Actualizado: 17/12/2018 10:04
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Cínico camino hacia la redención

Esta película falla, porque a medida que avanza pierde su dirección y no logra ensamblar las distintas piezas, teniendo que resolverlo todo en un final demasiado convencional y hasta cierto punto lacrimógeno

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John Callahan (1951-2010), fue abandonado por sus padres, a los ocho años fue abusado por una maestra, comenzó a beber a los doce y a los veintiuno se vio involucrado en un accidente automovilístico del cual quedó parapléjico. No fue su culpa, pues no iba al timón, pero el alcohol fue la causa del desastre. Tras ingresar en Alcohólicos Anónimos, dejó de tomar a los veintisiete años. Desde su silla de ruedas desarrolló una carrera como dibujante y caricaturista satírico. También fue artista gráfico y cantante, grabando varios discos de blues y dando conciertos. Nació, creció, vivió y murió en Portland.

Basado en la obra homónima de Callahan, el filme Dont’ Worry, He Won’t Get Far on Foot, cubre aspectos de su biografía. Dirigido por Gus Van Sant, se concentra en su lucha contra el alcohol y su relación con su patrocinador en Alcohólicos Anónimos, así como su escalada de los doce pasos que establece esa organización para la redención.

Van Sant es un director difícil de evaluar, su carrera es errática, es capaz de realizar una joya del cine independiente como Drugstore Cowboy (1989), como una obra osada como My Own Private Idaho (1991), como un remake de Psycho (1998), en el cual reproduce el original de Hitchcock plano por plano, como un filme serio y maduro del nivel de Elephant (2003), a la vez que se involucra en proyectos comerciales de dudoso valor como To Die For (1995), Good Will Hunting (1997) y Promised Land (2012), o produce monsergas solemnes como Finding Forrester (2000) o Milk (2008). Lo mismo gana en Cannes por la excelente Paranoid Park (2007), que es nominado al Oscar por Milk y por Good Will Hunting. Lo que es incuestionable es que posee oficio y, por lo general, está dispuesto a correr riesgos artísticos.

Dado el tema de este filme, esbozado en el primer párrafo de este artículo, pudiera esperarse que se trata de una descarga educativa sobre los riesgos del alcohol, y aunque hay algo de eso, resulta un poco más y a la vez un poco menos. Van Sant desarrolla el guion narrando en saltos elípticos que por lo general evitan el melodrama barato, aprovechando el refinado humor negro tanto del propio personaje de Callahan, como de su obra, que le ganó varias controversias por tocar temas sensibles con dibujos “políticamente incorrectos”. Va sumando elementos de una manera muy cinematográfica, para irnos ofreciendo la evolución del personaje esquivando una aburrida linealidad. También se adentra en sus relaciones íntimas con Donnie, su patrocinador, y Annu, una joven sueca, que termina trabajando de aeromoza con quien parece haber convivido varios años.

Van Sant no está interesado por una biografía detallada ni por crear ningún tipo de suspense con los vericuetos de la vida de Callahan, sino que trata de hacer una suerte de pastiche sobre el personaje y la obra. Esto resulta muy interesante, pero el filme falla, porque a medida que avanza pierde su dirección y no logra ensamblar las distintas piezas, teniendo que resolverlo todo en un final demasiado convencional y hasta cierto punto lacrimógeno. Muchos personajes desaparecen de la trama antes de tiempo, o se extravían y regresan de forma inefectiva.

Joaquín Phoenix es uno de los actores más subvalorados del cine americano, quizá porque ha decidido hacer mayormente personajes marginales, de personalidades oscuras, pero siempre se envuelve en su rol y sus actuaciones van de excelentes a extraordinarias. Aquí vuelve a dar un recital de buena actuación en su papel de Callahan. Es responsable de lo mejor de gran parte de la trama y no digo el único, porque la gran sorpresa del filme es Jonah Hill, completamente transformado físicamente y asumiendo un papel lleno de riqueza dramática que nada tiene que ver con lo que ha interpretado anteriormente. Utiliza muy bien su experiencia de comediante para añadir matices ambiguos y tragicómicos al sarcástico Donnie, el patrocinador de Callahan en Alcohólicos Anónimos. El resto de los actores están muy bien en sus limitados roles, sobre todo Rooney Mara, Kim Gordon, Carrie Brownstein y Tony Greenhand, este último, como el asistente de Callahan, casi ni se nota, sin embargo, muchas partes del filme no funcionarían sin su presencia ínfima.

La fotografía de Christopher Blauvelt (Meek’s Cutoff; Certain Women) resuelve muy bien la iluminación y la tonalidad para expresar la visualidad de los años setenta y ochenta, que muchos camarógrafos convierten en malas caricaturas. La música de Danny Elfman por lo general subraya muy bien el tono emocional, sin distraer de los diálogos y de las imágenes.

El filme desperdicia muchas de las oportunidades que crea en su desarrollo, cede el reto artístico y se contenta con soluciones convencionales. Una vez más, Van Sant me confunde.

Don’t Worry, He won’t Get Far on Foot (EEUU, 2018). Guion y dirección: Gus Van Sant (basado en la obra autobiográfica del mismo título, escrita por John Callahan). Director de fotografía: Christopher Blauvelt. Con: Joaquin Phoenix, Jonah Hill, Kim Gordon, Jack Black, Rooney Mara, Carrie Brownstein y Tony Greenhand. De estreno limitado en todas las ciudades estadounidenses.


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