Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Cine, Arte 7

Carnalidad, carretera y revelación

El problema mayor de este filme es que es demasiado largo, y a fuerza de recorrer el camino con los personajes, el argumento termina volviéndose predecible

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Star es una mulata nacida en Texas que dice tener dieciocho años. En la primera secuencia de American Honey, está metida en un basurero escarbando por cualquier cosa hasta que encuentra un pollo todavía en su envoltorio original. Anda con dos niños rubios que, nunca lo sabremos, pueden ser sus hermanos o simplemente dos niños a los que cuida. Mientras infructuosamente trata de agarrar un aventón, se conecta, en el parqueo de un K Mart, o algo similar, con un hombre joven que comanda un grupo de adolescentes y que se disponen a crear caos en la tienda. La atracción física es mutua e inmediata.

Resulta, según le explica Jake, que así se llama el joven, que son un grupo itinerante que venden suscripciones de revistas casa por casa, utilizando el esquema de que son jóvenes que tratan de rehabilitar sus vidas y esta es la primera oportunidad que se les presenta para salir adelante. Atacan a sus posibles clientes por ese craso cristianismo redentor que permea la mentalidad americana. Tienen una historia preparada para cada ocasión.

Dejándose arrastrar por la atracción sexual que siente por Jake, Star deja a los niños que cuida a cargo de la madre (quien pudiera ser la de ella también), quien se encuentra practicando una rueda de música country (line dancing) y se le pierde sin decir más, ignorando las poco persuasivas protestas de la mujer.

El resto de este extremadamente largo filme es el viaje de Star, quien se deja llevar por sus deseos carnales y sus caprichos afectivos y se enrola en una aventura que la lleva por la América profunda, desde Missouri hasta Dakota del Norte, pasando por Oklahoma, Kansas y Iowa.

El verdadero cerebro de la operación es una “redneck” emprendedora que utiliza a Jake para reclutar a su tropa. El grupo está compuesto por una variopinta constelación de adolecentes sin rumbo y sin meta, cuyos antecedentes y motivaciones no se explican para subrayar el elemento de vivencia existencial, camino a no se sabe dónde que le interesa al filme y a su directora.

Andrea Arnold (1961) es una realizadora inglesa que se especializa en el tema de la carnalidad como exploración de las motivaciones individuales. Tanto en Red Road (2006), como en Fish Tank (2009) los personajes centrales siguen sus deseos sexuales en busca de emociones que las saquen de su tediosa cotidianidad, en la cual se sienten y se encuentran atrapadas. El apetito sexual como brújula es la única forma que sospechan los sacará del callejón sin salida que son sus vidas. Sus filmes anteriores se han desarrollado en Inglaterra y en Escocia. En 2011 filmó una heterodoxa versión de Cumbres borrascosas que no resolvió bien. Esta es la primera vez que traslada su temática a Estados Unidos y su ojo de extranjera ofrece una visión muy diferente a la que se acostumbra a ver.

Arnold es una narradora excelente y despliega su talento en el guion de American Honey con un argumento sencillo que deja seguir el desarrollo de las relaciones entre sus personajes como el centro de la obra. Se percibe la posibilidad de la tragedia a cada rato, pero Arnold nunca resuelve la trama con facilismos ni con golpes de extrema emocionalidad. La trama transcurre con la naturalidad de la vida misma.

El problema mayor del filme es que es demasiado largo y a fuerza de recorrer el camino con los personajes, el argumento termina volviéndose predecible. Cuando Star, en medio de sus problemas y su inmadurez, recibe una especie de iluminación agustiniana, ya el espectador está demasiado preparado para este desenlace y lo toma con abulia. No es que el filme aburra, pero es que, a fuerza de seguir a adolescentes sin rumbo, por largo rato, uno termina perdiendo el interés por los personajes, porque se le empiezan a ver las costuras a la trama.

Shia LaBeouf (Disturbia, The Company You Keep, Nymphomaniac I and II) es un buen actor que es además multifacético y aquí aprovecha la oportunidad de destacarse en un papel nuevo para él, protagonizando a un pobre diablo que no se reconoce víctima pero que aprovecha la madurez que le lleva a sus reclutas para convertirse en su victimario sexual y afectivo. Es un manipulador quien es a su vez manipulado. Su ama es la jefa de la manada, Krystal, otra mujer que utiliza el sexo tanto para su placer como de instrumento de control. En su breve papel, Riley Keugh, la nieta de Elvis Presley, resulta efectiva.

El resto de los actores apenas tiene experiencia. Sasha Lane (Dallas, 1995), debuta con fuerza en este papel de Star, en la cual se centra la película y es capaz de resolver las exigencias dramáticas manteniendo una naturalidad y un minimalismo convincentes, sin tener que recurrir a exabruptos ni gestos excesivos. Representa muy bien esa irreprimible “fuerza salvaje” que quiere ofrecer la directora. Se mueve perfectamente bien entre la fragilidad y la testarudez hormonal. Todos los personajes están bien construidos y llenos de matices que resaltan su endeble humanidad.

La fotografía del irlandés Robbie Ryan, quien ya había trabajado con Arnold en Fish Tank y Red Road, subraya el misterio de los amplios paisajes de la pradera americana de una forma nunca vista antes. Mantiene el realismo a la vez que establece inquietud e incertidumbre con el enfoque de sus planos.

La banda sonora va de Ludacris a Lady Antebellum (de cuya canción homónima toma el título el filme), de rap a country con escala en el rock, está muy bien utilizada, apoya a la trama in convertirse en distracción.

American Honey a veces confunde y uno no está seguro de estar viendo una parábola o simplemente un pedazo de la vida de gente a quienes normalmente no prestamos atención. Puede llamar a la reflexión, pero puede también disfrutarse como simple ejercicio narrativo. Si no fuera tan larga…

American Honey (EEUU/Reino Unido, 2016). Dirección y guion: Andrea Arnold. Director de fotografía: Robbie Ryan. Con: Sasha Lane, Shia LaBeouf y Riley Keough. De estreno limitado en las mayores ciudades de Estados Unidos.


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