Actualizado: 04/12/2020 15:14
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Konchalovski, Cine, Arte 7

De masacres y mentes cautivas

Konchalovski dirige Dear Comrades con mano maestra y saca lo mejor de los actores, del montaje escénico y de la fotografía

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El 17 de mayo de 1962, el gobierno soviético emitió un decreto en el cual se aumentaban los precios de ciertos productos básicos como la leche, el kéfir y las carnes, a la vez que se aumentaban las exigencias de las cuotas de producción, por lo que los trabajadores iban a ganar menos. El descontento se hizo patente en muchos centros de producción, pero particularmente en Novocherkask, una ciudad en la región del Don, muy cerca de la frontera ucraniana y que durante la Revolución Rusa había sido el corazón de las fuerzas cosacas opositoras a los bolcheviques. No fue hasta enero de 1920 que el Ejército Rojo consiguió tomarla.

El primero de junio de 1962, más de tres mil obreros de la fábrica de locomotoras NEVZ, la más importante de la entonces Unión Soviética, se declararon en huelga y tras encerrarse dentro de la planta, salieron a protestar ante el edificio del gobierno municipal. Dada la envergadura del problema, el gobierno de Jruschov despachó inmediatamente a sus pesos pesados a lidiar con el asunto mientras él se dedicaba a visitar campamentos de pioneros y escuelas de konsomoles.

Frol Koslov, entonces miembro del secretariado del Comité Central del Partido Comunista, y

Anastas Mikoyan uno de los hombres más poderosos durante los diferentes periodos y gobiernos que sucedieron en los cincuenta años después de la Revolución y a la sazón viceprimer ministro, (un favorito de Jruschov que lo enviaba como representante diplomático en diferentes misiones importantes, entre ellas establecer relaciones con Cuba), descendieron sobre Novocherkask para dirimir a los huelguistas. Trajeron con ellos un batallón del ejercito soviético y algunos oficiales del alto mando.

La protesta fue ahogada al día siguiente, resultando en la muerte confirmada de 26 personas (aunque en Archipiélago Gulag, Solzhenitsyn especula que fueron más de ochenta) y 87 heridos. Los cadáveres fueron enterrados en tumbas dispersas y sin identificación y los familiares no fueron informados. Las noticias sobre los sucesos fueron censuradas y no se supo oficialmente nada hasta 1992. Muchos huelguistas fueron enviados a prisión por más de diez años, pero los datos acerca de su cantidad y sus condenas son contradictorios.

Estos hechos forman la base del argumento del filme Dear Comrades del director ruso Andrei Konchalovski. Pero el filme va mucho más allá de los sucesos y logra una complejidad muy bien llevada acerca del enfrentamiento ideológico entre generaciones criadas bajo el comunismo soviético y sobre la reacción psicológica de quienes han pasado toda su vida bajo un régimen totalitario mesiánico.

El filme comienza con Yulia saliendo de la cama de su amante, el muy casado y muy militante Ligonov, jefe de la sección del Partido Comunista local en el cual ella también milita. Comentan acerca de la candente situación, pero ambos están convencidos que el partido lo resolverá todo. Yulia, antes de dirigirse al trabajo, pasa por el pequeño mercado local a buscar algunos alimentos racionados que tras bambalinas le proporciona la administradora de la tienducha, escondidos de una pequeña horda que trata de alcanzar los limitados productos racionados.

Yulia llega a su apartamento, en el cual convive con su padre, un sarcástico septuagenario y su hija de dieciocho años. Aparte de la edad, las tres generaciones están separadas por un abismo ideológico. Yulia es una estalinista ya muy frustrada, mientras que Svietka, su hija, cree fervientemente en el “estado democrático” creado por Jruschov y ve a Stalin como un asesino con pocos méritos. Ambas son creyentes en las bondades del comunismo. El “abuelo”, fue un soldado cosaco opuesto a los bolcheviques, un hombre que en un momento dado expresa “lo que tiene que hacer Kennedy es tirarnos tres bombas atómicas y acabar con todo esto”. A pesar de las discrepancias, todos se quieren.

