Actualizado: 20/05/2022 11:41
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Pérez Firmat, Literatura, Literatura cubana

Cosecha de dos huertos

Gustavo Pérez Firmat preparó, junto a Yannelys Aparicio Molina, una amplia muestra de la faena poética de Heberto Padilla. Y ha iniciado el 2022 con la publicación de una colección de ensayos sobre poetas cubanos

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El fallecido Heberto Padilla ha encontrado en el escritor y académico Gustavo Pérez Firmat un eficaz valedor y divulgador de su obra. En 2018, preparó una magnífica edición de la antología Poesía romántica inglesa (1979), que el autor de El justo tiempo humano tradujo y compiló en Cuba durante su período de “decretada invisibilidad”. De aquel libro, Pérez Firmat realizó una selección de autores y textos, que corresponde a una cuarta parte de la edición original.

Ahora ha vuelto sobre la labor de creación de Padilla, y junto a Yannelys Aparicio Molina, profesora titular de la Universidad de La Rioja y estudiosa de la literatura cubana, ha compilado el volumen Fuera del juego y otros poemas (Cátedra, Letras Hispánicas, Madrid, 2021, 287 páginas). Se trata, como ya su título adelanta, de una antología que, además del poemario más conocido de Padilla, recoge una amplia muestra de su faena poética anterior y posterior al mismo. Asimismo, los compiladores han añadido al final diez traducciones pertenecientes a Poesía romántica inglesa. Al incorporarlas, han querido “poner en evidencia la colaboración entre el ingenio del traductor y el talento del poeta” y reconocer el rango creativo de esa actividad.

En la extensa introducción, los compiladores comienzan por llamar la atención sobre un hecho paradójico: cuando falleció en septiembre del año 2000, a Padilla se le conocía por el sonado escándalo internacional que desembocó en su arresto y encarcelamiento en Cuba, a comienzos de la década de los 70. Hoy, a más de veinte años de su muerte, esa situación no ha cambiado. Como anotan Pérez Firmat y Aparicio Molina, sobre el “caso Padilla” se ha escrito mucho, mientras que acerca de su labor poética, muy poco. Eso los lleva a demostrar, en el texto que presenta la selección, que antes de un caso, Padilla fue un poeta “que nos dejó algunos de los poemas más hermosos e hirientes que se escribieron en Cuba en el último siglo”.

Las primeras 25 páginas del medio centenar de páginas que tiene la introducción, corresponden al bloque “Autorretrato del otro”. En ellas, los compiladores hacen un documentado resumen de la trayectoria vital de Padilla. Como es natural, dedican un considerable espacio al caso de marras. Un incidente, como ellos comentan, que tuvo unos orígenes que se remontan a algunos años antes. En el segundo bloque, “El poeta”, realizan un análisis crítico de la ejecutoria poética de Padilla, en el que no olvidan contextualizarla en el mapa literario cubano dentro del cual se inscribe.

Ese texto se ajusta al carácter didáctico de las ediciones de Cátedra, pensadas para servir de obras de consulta a estudiantes y profesores. Nada tiene que ver, sin embargo, con ese estilo plúmbeo y de esotérica gravedad propio de buena parte del discurso académico. Esa lectura crítica en perspectiva de la obra poética de Padilla está sustentada, en primer lugar, en una prosa precisa, donosa y clara. Asimismo, lo que sus autores sostienen en esas páginas está expresado con un diáfano rigor, y como le gustaba comentar a Jorge Mañach, lo que dicen es siempre de mucha sustancia. Abundan los comentarios agudos e iluminadores y las opiniones propias. Para ilustrar lo que digo, véase este fragmento en el cual argumentan el discutible encasillamiento de Padilla dentro de la poesía conversacional:

“También falta en Padilla el insistente coloquialismo de la poesía conversacional. De ahí que raramente acuda al argot callejero, a slogans publicitarios, a vocablos y giros dialectales. De ahí también que falte el humor, la irreverencia, los juegos de palabras que con frecuencia acompañan la apropiación de la lengua popular (el sarcasmo corrosivo de algunos poemas no es humor). Dicho de otro modo: en Padilla hay mucha más «lengua» que «habla». Como señala César López a propósito de La hora, la poesía de Padilla es comunicativa pero culta. Si acudimos a la tipología clásica de esos estilos, la poesía conversacional oscila entre el registro bajo y el mediano. La de Padilla, al contrario, se aloja firmemente en el registro mediano con ocasionales incursiones en el estilo bajo (…) La suya es poesía de ocasión, pero las ocasiones tienden a ser excepcionales”.

