Actualizado: 14/12/2018 10:51
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Bebo, Música, Música cubana

Centenario de Bebo Valdés: itinerario musical de su segunda vida

Bebo Valdés vivió sus últimos años retirado en Benalmádena, provincia de Málaga, España

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Tenemos que agradecerle a Paquito D’Rivera que Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro (Quivicán, Cuba, 9 de octubre de 1918-Estocolmo, Suecia, 22 de marzo de 2013), volviera a pasear sus largos dedos sobre las teclas de un piano en aras de “retomar” su carrera. Bebo ya había vivido una primera vida musical: Paquito, lo invitaba a la segunda.

Año de 1964: el creador del ritmo Batanga —ausente de Cuba desde 1960—, realiza una gira por Europa al frente del Havana Cuban Boys. Conoce a una sueca de 19 años, Rose Marie Pehrson, y se enamora locamente: decide fincar su residencia en Estocolmo. Consigue empleo como pianista de una cadena de hoteles y de una academia de ballet. Vida tranquila con su joven esposa y pequeños hijos. Los suecos no sospechan que el pianista complaciente y educado que metódicamente actúa en el lobby del bar de los hoteles ejecutando acordes del “Son de la loma” y tumbaos de guarachas y mambos, sea uno de los mejores músicos oriundos de la “isla revolucionaria” del Caribe que por esas fechas, ha desafiado a Estados Unidos.

Treinta años de relativo anonimato y exilio obligado por sus ideas contrarias al régimen castrista. 1994, recibe una llamada de Paquito D’Rivera, quien lo invita a grabar un álbum en Alemania: Bebo Rides Again (Messidor, 1995): Bebo cabalga de nuevo, y de qué manera: brío de renovado alegato. En la portada del disco sonríe satisfecho con una juvenil camisa a cuadros, entre partituras, un viejo contrabajo y piano acústico al fondo.

Vendría una tanda de placas —producidas por Trueba y Nat Chediak— que sorprendería a muchos. Los que ya conocían la trayectoria del autor del mambo “Rareza del siglo”, celebran el “regreso” de quien fuera asesor musical del Tropicana en su época de oro. 76 años: reinicio de una carrera que lo reafirma figura central de la música cubana: Cuba Jazz (1996) —reencuentro, después de mucho tiempo, con su hijo Chucho—; AfroCuban Jazz Suite/Eladio Reinón LatinBig Band/ Bebo Valdés (1998) —cruce con una Big Band, y estreno de su Suite dedicada a Cuba—; Recuerdos de Habana/A Portrait at 80 (1999) —repaso y paseo por los espacios de las descargas habaneras con su hijo nacido en Suecia, Rickard, en los timbales—; Calle54 (2000) —coloquio con su amigo Cachao: “Lágrimas negras”; y tertulia pianística, a través de Lecuona: “La Comparsa”, con su hijo Chucho—; El arte del sabor (2001) —pequeña obra maestra que reúne a Paquito, Cachao y Patato—; Lágrimas negras (2003) —histórica confluencia pianística de bolero, tango y flamenco en complicidad con el cantaor gitano Cigala—; Bebo de Cuba (2004), —el mejor álbum de jazz afrocubano de los últimos 40 años y posiblemente, la producción musical más afanosa y completa del autor de “Nocturno en batanga”—; Bebo —álbum de piano solo en abierto tributo a Saumell, Cervantes y Lecuona— (2006); Bebo Valdés & Javier Colina (2007) —acertado encuentro de un bajo flamenco con orlas pianísticas afrocaribeñas—; Bebo Valdés & FedericoBritos (2007) —ferviente conversación de violín y piano—; Bebo Valdés & The Legendary Vocalists (Compilación, 2007) —muestrario del Bebo Valdés arreglista y director musical al servicio de legendarios cantantes—; Juntos parasiempre/Bebo & Chucho(2008) —padre e hijo en histórico convite pianístico. Los arrestos de Bebo de 94 años de edad, de los cuales dedicó a la música de la Isla, más de 70. Segunda vida, segundo aire de un itinerario sorpresivo y prolífico de quien fuera director artístico del bolerista chileno Lucho Gatica y arreglista de Ernesto Lecuona.