Comienzan las reuniones a los diferentes niveles del partido y Yulia es una de las que con más rigidez sugiere acabar la huelga por la fuerza. Luego Svietka, que trabaja en la fábrica y se sumó a la huelga, desaparece y en medio de todo esto, Yulia se decide a buscar a su hija por todas partes. En un momento dado recibe la ayuda inesperada (y un poco inexplicable), de un cruel y cínico agente de la KGB.

El guion, escrito por Konchalovski (junto con Elena Kiseleva, quien ha trabajado con él en sus últimas tres películas), se mueve con fluidez entre el drama político, donde presenta muy bien la tragicomedia de los dirigentes ocultando situaciones, censurando, temerosos de su destino debido al desastre, reprimiendo y finalmente culpando siempre al pueblo y a los dirigentes de más bajo nivel, con el aspecto humano de todos los personajes, algunos, como los principales, con sus tragedias inmediatas y sus tragedias históricas, y otros con las contradicciones que expresan al enfrentar la situación. Logra un extraordinario contrapunteo entre la historia y la Historia.

Konchalovski dirige Dear Comrades con mano maestra y saca lo mejor de los actores, del montaje escénico y de la fotografía. Las contradicciones afectivas y políticas son expresadas con naturalidad. Son expresiones de la mente cautiva que apuntaba Milosz, los cuales, a pesar de las evidencias en su contra, todavía siguen creyendo en el sistema, porque no saben creer en otra cosa. Sus argumentos los recalca al aprovechar que los sucesos ocurrieron en la zona del Don, famosa por su resistencia a los soviéticos y maquillada en obras como El Don apacible, que le valiera el Nobel de Literatura de 1965 a su autor, Mijail Sholojov (quizá en señal de apaciguamiento a los soviéticos por el anterior concedido en 1958 a Boris Pasternak). En un momento determinado el viejo le dice a Yulia: “Si Sholojov hubiera escrito la verdad hoy nadie supiera de su existencia”.

Director de teatro, guionista y cineasta, Andrei Konchalovski (Moscú, 1937), debutó como realizador con El primer maestro (1965) y fue muy bien recibido por la crítica y la censura soviética, pero su segundo filme Asya Klyachina’s Story (1967) fue censurado por las autoridades y no se exhibió hasta 1988, cuando se dijo que era su obra maestra. Dirigió El tío Vanya (1970) y después el muy bien acogido bodrio Siberiada (1979), tras lo cual emigró a Estados Unidos, donde dirigió excelentes filmes como Maria’s Lovers (1984) y Runaway Train

(1985). Regresó a Rusia en la década de los noventa y ha dirigido varias películas muy buenas como Paradise (2016) y Sin (2019). Como guionista también trabajó con Tarkovski en La infancia de Iván (1962) y Andrei Rublev (1966).

La actuación de Yulia Visotskaia (Paradise, Sin, Max) en el papel protagónico, es simplemente extraordinaria. Interpreta con gran sutileza, pero amplio alcance dramático, un personaje lleno de matices, que no se gana la simpatía de nadie, lleno de contradicciones y de gran complejidad histriónica, todo lo cual resuelve sin trucos, con economía de gestos y sin teatralidad. El otro actor, que en un rol más breve resulta importante para la trama es Sergei Erlish quien hace su debut cinematográfico. Todos los demás actores están perfectamente encajados en sus papeles.

Konchalovski dice que el filme está dedicado a la generación de su padre que sufrió el estalinismo en carne propia, la cual estaría representada por Yulia, gente que entre guerras y reyertas fueron engañados y vieron sus ilusiones destrozadas, y el alter ego del realizador sería Svietka. Todos han sido los gestos de una gesta que no llevó a ninguna parte.

Con la fotografía en blanco y negro, Andrei Naidenov logra un acercamiento íntimo a la trama y evita el aire documental.

Junto con Katyn (2007), la excelente cinta de Wajda sobre otra masacre soviética, Dear Comrades es una de las denuncias más fuertes de los horrores del totalitarismo soviético, lográndolo ambas con un gran rigor artístico.

Dear Comrades (Rusia, 2020). Dirección: Andrei Konchalovski. Guion: Andrei Konchalovski y Elena Kiseleva. Director de fotografía: Andrei Naidenov. Con: Yulia Visotskaia, Serguei Elish, Yulia Burova y Vladislav Komarov. De estreno en diferentes festivales. Puede verse hasta el 25 de octubre en la plataforma virtual del festival de cine de Chicago.


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