Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Canción Protesta, Música, Silvio

¿Canción protesta, propuesta o pospuesta?

La canción cubana que expresa rebeldía contra los males del país nunca necesitó etiquetas

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La Canción Protesta en Cuba reflejó en la figura de Silvio Rodríguez la influencia de Bob Dylan, del juglar con guitarra que interpretaba textos poéticos lanzados contra los cánones y patrones establecidos en la sociedad. En su caso, los textos que alcanzaron un carácter de denuncia fueron pocos. Debe reconocérsele que en aquel entonces escribir solo uno de ellos significó coraje y valentía, pero cuando se considera su carrera artística, el mito del cantante trasciende en mucho el valor musical o poético de sus obras.

Paradójicamente, y sobre todo a partir de que logró el amparo de ciertas instituciones culturales del Gobierno, el movimiento comenzó a incorporar factores ajenos al quehacer musical cubano. Se formó entonces una curiosa amalgama que se extendió con fuerza durante la década del 70: elementos del cancionero y el folclor de Chile, Argentina y Uruguay se unieron a la nova cançó catalana, los ritmos brasileños y la canción protesta norteamericana y el cancionero francés.

Instrumentos ajenos a nuestra tradición (como la quena y el tambor) aparecieron en los grupos musicales, mientras se desechó la batería, y a veces hasta las pailas. Al mismo tiempo, se bautizó al movimiento como Nueva Trova: una vuelta al tradicionalismo en la canción, que dejaba a un lado los avances del bolero; un regreso al campo y a la provincia para negar la ciudad (fuente de pecado); un abandono del solar habanero en favor de las trincheras y los campamentos de trabajo voluntario. Si algo caracterizó a la Nueva Trova fue su carácter reaccionario —musical y políticamente hablando— y Silvio fue en buena parte responsable de ello.

Las letras de Silvio son propias de la época que le tocó vivir solo si las analizamos como ejemplos de autocensura. El carácter contestario y de denuncia que se encontraba en sus primeras canciones pronto cedió a un lenguaje poético rebuscado y metafórico, en muchos casos abierto a las sugerencias, pero apartado de los planteamientos explícitos, indispensables para hablar de una verdadera canción protesta. Una de las mayores traiciones de Silvio fue apostar al futuro y posponer para un tiempo indefinido las metas esenciales de vida. Mientras los jóvenes en todo el mundo gritaban Now is the time, él nos decía: “Te convido a creerme cuando digo futuro”.

Su posterior consagración y popularidad, en Latinoamérica y España, ocultó la raíz elitista que siempre lo ha caracterizado, tanto a él como al Movimiento. Para protestar, el músico popular cubano nunca necesitó ponerse solemne: lo hizo con gracia, con ritmo y sin dejar de bailar.

El elemento de protesta y denuncia está presente en todo el repertorio bailable, desde hace muchos años, y a ningún creador se le ocurrió nunca creerse el Zolá del son o el Sartre del chachachá. En este sentido, el aporte de Silvio no solo es nulo sino reaccionario. Es más, en las composiciones de los músicos anteriores a la Nueva Trova encontramos una denuncia más seria y más generalizada (más internacionalista), que en cualquiera de las canciones de Silvio y sus seguidores.

Musicalmente hablando son también superiores, más avanzadas y complejas, carentes de esos arreglos efectistas que tratan de esconder el analfabetismo a la hora de concebir un acorde medianamente complejo o la falta de intuición rítmica. Silvio es el autor de una melodía única que se repite en letras variadas.

Ya Ignacio Piñeiro, que nació durante la colonia, escribía en esa época décimas que luego pudieron haber sido incluidas en la llamada canción protesta: “Alto, ¿quién va? La guerrilla. Muchachos machete en mano”. Lorenzo Hierrezuelo compuso por los años treinta un son titulado Caña Quemá, donde denunciaba la política de buena vecindad del presidente Roosevelt: “Qué le pasa al buen vecino que me compra poca caña; pobre el guajiro Quirino si ese amigo nos engaña”. Es más, en Cañero No. 15, que interpretó con Francisco Repilado, habla en patois, el lenguaje de los cortadores de caña haitianos, que constituían la clase social con el nivel de vida más bajo a lo largo de la colonia y la república.

En Aquí como Allá, un son afro de Arsenio Rodríguez, la letra comienza con este lamento: “Ay Dios, Ay Dios. En Africa, en el Brasil, igual Cuba como en Haití, igual al sur que en Nueva York, el negro canta su dolor. Ay Dios, Ay Dios” ¿Hay una muestra mejor de internacionalismo? Solo que fue escrita a mediados de la década del cuarenta. De hecho, fue Arsenio Rodríguez quien primero adaptó los versos de José Martí, al estilo de la mundialmente célebre Guantanamera. En una de las composiciones que Rodríguez escribió entre los años 1946 y 1950, Canta Montero, aparecen ya los versos martianos: “Tiene el leopardo un abrigo en su monte seco y pardo. Yo tengo más que el leopardo, porque tengo un buen amigo”.

Entre los años 1943 y 45, Cascarita cantó con Julio Cuevas y su orquesta, una guaracha de Cuevas, donde denunciaba el acaparamiento de la jama, en una letra que no tiene desperdicio, y ciertamente mucha actualidad luego del primero de enero de 1959: “Ahora dicen acaparando, la verdad es que están faltando, muchas cosas pa’ comer”.

En todos estos ejemplos, los contrastes entre melodía, ritmo y letra son mucho más creativos que en los rasgueos monocordes de Silvio y sus metáforas forzadas.

Silvio representó una pequeña posibilidad contestataria dentro del sistema y lo que es más importante, de individualidad creadora. Más que un rebelde y un verdadero creador, siempre ha sido un débil.

Alfredo Guevara, que siempre fue un malvado inteligente, se dio cuenta de ello. Haydée, que era una mujer bruta, insensible y pueblerina, debió encontrar algo atractivo en ampararlo: quizá una forma de reafirmar su poder o un nuevo intento de compensar su incultura.

No se puede negar que supo pagar sus cuentas: a los funcionarios, con obediencia; a su público con un puñado de composiciones agradables. Cabe la posibilidad de que conserve tres o cuatro canciones ejemplares, debidamente resguardadas para cuando llegue el momento. Ello es suficiente para mandatarios y oyentes, para tener el oficio de músico, para ser famoso. No para ser admirado como ejemplo de músico rebelde.

La canción cubana que expresa rebeldía contra los males del país nunca necesitó etiquetas. Para encontrarla basta recorrer el cancionero nacional. Jamás buscó una justificación más allá de su valor sonoro y mucho menos etiquetas.


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