Su última producción: Chico & Rita (Calle 54 Records, Sony Music, 2011): banda sonora del filme de animación homónimo realizado por Fernando Trueba y Javier Mariscal. “La historia de amor de dos músicos, una cantante y un pianista”, avisaba el cineasta español enamorado incondicional del jazz latino, y productor de ese gaudeamus que es el filme Calle 54. Crónica del jazz afrocubano, apuntes bebop, cubop, bolero mexicano, swing, mambo, guaracha y esquemas guaguancoseros.

Manual/mosaico que recrea momentos capitales del jazz latino. Reconocimiento a los creadores del mambo (Cachao y Oreste López) en un tema charanguero “Cachao creador del Mambo” (Valdés). Blues a la cubana con “Bebo’s Blue”, ejecutado por la “Chico & Rita Madrid Band” en complemento con la primera descarga del jazz afrocubano: “Con poco coco”. “Celia”, composición del pianista bebop Bud Powell, ejecutada con magisterio por el pianista Rolando Luna en frondas de habanera y acotaciones de Saumell/Cervantes. De “Bésame mucho” a “Sabor a mí”, de “Ecuación” a “Nocturno en batanga”, de “Tin Tin Deo” a “Mambo Herd”, de “Ay qué mala é” a “La Bella Cubana”, de “Paran pan pan” a “Time Goes By”, de “A Mayra” a “Fascinating Rhythm”… / La noche y la música. Invocaciones y resonancias de Tropicana, Apollo, Roseland, Sloppy Joe’s, Astor…

Último trabajo del fundador y director de la Orquesta Sabor de Cuba (1952). No llegó a cumplir los 95 años de edad. Vivió sus últimos años retirado en Benalmádena, provincia de Málaga, España, junto a su querida Rose Marie y visitas frecuentes de su hijo Chucho, después de una carrera vertiginosa en las plazas del mambo, batanga, música de cabaret, ballet, teatro de variedades… / Compositor, arreglista, asesor musical. Padre del fundador de Irakere, el más importante combo de jazz afrocubano de todos los tiempos. Admirado y querido por sus amigos Cachao, Federico Brito, Rolando La Serie, Lucho Gatica, Benny Moré, Ernesto Lecuona, Tito Rivera (padre de Paquito)… Tercera vida.

“Lo único que le pido a Dios es que me deje tocar el piano hasta que me muera”, decía constantemente antes de que lo aquejara el alzhéimer. Un piano suena en los resquicios del mediodía. Unos tambores batá desencajan la cadencia sobre el montuno. La orquesta es una soflama de cadencias. Veo como Bebo sonríe. No me canso de poner sus discos una y otra vez mientras escribo y la lluvia ciclónica de octubre golpea las ventanas.

Mi vecino, un muchacho estudiante de música, enamorado del son cubano, vino a preguntarme que por qué repetía los mismos discos desde el sábado: “Es que el martes 9 de octubre, el pianista Bebo Valdés cumple 100 años y eso hay que celebrarlo. Escucha esta pieza (puse en el reproductor “De baracutey”, una batanga/descarga que Bebo grabó para el álbum Bebo de Cuba) y tú mismo, que estudia música, dime si no vale la pena el festejo”. Se quedó en silencio. Abrió los ojos con esa fascinación tan franca que tienen los mexicanos por Cuba. Nos abrazamos bajo el solo festivo del trombón de Juan Pablo Torres en un solo escoltado por clústeres juguetones de Bebo. Músico entrañable. Centenario de un grande de la Isla de la Música. Bebo de Cuba. Bebo del mundo.


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