Actualizado: 26/11/2022 10:59
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Literatura

Con perdón de los lezamianos

¿Es 'Paradiso' una novela cursi y mal escrita? ¿Han sobredimensionado los críticos la obra de Lezama Lima?

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El dato, proporcionado por Jorge Luis Arcos en un artículo publicado en este mismo diario, de que Paradiso aparece en una lista de la revista Times en el quinto lugar entre los libros más influyentes y reconocidos del pasado siglo, me ha hecho reflexionar un poco sobre mi persistente desafección a casi toda la obra de Lezama. Conciente estoy, desde luego, de que ha de tratarse de una simple incapacidad mía de apreciación: ya dijo Cortázar, a raíz de la aparición de la celebrada novela, que "pocos son capaces de bajar a aguas profundas (...), muy pocos merecen a José Lezama Lima".

Es cada vez más evidente, sin embargo, que quienes nunca hemos entendido la jerarquía que se le atribuye somos exigua minoría dentro del gremio. Frente a la persistencia y el fervor de generaciones de admiradores, no llegamos a conformar tradición. El irónico "no entiendo" de Jorge Mañach ha quedado como una expresión de su verdadera incapacidad de comprender la poesía.

Mucho más conocedor del tema, Heberto Padilla se retractó sin embargo de sus críticas a Lezama en Lunes de Revolución. Desde la academia, los reparos de Julio Rodríguez Luis y de algún que otro profesor alemán han quedado opacados del todo frente a la renovada pujanza de los lezamistas. Los apuntes en recientes ensayos de Enrique Patterson o de Vicente Echerri apenas se escuchan en medio del coro lezamiano.

¿Cómo opinar que La expresión americana es un conjunto de ensayos torpes e insustanciales si Irlemar Chiampi afirma que es una obra central en la ensayística hispanoamericana? ¿Cómo sostener que Paradiso no es gran cosa si Emir Rodríguez Monegal y Virgilio Piñera la consideran una obra maestra? ¿Cómo argumentar que esta novela es menos que De dónde son los cantantes si el propio Sarduy la celebra como un non plus ultra? ¿Cómo sostener que Lezama escribe mal y que Paradiso tiene, más allá de la erudición de sus diálogos socráticos, un insondable fondo de cursilería, sin revestir automáticamente, a los ojos de los lezamianos, el ingrato traje de celui qui ne comprend pas?

Y, sin embargo, es preciso confesar que seguimos —sigo, debo hablar en primera persona— sin reconocer la grandeza de Lezama. Sin criticar Paradiso desde la tribuna verde olivo de Leopoldo Ávila o desde la defensa de cualquier tipo específico de literatura (realista, vanguardista, comercial, etc.), me resulta sorprendente que esa novela sea considerada la más grande escrita en América Latina en el pasado siglo, por encima de otras como La ciudad y los perros, Cien años de soledad o El siglo de las luces.

Talento y erudición

El primer argumento con que podría explicar mi perplejidad es una opinión que pocos comparten: creo que Lezama carece de un don que sí tienen en grandes cantidades Carpentier y García Márquez, Vargas Llosa y Arenas: felicidad verbal. Su arbitraria puntuación, sus innecesarias repeticiones de palabras, sus errores sintácticos, su prosa macarrónica, en fin; si bien todo ello alcanza a constituir un estilo inconfundible no creo que pueda "recuperarse" como "mala" escritura subversiva de las normas ad usum; se trata, para mí, de un hecho irreductible: el talento de Lezama es mucho menor que su gran vocación y su insólita erudición.

Aparte, está el controvertido asunto de la originalidad. Según el crítico español Rafael Conte, Paradiso deja "la extraña sensación de estar inmersos en algo nuevo". Pero Julio Ortega reconoce agudamente la tradición decimonónica a la que Paradiso pertenece: la novela romántica, concebida como continuación del poema; es bastante evidente su aire con los dos principales continuadores de esta línea en nuestro siglo: Thomas Mann y Herman Hesse.


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