Actualizado: 05/12/2019 10:02
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Ciudadano Caín

Al igual que el 'Quijote' a los españoles, 'Tres Tristes Tigres' puso a los cubanos a reírse de sí mismos.

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Quien pretenda asomarse al espíritu de nuestro tiempo (como quien mira las vísceras de una vaca) y observar la podredumbre de una ciudad que parió una revolución, deberá leer las entrañas de Tres Tristes Tigres.

Ahí están, retratadas por un fotógrafo del Prado, las semblanzas de aquellos "philosophes" y cómicos de la legua que desacreditaron, a fuerza de risa, todo un sistema; los sofistas, rocambolescos y peripatéticos, que cataron las heces de la República y las encontraron cómicamente amargas.

Se ha dicho que TTT es una celebración de La Habana: yo sólo veo el anatema. Contra la gran ramera, podría ser el título alterno de esa obra. La meretriz que sale a escena en sus páginas —seducida y abandonada por los mismos intelectuales que la hicieron estrella por una noche— es objeto de burlas, no de apologías.

Un trío de condescendientes canallas decide lanzarla a la fama, pero sólo como fenómeno de circo: ese circo de tres pistas que se llamó Tres Tristes Tigres. Quizás la ilusión literaria más lograda de Cabrera Infante sea el "tiempo real", de manera que veamos siempre una Habana en presente, con su Rine, su Chori y su Caín.

La novela es una Comedia: el maestro de ceremonias, desde la página de entrada, nos advierte en spanglish: ¡abandonad aquí toda esperanza! Pasamos del freak show a un bazar de Casablanca; los nativos bailan la rumba, entretienen a los turistas. Las últimas mesas están ocupadas por la sociedad criolla, que ha producido una razonable logia de diletantes y desengañados. Aplaudiendo con sorna, y concientes de que todo está a punto de venirse abajo, saben que llorarán; pero, ¿qué podrían hacer ellos?

No, estos cachorros son meros cronistas de espectáculos, contagiados de la enfermedad que afecta a la burguesía pachanguera de Tropicana. Están allí para hacer el cuento —del oropel, de las fiestas galantes, de la música que se tocaba en el burdel político— y no para meterse en líos.

No hay conciencia social en TTT, sólo un monstruoso inconsciente colectivo. Sus tres tristes tigres son los decadentes de siempre, los árbitros de la moda, los cínicos de cualquier metrópoli a punto del colapso, sea la Roma del Satiricón, el Berlín de Franz Biberkopf, o incluso la Viena de Hitler en ese extraño capítulo expresionista "Sobre la suerte de la clase obrera", de Mein Kampf.


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