Al preparar la antología, los compiladores corrigieron errores tipográficos y normalizaron la puntuación que hallaron en Fuera del juego. También tomaron en cuenta las dos ediciones posteriores que fueron revisadas por su autor. Entre ellas existen diferencias significativas, que aparecen registradas en las abundantes notas al pie. Estas incorporan además información y aclaraciones que son muy útiles para una cabal comprensión de los poemas. El libro incluye, por último, una bibliografía de los libros publicados por Padilla y de los estudios que se han dedicado a su obra. Estamos, pues, ante una magnífica edición, que permite que la poesía de Padilla vuelva estar al alcance de los lectores.

Deseo de inscribirse en su primera lengua

Tras realizar esa noble tarea de ponerse al servicio de la obra de Padilla, Pérez Firmat retomó la propia. Recopiló una docena de trabajos que había publicado en distintas revistas entre 2005 y 2021 y los reunió en un libro que acaba de salir de la imprenta: Saber de ausencia. Lecturas de poetas cubanos (y algo más) (Editorial Renacimiento, Colección Iluminaciones, Sevilla, 303 páginas). Dar noticia de su salida constituye para quien firma estas líneas motivo de regocijo. Pocos escritores como Pérez Firmat logran conjugar el disfrute de la lectura con el estímulo a la inteligencia y el enriquecimiento de nuestro saber.

Nueve son los poetas cubanos a los cuales Pérez Firmat dedica su atención: José Martí, Eugenio Florit, José Ángel Buesa, Dulce María Loynaz, Hilarión Cabrisas, Eliseo Diego, Heberto Padilla, Orlando González Esteva y Ricardo Pau-Llosa. A ellos ha incorporado el norteamericano Wallace Stevens, en quien descubre coordenadas cubanas en su poema “Academic Discourse at Havana”.

Dentro de la bibliografía de su autor, Saber de ausencia constituye un título atípico. Tanto sus obras ensayísticas y testimoniales como la mayor parte de su producción poética las ha escrito en inglés. Hasta ahora, la única excepción era Cincuenta lecciones de exilio y desexilio (2000). Sorprende, pues, que al cabo de varias décadas haya vuelto a su idioma materno. En esa vuelta, demuestra un pleno dominio del mismo, como si el castellano quisiese demostrar que aunque Pérez Firmat lo abandonó él nunca lo hizo. Pienso que en esa decisión tal vez haya tenido algo que ver el hecho de que todos esos textos monográficos están dedicados a escritores cubanos. Y el tema ha impuesto la lengua idónea para tratarlo.

En la introducción al libro, su autor expone el criterio que aplicó para seleccionar los textos que lo integran. Explica que estaba harto de traducirse —eso fue lo que hizo al trasladar al castellano sus libros Life on the Hyphen (1994) y Next Year in Cuba (1995). Por eso rescató de las revistas en que originalmente vieron la luz estos trabajos que escribió en español, “una lengua que es, para mí, en medida considerable, otro saber de ausencia, pues he vivido casi toda mi vida en un entorno cuya música ambiental es el inglés, el idioma en que habitualmente me desenvuelvo. Por tanto cuando escribo en español emprendo un regreso que experimento como un esfuerzo por sellar fracturas. Más allá de las circunstancias de su composición, en el origen de cada uno de los trabajos está el deseo de inscribirme en mi primera lengua y poner la anglofonía en mute”.

En el breve texto que aparece en la contraportada, se define el libro como “a medio camino entre la reflexión personal y el discurso académico, entre el aquí del exilio y el allá de la patria perdida”. Los libros y ensayos de Pérez Firmat llevan siempre la marca indeleble de su personalidad, su ingenio y humor, su peculiar estilo. Pero de igual modo, se distinguen por lo mejor que debe esperarse de quien ocupa la cátedra David Feninson de la Universidad de Columbia. Esto es, espíritu crítico, pensamiento razonado y riguroso, inteligencia, amplitud de lecturas, capacidad reflexiva. Todas esas cualidades están presentes en Sabor de ausencia.

