Actualizado: 20/11/2019 9:47
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Feria del Libro

De la euforia al desencanto

La autora nos cuenta las causas que la llevaron a dejar de asistir a la Feria Internacional del Libro de La Habana

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La Feria Internacional del Libro de la Habana es hoy día, para mí, una gran decepción.

¿Por qué? Puedo hacer un relato en retroactivo… de cuando era tan joven e inocente. Era el año 1999, apenas llevaba dos escribiendo, me fui por primera vez a la Mega Feria, ya emplazada en el Morro Cabaña.

Recuerdo con gran felicidad, que andábamos en manada un piquete de amigos escritores. El objetivo: robar libros. El cómo y cuándo eso era imprevisible, solamente sucedía con la más natural cadencia, pues aquellos recovecos del castillo carecían de vallas protectoras, y casi no había custodios. Los libros más importantes de mi vida, fueron sustraídos en aquellas Ferias iníciales en los años 1999-2002.

Puedo recordar, una de las anécdotas más locas que viví, ya por el año 2003 o quizás 2004. En aquel entonces la gente de la Cátedra Haydée Santamaría, habían logrado negociar un gran lote de libros como donativos para la creación de la Biblioteca. Lo más curioso del caso, es que la misma Cátedra, nos dejó a nosotros (los que después seríamos el proyecto CDP) a cargo de conseguir las cajas y además trasladarlas hacia un punto seguro en la Habana. De repente, nos vimos en una situación inédita. Bueno ya teníamos los libros en tres cajas mayúsculas, el reto fue el movimiento. Parecíamos 3 tránsfugas en la noche, con esas cajas en los hombros, atravesando los céspedes, parando taxis y/o lo que fuere que apareciera. Un chofer conmovido por nuestras caras de desolación decidió darnos un aventón hasta la Plaza de la Revolución. Luego bajamos a Calle G, buscando un autobús rumbo a Playa. A partir de este punto surge una laguna mental, pues como estábamos en G y con cajas creo que nos enrolamos en otros eventos.

Realmente no recuerdo cómo llegamos a mi casa con las 3 cajas de libros a salvo. Después los de la Cátedra se tardaron como 4 años en recoger esas 3 cajas de libros. Mientras tanto nosotros estábamos fundando y desarrollando el proyecto CDP.

Otra anécdota: una de las fundadoras de la Cátedra, estaba negociando con los responsables de la editorial FCE (Fondo de la Cultura Económica) de la UNAM, nada más y nada menos que las obras completas de Michael Foucault. La cuestión es que no había dinero para comprar semejante preciosura filosófica. Los mismos editores le ofrecieron a esta chica que les diera su dirección postal, para enviárselos en un corto plazo. Lo absurdo de esta historia es que la chica les dijo que NO. Todos caímos muertos de idiotez al escuchar el resultado de la gestión. Lamenté no poder estar en el lugar de ella. De haber sido así, no lo hubiera pensado dos veces y obviamente, las obras filosóficas de Michael Foucault, hoy estuvieran en mi biblioteca. Así que estimado lector/editor, si aún está interesado en donar las obra de Michael póngase con contacto conmigo.

También puedo recordar un rosario de anécdotas a la largo de los años comprendidos entre 2003 y 2008. Ya no se podían robar los que nosotros llamábamos “libros de bajo costo” (los comprados eran de “alto costo”) puesto que las autoridades y organizadores, les pusieron las vallas de protección a los recovecos, la seguridad se maximizó en la esquinas, en los pasillos. Ahora nos dedicábamos a literalmente “quemar la suela”. El objetivo: buscar amiguitos yumas para socializar y por supuesto emborracharnos hasta que nos diera un “amanezco cubano en el Malecón”. Ocasiones fueron muchas, sobre todos con mexicanos y la gente del Festival Internacional de Poesía. También por supuesto, que hubo borracheras españolas, francesas y/o italianas, aunque estas se ubicaban en el marco de la FILH o espacios de la ciudad.

En el tránsito de 2008 a 2009, me gané el premio Iberoamericano Julio Cortázar, entonces por los finales de 2008 me enfermé y tuve que llevar un reposo absoluto. El comité organizador ofreció la gentileza de organizar mis viajes en auto, ida-vuelta, para la presentación de mi libro en la FILH del 2009. Después le perdí el gusto a las quemaderas con los amigos. Mi cuerpo, mi ánimo y espíritu estaba en función de recuperarse más que en divertirse. Creo que simplemente comencé a visualizar otros objetivos.

2010, se supone que debió ser la gran feria para una escritora como yo.

Ese año la FILH estaban dedica al país origen de mi apellido materno: Rusia. Por aquel entonces supe que mi amigo Desiderio Navarro había presentado al Comité organizador un hermoso programa bilateral. Todas las áreas de la escritura y la creación, incluida la obra de los cubanos rusos, estaban presentes en ese plan. Lamentablemente sus maravillosas ideas cayeron en saco roto, en oídos sordos. De las pocas cosas que se aprobaron una fue el Restaurante Ruso y sus platos tradicionales.

Lo que sucedió en esta feria es de lo más inverosímil. Andaba de la mano de algunos de mis amiguitos americanos por las calles del complejo Morro Cabaña y por las noches/madrugadas nos íbamos de parranda. Amanecíamos afónicos y trasnochados. Además CDP se seguía reuniendo en la sede de la Madriguera, dos veces a la semana. De allí una vez salimos hacia el malecón rodeados de daneses, la segunda vez fue de noruegos. A las actividades apenas llegaba a tiempo, luego de las largas trasnochaderas. Como a veces no dormía en casa, simplemente los organizadores que me ponían el carro, me dejaban por incorregible.

Por primera vez sentía que esa no era mi FILH, y pensar que tanto le había pedido al universo que me concediera esa dicha. Para cuando ocurrió, ya había comenzado mi decepción. Ya no se podía robar, el piquete de amigos se había dispersado por el mundo, yo misma había redefinido mis horizontes. También había descubierto pasito a pasito el trasfondo político de todo aquel entramado: los amiguitos yumas eran turistas de izquierda y no les interesaban los proyectos socioculturales independientes, ellos solo querían proteger su visa de entrada al país. Fui despertando levemente del gran bluf estructural, de la cortina de humo, retirando mi energía y tiempo de esa gran mole que es la FILH.

Qué decir de las ferias de los años 2011 y 2012, ya ni tan siquiera me preocupé por conseguirme una credencial de “entrada permanente”.

Además, para mí no tenían ningún interés pues los países a que estaban dedicadas, no giraban en mi norte magnético.

Creo que con esas ferias, solamente tuve pequeños y periféricos roces. No porque los llamaba, sino porque sucedían. La verdad es que fueron agradables, no obstante ya nunca será como en los viejos tiempos. Esos tiempos en que éramos tan jóvenes e inocentes y se podía andar y robar por los largos recovecos del Morro Cabaña. Cuando un piquete de amigos borrachos soñábamos con cambiarle la faz a la literatura que nos corresponde escribir en nuestro tiempo.

Ahora ya no queda nada de eso, solo vagos recuerdos de las anécdotas y locuras que vivimos. Nosotros nos fuimos transformando en proyectos independientes, en seres libres y autónomos a pesar de estar en Cuba.

Ahora estamos en vocescubanas.com, el Observatorio Critico, CDP Arts Productions…

Somos los jóvenes que hacen la raíz de los cambios en la Cuba actual.


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