Actualizado: 11/06/2021 18:59
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Literatura, Literatura cubana, Poesía

Celebrar la bondad y la belleza

En su libro más reciente, Laura Ymayo Tartakoff recoge una veintena larga de poemas asequibles y comunicativos, pero cuya claridad no está exenta de cierta dosis de misterio

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“En Ángeles y peces:/mitos y misterio,/ hay santos, artistas, música y héroes,/ pájaros, humanos,/ mascotas/ e insectos./ No hay espacio/ para la nostalgia,/ la ira/ o los lamentos,/ para fuegos artificiales/ y maleficios.// Aspira,/ a través de imágenes/ recuerdos/ y símbolos/ a dar con la bondad/ y la belleza,/ a celebrar armonías/ y evitar disparates/ y precipicios”.

Esos versos pertenecen al poema “Epílogo”, que como su título indica sirve de cierre a Ángeles y peces: Los mitos y el misterio/ Angels and Fish: Myths and Mistery (Editorial Betania, Madrid, 2021, 76 páginas). Su autora, Laura Yamayo Tartakoff, bien pudo incluirlo al inicio de su libro, pues obra como una suerte de poética de su escritura, a la vez que adelanta un sucinto índice del contenido temático. Algo que se confirma tras leer los veintinueve textos en versión bilingüe que integran el poemario.

En el poema con el cual se abre el libro, a través de la voz poética Ymayo Tartakoff introduce la referencialidad: “El inglés no es mi primer idioma./ Lo sé./ Tengo más de una lengua maternal./ Juego y pienso en inglés, en español,/ en francés…”. Pero en los textos que siguen esas referencias personales apenas vuelven a aparecer. La escritora prefiere dedicarse a disfrutar el paisaje, a observar la naturaleza y a dejar que su mirada contempladora dé relieve a lo exterior y a lo interior.

“Todo pequeño milagro/ es grandísimo”, expresa en “Verano”. A partir de esa premisa, registra la fuente que apaga el ruido de los autos, el vuelo bajo de la mariposa, la nube que cubre la montaña, el olor a hierba húmeda y árbol empinado que tiene en Cleveland la estación estival. Ese lirismo contemplativo no excluye cierto matiz reflexivo: “La cigarra canta/ y hay fulgor de cocuyos/ por doquier./ Con ellos borro y anulo/ el miedo/ que la incertidumbre/ sin bochorno/ a cualquier hora/ otorga y proclama”.

La escritora presta atención a todo lo que irradia luz, belleza, espiritualidad, poesía. Al visitar Dublín, se detiene en el Parque de San Esteban, para saludar a Joyce y a Tagore, y en la Plaza Merrion, a Oscar Wilde. En “Casa Harcourt”, resalta que “el jardín sin ángeles/ cuenta niños traviesos/ y pájaros políglotas/ flores/ árboles/ piedras y plegarias”. Asimismo, está convencida de que la música trasciende diccionarios y fronteras, y apoya su afirmación con los ejemplos de Chopin y Liszt, quienes “convierten/ dolores/ y pésames/ a lo sublime/ y espléndido./ Conocen más de una vida./ Bendicen y consuelan./ Abrazan con ternura”.

Como la propia autora confiesa, le encantan los cuentos de hadas y los mitos. “Mitos” se titula precisamente un poema en el que se acerca al de Dédalo e Ícaro. En los versos finales, lo enlaza con otro igualmente conocido: “Dédalo como Sísifo/ va a empujar/ una piedra pesada/ que sin remedio/ rueda hacia abajo”. No rehúye, sin embargo, la referencia a la actualidad más actual e inmediata, y en “Covid19” escribe: “Como el hielo/ todo es ahora/ incierto/ peligroso/ y pasajero…/ pero tiempo/ no hay aún/ para un apocalipsis/ final”.

Ymayo Tartakoff escribe de forma lenta y reposada. No la apremia la prisa por publicar, y eso explica que desde 1976, fecha en que dio a conocer su primer libro, su bibliografía solo se ha incrementado con cuatro títulos más. Son, asimismo, poemarios que tienden a la brevedad, como es el caso del reseñado en estas líneas. Su autora escribe además al margen de las corrientes en boga, y prefiere seguir sus propios caminos. Los suyos son poemas asequibles y comunicativos, pero su claridad no está exenta de cierta dosis de misterio. En ellos sabe captar pequeños matices emotivos, pero no es dada a las efusiones sentimentales. Eluden los excesos y desbordes, seguramente porque quien los firma sabe que la elocuencia es mala amiga de la poesía.