante naturales y evitan la grandilocuencia, a pesar de que el tono del filme es de gravedad. Se le agradece que no explotó el folclorismo.

Paddy Breathnach, quien ha dirigido películas variopintas y olvidables (Blow Dry, Man About Dog), tiene el único mérito de no regodearse en la miseria arquitectónica y moral que muestra, pero aquí se muestra adepto al dramón plañidero y este cruce de Gun Hill Road con Billy Elliot en el trópico, se mueve a un ritmo más trágico que los boleros que conforman la banda sonora, para terminar con un cursilísimo y superficial final con carácter inspirativo, que culmina con Jesús-Viva interpretando a la Massiel en El amor en directo.

En su papel protagónico, Héctor Medina (Boleto al paraíso, Camionero, El Rey de La Habana), un actor joven que tiene un aire entre retraído y hierático, que aporta a todos sus papeles, está bien mientras resuelve situaciones dramáticas con gestos faciales y corporales. Es carismático, pero le cuesta trabajo realizar las transiciones dramáticas, sobre todo en este filme que exige la expresión repentina de emociones extremas.

Los veteranos Jorge Perugorría, como Ángel, y Luis Alberto García, como Mama, se desempeñan con decoro en unos papeles muy esquemáticos y sin matices, que no les dejan hacer mucho. El resto del elenco sobrelleva sus papeles marginales sin nada destacable pero tampoco nada deplorable. Algunos de los personajes parecen estar caricaturescamente extraídos del reciente y sorpresivo éxito independiente,Tangerine.

La fotografía de Cathal Watters, cuya experiencia es mayormente como fotógrafo de documentales, capta bien la decrepitud de la ciudad a la vez que muestra su belleza ajada. La banda sonora es interesante, porque refleja bien las canciones y las intérpretes populares del ambiente, incluyendo a Blanca Rosa Gil, Gina León, Rosita Fornés y hasta la versión del Ave María de Maggie Carlés.

Increíblemente, Viva llegó a estar entre las nueve finalistas al Oscar para el mejor filme en lengua extranjera, pero fue eliminada antes de llegar a las cinco contendientes. La película fue producida por el actor puertorriqueño Benicio del Toro, quizá entusiasmado por su trabajo como director en el corto que forma parte de 7 Days in Havana, filme en el cual trabajaron también Medina, Perugorría y García.

Viva no pasa de ser un melodrama pobre, con elementos de pancarta de agit-prop, que se mueve entre estereotipos y lugares comunes, para narrar una historia de redención personal, a ritmo de bolero y sin nada nuevo que decir.

Viva (Irlanda/Cuba, 2015). Dirección: Paddy Breathnach. Guion: Mark O’Halloran. Director de Fotografía: Cathal Watters. Con: Héctor Medina, Jorge Perugorría, Luis Alberto García, Laura Alemán y Paula Alí. Disponible en DVD en Kímbara Cinemateca Cubana. Su estreno en Estados Unidos está programado para abril.


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