Actualizado: 25/01/2022 14:16
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De guerreros y fugitivos

Armando de Armas publica en Miami el libro 'Carga de la caballería', con un lenguaje que reproduce la sordidez de la tragedia cubana.

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Armando de Armas es un escritor atípico, en la medida en que el adjetivo subvierte los estereotipos del escritor al uso. Marginal por convicción en la Cuba ultraclasista del castrismo, baste decir que fue condenado a prisión por protagonizar actos de desobediencia cívica, tras lo que se fugó de la cárcel de Minas, Camagüey, en 1990; que en 1994, bajo el fuego cruzado de las tropas guardafronteras, escapó de la Isla junto a otros 95 cubanos, a bordo de la embarcación Ferro-129; o que en 1995 sobrevivió al naufragio del Sun Down II, que desde Cayo Hueso se dirigía a La Habana como parte de una flotilla de protesta.

Vivencias como las anteriores generan, o por lo menos alimentan, un estilo más subversivo que libresco, más sanguíneo que ornamental. Carga de la caballería (Editorial El Almendro, Miami, 2006), el último libro de De Armas, es un buen ejemplo de ello.

En la pasarela que es Carga de la caballería, el desfile de la postmodernidad semeja más una estampida que un paseo o una demostración. Ocho relatos como ocho provocaciones, como "ocho navajazos a la cara sucia de la realidad": un sexo de mujer grotesco, luminoso, prendido de la frente de Reynaldo Arenas —estrella solitaria—; una pareja que copula en las márgenes del tiempo, de cara al sol de la transgresión histórica; un disidente exudando el delirio de la tortura en las cárceles de la Isla, o en las de su memoria, o en el manicomio; andróginos, suicidas, mutilaciones, raptos escatológicos, sesiones espiritistas.

En este libro el hombre es el depredador del hombre, es la víctima del hombre, es el arma arrojadiza de la realidad contra el hombre, volviendo una y otra vez sobre sí misma como un bumerang.

"El hilo conductor del libro es la lucha del individuo por preservar su dignidad frente a la tribu, frente a las fuerzas del colectivismo, pero también el propio individuo en la lucha por la vida, en la preservación de la especie", asegura De Armas. "Sobresalen tres temas recurrentes: la muerte, la mística y el sexo. En un cuento como Carga de la caballería esto es particularmente visible".

Súmese otro hilo conductor: el de un lenguaje a ratos caótico, a ratos empedernido, siempre increpante, inalterable en sus bifurcaciones. Un lenguaje que sirve celosamente a las historias que cuenta porque reproduce con fidelidad el caos, la empedernida sordidez de la tragedia cubana.

La trilogía más eficaz

Mención aparte merece Yo creo que ya se fueron, tal vez el primer relato impreso que aborda el tema de la lucha por los derechos humanos en Cuba desde una perspectiva original. Se trata de uno de esos raros textos en que política y literatura engranan fluidamente, esto es, en el que los pormenores del evento político no merman la profundidad de la inmersión literaria. O para mejor decirlo: en el que la paradoja de la coyuntura humana, minuciosamente traducida en palabras, rebasa con creces ambas circunstancias.

Junto a Carga de la caballería, que da título al volumen, y El fugitivo (epílogo en la postmodernidad) —suerte de flash metafórico donde el lirismo feroz del narrador postmoderno cae, como raíles de punta, sobre las últimas horas del guerrero postmoderno—, Yo creo que ya se fueron conforma la trilogía más eficaz de un libro que destaca, precisamente, por su eficacia experimental.