Actualizado: 21/06/2021 1:07
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Cine, Arte 7

Deconstruyendo un mito

Camionero es un filme elaborado bajo los más estrictos patrones de la narrativa tradicional

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El cortometraje de ficción es un género casi inaccesible al espectador común. Su distribución se ha reservado históricamente a presentaciones en festivales especializados, o para llenar espacios televisivos en horarios de baja audiencia, o cuando se necesita llenar un hueco entre la presentación de dos programas. Por otra parte es el género que más se ha beneficiado con las nuevas tecnologías que no solamente han abaratado y facilitado los medios de realización, sino que han permitido que se distribuyan de forma casi ilimitada e inmediata en el espacio virtual. Es un género que por lo general sirve de forja a los jóvenes cineastas en lo que esperan dar el salto al largometraje.

Es quizá por la primera condición citada que en el caso cubano el ojo del censor es quizá menos avizor y más descuidado, lo cual ha permitido la producción de algunos “pequeños” filmes en los cuales se han filtrado elementos críticos hacia la sociedad cubana de los últimos lustros. Estos descuidos han sido aprovechados por algunos directores tales como Arturo Infante (Utopía), Eduardo del Llano (Monte Rouge), Esteban García Insausti (Tres veces dos) y Laimir Fano Villaescusa (Oda a la piña), entre otros.

Camionero, el cortometraje de Sebastián Miló que acaparó numerosos premios en la reciente Oncena Muestra de Cine Joven, presentada en La Habana a principios de abril de este año, resulta, entre las muchas películas que “dicen cosas” contra el régimen, uno de los más frontales ataques contra una de las más sagradas instituciones del sistema educativo cubano, la “Escuela en el campo”. Santificada oficialmente en el cine con el documental de Jorge Fraga La nueva escuela (1974) que incluye el himno ceremonial de Silvio Rodríguez del mismo nombre. Esta “cuna de nueva raza” y “preludio del futuro”, como reza la mencionada canción, se erigió modélica como símbolo de la revolución educacional cubana y como ejemplo a seguir para el mundo de la enseñanza.

Hasta ahora, nadie se había atrevido a hacer el menor señalamiento a este gigante de pies de melaza. No por gusto se apresura Juan Antonio García Borrero a declarar en su blog La pupila insomne, que el exergo con el cual comienza el filme (Durante la década de 1970 comenzó en Cuba un régimen de enseñanza interna en el que los alumnos debían compartir sus jornadas entre el estudio y el trabajo agrícola), “encubre el sentido más inquietante de su propuesta”, que es el abuso escolar o como hoy en día se ha etiquetado en todo el mundo: el bullying escolar. También Joel del Río y Rafael Grillo, en sus espacios de Juventud Rebelde y El Caimán Barbudo respectivamente, tienden a concentrarse en este punto. No es que les falte razón, porque el filme también apunta en esa dirección, pero es que se esmeran en ocultar el otro filo de esta navaja. Los amanuenses corren a encubrir la pifia del censor.

Hay varias claves bastante obvias para interpretar la no muy velada crítica. Están los contrastes que el filme establece entre los elogios y acoladas oficiales que recibe el recinto por boca de las autoridades y los sucesos trágicos que se narran en él. La limpieza de los uniformes y el triunfalismo de los discursos con las relaciones sexuales entre los estudiantes y el personal docente del plantel. No puede olvidarse el hecho de escoger a Osvaldo Doimeadiós, un muy conocido comediante, para interpretar el papel del director de la escuela. Implícitas están las coberturas de las situaciones y el ver a las figuras de autoridad culpando siempre al más débil, a la víctima, mientras la sangre no llega al río.

Desde el punto de vista estrictamente cinematográfico, es un filme elaborado bajo los más estrictos patrones de la narrativa tradicional, muy cercano a la telenovela, sin complicaciones estilísticas. Pienso que eso mismo es lo que se proponía Miló con su segundo cortometraje, desarrollar de forma convencional y asequible una trama en la cual, aparte de deconstruir una fábula dinosáurica, se revelan varios aspectos de esa larga tradición del abuso escolar, muy a tono con otras propuestas realizadas hoy en día como el recientemente estrenado y muy difundido documental Bully (E.U.A. 2011) de Lee Hirsch.

La película se desarrolla con fluidez y, a pesar que asume tono de tragedia desde el primer plano, no es necesariamente predecible, sabemos que algo ominoso va a suceder pero no exactamente qué es o que va a suceder. Mantiene una eficiencia argumental y las actuaciones están bien (los tres actores principales fueron premiados en esta muestra), aunque por la naturaleza del propio género, no hay demasiadas exigencias dramáticas, y se apoya en una buena fotografía de Luis Najmias Jr. (La edad de la peseta, Tres veces dos, Afinidades). Los diálogos y situaciones proyectan autenticidad. Hacia el final, el guión se resuelve con un tremebundismo excesivo, que se regodea demasiado en la tragedia y que no responde a los antecedentes establecidos por la trama, lo cual lastra la obra desde el punto de vista artístico pero que no disminuye su alcance temático.

Narrada por un joven que teme y que reza, uno de los que habita “los lugares alzados a golpes de sangre y martillo”, como canta Silvio, un miembro de esa nueva raza, pero uno de los que solamente “se hicieron doler, doler”, Camionero, más allá de intenciones, encuentros y desencuentros, por el mito que asalta y deconstruye, merece un lugar especial en la cinematografía cubana.

Camionero (Cuba 2012). Guión y dirección: Sebastián Miló. Director de fotografía: Luis Najmías Jr. Con: Héctor Medina (Raidel), Antonio Alonso (Randy) y Reinier Díaz (Yerandy). Con las actuaciones especiales de Osvaldo Doimeadiós y Broselianda Hernández. Aprox. 28 minutos.

El filme estuvo colgado en YouTube y se pudo ver hasta hace poco en este sitio de la red, así como en muchos otros, pero aparentemente no puede ser visto ahora debido a una exigencia de copyrights de la productora.


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