Actualizado: 10/12/2019 14:39
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Contra las oficinas del tedio

María Zambrano, Cintio Vitier y la revolución cubana.

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Es muy significativo que una de las pensadoras más importantes del pasado siglo, la española María Zambrano, Premio Cervantes 1988, quien vivió en Cuba desde 1939 hasta 1953, durante un exilio que se prolongó hasta su regreso a España en 1984, a diferencia de tantos escritores de izquierda, no se refiriera nunca a la revolución cubana, ni mucho menos a Fidel Castro —ella que, para no pronunciar su nombre, se refería a Franco como "el innombrable".

Hasta fecha muy reciente, la única referencia conocida a aquel acontecimiento se podía leer en una carta a Cintio Vitier, fechada en 1959, donde le dice: "espero que ese mutamento lo sea de verdad y que la Cuba secreta encuentre su manifestación adecuada, su cauce y su voz".

En cartas posteriores, pero escritas ese mismo año, se disculpa por no poder aceptar la invitación de Vitier de regresar a Cuba, para dar clases en la Universidad Central de Las Villas, y le envía un ensayo suyo, dedicado a José Lezama Lima y Julián Orbón, para la Nueva Revista Cubana, que dirigía entonces el autor de Lo cubano en la poesía. Es curioso que le diga: "Me gustaría que fuera dedicado a José Lezama Lima y a Julián Orbón. Pero no sé si la revista admite dedicatorias, ni si por algún motivo que de lejos no puedo ver, resultaría poco oportuno". También le comenta: "Escribí a Retamar y le envié un artículo de la señora Croce. No he recibido contestación, aunque la urgía".

Como es conocido, Vitier tuvo que dejar la dirección de la revista ese mismo año —cuando comenzaron a publicarse, por cierto, textos muy duros contra el origenismo en general en Lunes de Revolución—, y fue sustituido por Fernández Retamar. El texto enviado a Vitier, Delirio, esperanza y razón, fue el último publicado en Cuba por María Zambrano, lo que llama la atención en una autora que, antes de 1959, había publicado en Cuba alrededor de sesenta textos.

Una razón puede ser el no pago de derechos de autor por parte de las autoridades, que ella necesitaba en su siempre precario exilio económico para vivir. Digo esto porque sorprende el hecho de que durante toda la década del sesenta la autora de Claros del bosque publicó numerosísimos artículos en la isla vecina, Puerto Rico.

La correspondencia, tanto con Vitier y Fina García Marruz como con Lezama, no se reanudó hasta la visita del poeta José Angel Valente a La Habana en 1967. Por otra parte, existe el dato de que Luis Amado Blanco, embajador de Cuba ante el Vaticano, le ofreció por aquel entonces también a María Zambrano, presumiblemente con la anuencia de Fidel Castro, la posibilidad de radicarse de nuevo en Cuba, ante lo cual la autora de El hombre y lo divino, entonces radicada en Roma, esgrimió razones personales para eludir la invitación.

Contra todo absolutismo

Hasta aquí lo objetivo, lo conocido. Sin embargo, se conoce que María Zambrano prolongó su amistad con muchos escritores y pintores cubanos exiliados, como Gastón Baquero, Julián Orbón, Carlos Franqui, Mario Parajón, Baruj Salinas, Calvert Casey, entre otros. Por lo que no podía desconocer de alguna manera la verdadera naturaleza de aquel "mutamento", que la republicana deseaba que fuera verdadero.

Lo cierto es que la autora de Persona y democracia (Puerto Rico, 1958) no podía estar de acuerdo con el rumbo cada vez más radical de la revolución cubana. Cualquier lector de Persona y democracia puede observar el rechazo de María Zambrano a toda manifestación de absolutismo o autoritarismo, tanto monárquico como dictatorial, tanto de izquierda como de derecha, tanto de corte fascista como estalinista.


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