Actualizado: 14/06/2021 10:41
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Polanski, Arte 7, Cine

Cuatro personajes en busca de una película

En sus últimas películas Polanski parece perderse a medio camino

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A lo largo de toda su obra, desde Cuchillo en el agua (1962), pasando por Repulsión (1965), siguiendo con Rosemary’s Baby (1968) y Chinatown (1976) hasta llegar a The Ghost Writer (2010) y su más reciente Carnage (2012) los temas centrales de todos los filmes de Roman Polanski son la invasión y pérdida de la identidad personal y la cotidianidad del horror. Invariablemente sus temas tocan el papel del Otro como espejo que absorbe la identidad del yo hasta hacerlo indistinguible de su reflejo distorsionado. Este aspecto alcanza su clímax en Chinatown cuando el personaje que interpreta Faye Dunaway grita desesperada: “Es mi hermana, es mi hija, es mi hermana, es mi hija…”, ante los repetidos bofetones de Jack Nicholson. Aquí a su vez, se muestra el horror que habita dentro de la cotidianidad de una familia aparentemente convencional y fuera de toda sospecha. De esta manera, Polanski lanza sus ataques contra el anquilosamiento opresivo de los valores establecidos por la clase dominante. La Polonia sovietizada fue su primer blanco, el establishment estadounidense su segundo y más persistente objetivo. Cuando es sutil es magistral, cuando se vuelve obvio es pedestre.

Basándose en la varias veces premiada obra God of Carnage (ha obtenido los premios principales que se confieren en Gran Bretaña, Austria y Estados Unidos) de la escritora francesa Yasmina Reza, con quien trabajó en la escritura del guión, Polanski presenta de nuevo todos sus temas en Carnage, esta vez mediante el uso extremo de los estereotipos para establecer una dinámica del contraste.

La película comienza con una inocente escena de unos pre-adolescentes en un parque de Brooklyn, tomada desde lejos. No se escuchan sus voces pero vemos que hay una pequeña trifulca entre dos de ellos que termina cuando uno, blandiendo un largo gajo seco, golpea en la cara al otro. El resto del grupo reacciona confuso, quejándose al agresor, que lentamente sale de la imagen. Aquí Polanski corta y nos presenta a los padres del agresor y el agredido: Nancy (Kate Winslet) y Alan Cowan (Christopher Waltz) y Penélope (Jodie Foster) y Michael Longstreet (John C. Reilly) respectivamente, que se reúnen para discutir y llegar a una solución del dilema que el suceso les presenta, de una forma civilizada.

Alan y Nancy representan lo más despreciable de la clase media alta. Él es un agresivamente inescrupuloso abogado corporativo (perdonen la redundancia) y ella una banquera inversionista que parece estar jugando a las casitas, preocupada mayormente por su apariencia personal. Penélope y Michael son los representantes de la clase media. Ella trabaja en una librería mientras desarrolla su curiosidad intelectual y por las causas justas. Ha escrito un libro sobre las matanzas de Dalfour. Él es un vulgar vendedor de efectos de ferretería. No conozco la obra de Reza, pero aquí empiezan los problemas de la película. En primer lugar, el apartamento de los Longstreet parece estar muy por encima de sus medios. En segundo lugar, ninguna de estas parejas pegan ni con cola. No existe nada en común que una al ramplón y mediocre Michael, que solamente piensa en la subsistencia, con la seudosofisticada y pretenciosa Penélope, siempre en pose políticamente correcta. Tampoco se ve qué puede unir al metalizado y grosero de Alan con las más refinada pero vacua de Nancy.

Claro, estos son los problemas que se presentan al trabajar con personajes estereotipados y paradigmáticos, los cuales Polanski trata de resolver mediante su juego de identidades. Los personajes se van despojando de sus ropajes hasta el punto en que sus opiniones y actitudes parecen haberse intercambiado. Pero otro problema mayor es que en la película en realidad no pasa nada más allá de la verborrea delirante y agresiva de las parejas, discutiendo entre sí y contra sí mismos.

Este intento de demostrar la superficialidad de las actitudes de quienes adoptan la moral establecida para definirse como parte de un grupo social, en detrimento de sus individualidades, se convierte asimismo en un ejercicio inútil. Las imágenes no dicen nada, la palabrería es inteligente y a veces hay escaramuzas agudas e interesantes, pero falta el elemento del cine, que siempre debe apoyarse más en la imagen que en las palabras. Estos cuatro personajes están atrapados en una estructura teatral y no logran encontrar una película. Unos cuantos cortes entre primeros planos y planos medios, unas salidas al pasillo que no les conduce a ninguna parte y el aullido de un perro y la casi presencia efímera de un vecino curioso por enterarse de qué se discute son los únicos vagos intentos del director para evitar que su filme clasifique como teatro filmado.

Los cuatro personajes son desagradables y sus aristas positivas se deshacen de inmediato a través de sus parlamentos. Esto lastra bastante al personaje de Penélope, el menos creíble. Aunque Jodie Foster hace lo mejor que puede, siempre suena falsa, pero la causa está en el diseño dramático del personaje. Kate Winslet y Christopher Waltz ejecutan muy bien sus papeles, pero también tienen un poco más de espacio para maniobrar con ellos, ya que sus personajes tienen más matices y transiciones. La gran sorpresa es John C. Reilly, un actor que han usado en exceso en Hollywood para papeles en comedias crasas y que se ha destacado principalmente como actor secundario. Aquí consigue entregar un personaje plausible que enseña humanidad dentro del estereotipo.

Tras interminables discusiones que son mas bien diatribas con solemnidad sociológica y que a veces parecen diálogos entre sordos enfurecidos, la sangre nunca llega al río y en su escena final Polanski se burla de toda esta inútil intentona de apariencias civilizadoras, al presentar a los dos muchachos de nuevo en el parque, como si nada hubiera pasado.

En sus últimas películas Polanski parece perderse a medio camino. The Ghost Writer anduvo bien hasta que desertó sus temas para convertir la cinta en un simplón thriller político, llegando a niveles de paranoia absurda. Aquí parece tener buen control de sus temas y objetivos, pero dejó a los personajes engarzados en sus aspavientos, sin ubicarlos en una película.

Carnage (Coproducción franco-polaca-germano-española). Director: Roman Polanski. Guión: Roman Polanski y Yasmina Reza, basado en la obra teatral God of Carnage de la propia Reza. Con: John C. Reilly, Jodie Foster, Kate Winslet y Christopher Waltz.


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