Las lecturas que Pérez Firmat hace no vienen a repetir lo tantas veces dicho, ni a hacerlo desde los presupuestos y ángulos usuales. Por el contrario, aportan interpretaciones propias y novedosas. Un ejemplo de ello lo es “Dolor de pequeñez”, ensayo en el que rastrea el tema del enfrentamiento de un ser pequeño con un gigante en algunas obras de Martí. Para ello se vale de textos como su cuento para niños “Meñique”. En ese ensayo Pérez Firmat se propuso, como declara, “esbozar la silueta de un Martí leve, ligero”, pues si lo tomamos “tan en serio como él se tomaba a sí mismo, se hace poco menos que insoportable”.

Buesa se recita, pero no se cita

Para muchos ha de parecer sorprendente e incluso insólito que en el libro se dediquen sendos ensayos a Hilarión Cabrisas y José Ángel Buesa. Se trata de dos escritores que en vida gozaron de una enorme popularidad entre los lectores, pero a los cuales los críticos reconocen escaso o ningún valor literario. Algo que Pérez Firmat sintetiza con agudeza en el título del ensayo (“La impopularidad del éxito”) y al expresar que “la poesía de Buesa se aprende, pero no se estudia; se recita, pero no se cita”.

De acuerdo a Pérez Firmat, con Buesa tiene una relación muy antigua, que data de hace más de medio siglo. Sin pizca de vergüenza, confiesa que, de adolescente, se sabía de memoria el “Poema del renunciamiento”, y que el primer libro que regaló fue Oasis. Unas cuantas décadas después, decidió “demostrar que la cursilería y la calidad no se excluyen a propósito de los dos poemas que me aprendí a los catorce o quince años”. El resultado es un trabajo que se sustenta, en primer lugar, en una meticulosa lectura de toda la obra de Buesa. Admira, asimismo, por la perspicacia con que su autor ha sabido encontrar en ella aciertos y hallazgos que hasta ahora le habían sido negados. Prueba así que la amplia comunidad de lectores que el poeta creó, la consiguió con “un lenguaje llano, comunicativo, que no le pone trabas a la comprensión, pero que tampoco está exento de artificio, o más bien, de arte”.

De todos los escritores cubanoamericanos, Pérez Firmat es el que más y mejor ha reflexionado sobre la condición del exiliado. A lo ya publicado por él acerca de ese asunto, suma ahora “Destierro y destiempo”, un breve texto que sirve de epilogo a Saber de ausencia. El exilio aparece constituye también el punto de partida de otro ensayo, del cual el libro toma su título. Está dedicado a Orlando González Esteva y Ricardo Pau-Llosa, dos poetas que ilustran a plenitud las consecuencias a las que se enfrentaron los integrantes de la primera generación cubanoamericana.

Aunque ambos son contemporáneos y llegaron a Estados Unidos en la niñez, González Esteva ha escrito toda su obra en español, mientras que casi toda la de Pau-Llosa está en inglés. Poseen además trayectorias muy distintas, algo que también se puede decir de su producción poética. A pesar de ello, en su cuidadosa lectura Pérez Firmat halla afinidades, que tienen que ver con la situación de quienes abandonaron la Isla y arribaron a un destierro que se prolonga ya por más de seis décadas. Para ellos, Cuba ha pasado de ser un referente histórico, a ser una figura de la imaginación.

Al resto de los ensayos, no voy a referirme. Eso alargaría en exceso esta nota, a la que solo anima el modesto propósito de llamar la atención sobre la reciente salida de Saber de ausencia. Estamos ante un libro repleto de contenido original y expresado con inteligencia. Aporta reflexiones de calado, que expanden nuestros conocimientos. Y está escrito con un derroche de excelente prosa. No se me ocurren mejores razones para recomendar este nuevo título de un autor cuya lectura es siempre tan disfrutable como enriquecedora..