Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Piano, Música

Conciertos para la mano izquierda

Con gran dedicación Wittgenstein creó nuevas técnicas pianísticas en la que combinando el uso del pedal con su única mano tocaba acordes considerados imposibles con anterioridad

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La I Guerra Mundial dejó millones de muertos y de heridos, muchos perdieron alguna o todas sus extremidades, entre ellos dos músicos perdieron, o les afectó las heridas, el uso de la mano derecha, esta desdichada situación tuvo una resultante inesperada: la aparición de decenas de obras que enriquecieron el repertorio pianístico, en este caso para ser interpretadas solo con la mano izquierda.

Paul Wittgenstein [1887-1961] fue un pianista austriaco de segunda línea que debe su celebridad a que después de haber perdido su brazo derecho en un combate contra las tropas rusas en la I Guerra Mundial, decide continuar su carrera pianística con su brazo izquierdo.

Con gran dedicación Wittgenstein creó nuevas técnicas pianísticas en la que combinando el uso del pedal con su única mano tocaba acordes considerados imposibles con anterioridad. Al provenir de una familia acaudalada y a partir de sus logros, comisiona a varios compositores, previo el pago de una cantidad de dinero que desconocemos, para que creasen piezas para la mano izquierda. Entre ellos estaban músicos de la talla de Maurice Ravel [1875-1937][1]; Serguei Prokofiev [1891-1953][2]; Benjamin Britten [1913-1976][3]; Paul Hindemith [1895-1963][4]; Ricardo Strauss [1864-1949][5] y el actualmente no muy conocido Karl Weigl [1881-1949][6].

Sin lugar a duda la más conocida, y podemos decir brillante, de esas obras fue la compuesta por Ravel, su Concierto para la mano izquierda, obra compleja con influencia jazzística, usando polirritmia y diferentes recursos nada usuales desde su comienzo con una introducción del tema por parte de los contrabajos y un solo del contrafagot.

Existen un par de leyendas sobre la recepción de esta obra por Wittgenstein en la primera se dice que él no la pudo ejecutar por sus dificultades técnicas; la segunda que la estrenó, pero haciéndole varios arreglos lo cual originó una disputa con Ravel que nunca fue resuelta. Los hechos demuestran otra cosa, si bien es cierto que a Wittgenstein le tomó cierto tiempo estudiar y descifrar las complejidades de la obra, la misma fue estrenada por él con la Orquesta Sinfónica de Viena en enero 5 de 1932. Por otra parte, existe una grabación del concierto con Wittgenstein al piano y Ravel dirigiendo la orquesta, grabación que hubiese sido imposible de mediar una enemistad insuperable entre ellos.

Wittgenstein realizó la primera audición del Concierto de Ravel en Cuba con la Orquesta Filarmónica de La Habana bajo la dirección de Amadeo Roldán en 1937, en aquellos años los melómanos habaneros estaban, gracias a Roldán, al tanto de lo más avanzado e interesante del repertorio mundial. Eso no fue lo ocurrido después de desaparecida la Sociedad Pro-Arte Musical que dejó de existir —como era una institución burguesa— en 1961.

El que las desavenencias de Wittgenstein con Ravel no sean más que una leyenda no limita el hecho de que el pianista tuviese una difícil personalidad, lo cual queda en evidencias en la siguiente anécdota: En 1950 el pianista alemán Siegfried Rapp que había perdido el brazo derecho durante la II Guerra Mundial le escribió a Wittgenstein pidiéndole autorización para interpretar las obras que este había comisionado la respuesta fue:

“No construí una casa solo para que otra persona pueda vivir en ella. Comisioné y pagué las obras, toda la idea fue mía... Pero aquellas obras en las que todavía tengo los derechos exclusivos de representación permanecen como mías mientras yo continúe actuando en público; eso es lo correcto y justo. Una vez muerto, o ya no dando conciertos, las obras estarán a disposición de todos porque no deseo que cojan polvo en las bibliotecas en detrimento del compositor.”[7]

Esta actitud, por decir lo menos, posesiva de Wittgenstein impidió que el 4to Concierto para piano de Prokofiev fuese escuchado por ese compositor ya que su primera ejecución se produjo en 1956 cuando Siegfried Rapp estrenó la obra en Berlín, Prokofiev había muerto tres años antes. Wittgenstein, que había muerto en 1951, nunca interpretó la obra ya que alegaba que no entendía la lógica interna de la misma, en mi opinión en eso tenía razón, por otra parte, el concierto no está al nivel de los tres anteriores del compositor.

Sin embargo, la situación más grave se produjo con el concierto que le encomendó a Hindemith, —Klaviermusik mit Orchester para la mano izquierda y orquesta, Op. 29 (1923)— no le agradó y lo sumergió en sus archivos, muchos años pasaron y al morir su viuda, en el año 2002, el manuscrito del concierto fue encontrado y tuvo su primera audición con la interpretación del pianista norteamericano Leon Fleisher en 2004, habían pasado 41 años desde la muerte de Hindemith. La obra es merecedora de una mayor difusión ya que esta entre lo mejor escrito por Hindemith que por cierto no es un autor contemporáneo de mucha difusión, salvo quizás su obra Mathis der Maler.

El otro caso de un músico que perdiese el uso de su mano derecha por una herida en la I Guerra Mundial fue Otakar Hollmann [1894-1967] un violinista que nació en Viena, pero vivió toda su vida en Praga, una bala le atravesó la mano y al perder el uso de la misma, e inspirado por Wittgenstein, decidió completar estudios de piano, aprendiendo las técnicas creadas por este.

Hollmann carecía de los medios económicos para comisionar obras a compositores de primera línea, y solicitó ayuda a varios compositores checos y eslovacos: Erwin Schulhoff [1894-1942]; Bohuslav Martinů [1890-1959] y Leoš Janáček [1854-1928][8]; Martinů[9] y Janáček[10] siempre han tenido un lugar importante en el repertorio musical mundial y sus obras han sido grabadas e interpretadas en concierto ampliamente, no es el caso de Schulhoff[11] solo recientemente se ha generado un rescate de sus obras, él fue víctima del nazismo muriendo de tuberculosis en el campo de concentración de Wülzburg.

Actualmente las obras para la mano izquierda son interpretadas al piano por músicos en pleno uso de sus dos manos, ya que muchas de ellas son de interés y demuestran las habilidades de sus intérpretes. Tendríamos que agradecer a Wittgenstein que generase esta forma de ejecución que ha dejado obras de tanto valor como el Concierto de Ravel y otras.



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